El 'efecto rebote' de Álvar: del despido «traumático» a triunfar con sus funkos
Superó una depresión y los límites de la parálisis cerebral a golpe de impresora 3D. Desde entonces, este joven informático burgalés dirige su propia empresa (Candy Eventos) y encadena encargos por toda España

Álvar Alonso y Sheila, su pareja y gerente de la tienda Piruletas en Evolución.
A la calle, de un día para otro, justo antes de coger las vacaciones de Navidad. «Ni lo esperaba ni lo vi venir. Fue muy traumático e injusto». Diez años llevaba Álvar Alonso como informático en una entidad social cuando recibió semejante jarro de agua fría. Por si fuera poco, una lesión le obligó a guardar reposo y dejar el deporte a un lado. Sus dos «pilares externos al hogar» cayeron de repente, como un castillo de naipes, y la «depresión» se presentó sin avisar.
Demasiado tiempo libre para una persona siempre activa. Su entorno detectó las primeras señales de inmediato. «Álvar, no tienes la sonrisa de siempre; no eres el mismo», le decían. Y aunque era consciente de ello, este joven burgalés con parálisis cerebral no podía evitar «tratar mal» a sus seres queridos mientras la «rabia» y la «frustración» le atenazaban.
Fue en una de esas noches en las que tanto le costaba conciliar el sueño cuando tuvo un «arrebato». El mejor posible, sin duda, dadas las circunstancias. Compró una impresora 3D sin tener la más remota idea de cómo funcionaba y se puso en modo «autodidacta». A base de ensayo y error, empezó a diseñar diferentes objetos. Cuando se quiso dar cuenta, «la gente valoraba lo que hacía y me animó a plantearme muchas cosas».
Bendito 'efecto rebote'. Después de hablarlo detenidamente con Sheila, su pareja, decidió lanzarse a la piscina del emprendimiento. Casi un año buscando empleo sin éxito ya era demasiado tiempo y se dio de alta como autónomo el 25 de septiembre de 2025. Aprovechando su experiencia como Dj con discomóvil propia y su talento creativo con la impresora, puso en marcha Candyeventos. Un dulce y apasionante proyecto respaldado por Sheila, en calidad de aliada comercial, a través de su tienda Piruletas en Evolución.
«Con la discapacidad que tienes en la mano izquierda, ¿cómo puedes hacer estas obras?»
Cualquier tipo de celebración para toda clase de públicos. Esa es la principal premisa de la empresa, que enriquece su oferta con la elaboración de regalos personalizados. No en vano, la especialidad de la casa son los funkos, figuras de colección que habitualmente simulan a personajes famosos. En este caso, Álvar diseña cada muñeco en función de las peticiones del cliente; tanto en la ropa como en sus rasgos físicos.
El boca a boca y las redes hicieron el resto en cuestión de meses. A día de hoy, los Candy Pop de Álvar se comercializan por toda España, inclusive Canarias y Baleares. «El cliente me envía fotografías por WhatsApp y lo genero a su medida», detalla tras hacer hincapié en que «las cajas también son personalizadas, no hay una igual y cada producto es único». Tanto que no da por rematado un encargo hasta que pule cada detalle al milímetro. Es lo que tiene ser tan «cabezón» en el mejor de los sentidos.
Pudiera parecer, por lo que se cuenta hasta ahora, que la reinvención de este joven informático ha sido idílica. Nada más lejos de la realidad. «Al principio fue durísimo», confiesa, mientras se le quiebra la voz al recordar el apoyo incondicional de Sheila y de sus padres. Le salvaron de «caer incluso más» cuando estaba en su peor momento y no oculta su «devoción y admiración al cien por cien», ya que «sin ellos no sería quien soy».

Álvar junto a sus padres y Sheila, el «equipo perfecto».
Si hay que llorar, que sea de alegría. Y si se suda, al menos que merezca la pena. «No me gusta ponerme metas, pero tampoco límites», sentencia Álvar con el «corazón» y la «honestidad» como santo y seña de Candy Eventos. Trabajo no le falta y a veces afronta jornadas de hasta 15 horas. Pero sarna con gusto no pica, máxime cuando «he creado algo de lo que estoy orgulloso porque realmente cumplo los sueños de las personas».
De cara al futuro, a Álvar le encantaría generar «empleo inclusivo». Bastante tiene por ahora con sacarse las castañas del fuego, porque la vida de autónomo es de todo menos sencilla. Sin embargo, su innata capacidad para solventar obstáculos le anima a seguir adelante. Y si le flaquean las fuerzas en un momento dado, rememora las palabras de sus padres: «Con la discapacidad que tienes en la mano izquierda, ¿cómo puedes hacer estas obras?».
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Si algo tiene claro, hoy más que nunca, es que «debemos dar oportunidades a todos, tengan discapacidad o no, porque todos somos válidos para diferentes trabajos». De ahí su objetivo, a medio o largo plazo, de configurar un equipo amplio y diverso manteniendo intacta su estructura fundacional, conformada por el «equipo perfecto para organizar un gran evento».
Cuestión de tiempo que lo consiga, sin prisa pero sin pausa. Mientras tanto, Álvar afronta un verano repleto de eventos, gominolas y música. Y con bodas agendadas para 2027, así que la temporada se alargará más de lo debido. Lo mejor, en cualquier caso, es el «buen feedback» que recibe de su clientela. Todo un honor, como él mismo reconoce, que le confiesen que «lo que hago es impresionante».