Aumentan las estafas informáticas con la IA como «multiplicador definitivo»
Burgos registra una media de 11 denuncias diarias y las «campañas masivas» en verano arrojan «numerosas víctimas». La Guardia Civil advierte que «nos enfrentamos a auténticas estructuras corporativas transnacionales»
La CiberComandancia de la Guardia Civil se dedica a perseguir la delincuencia digital.
Era de esperar que la inteligencia artificial se convirtiese en una herramienta indispensable para los ciberdelincuentes. No para inventar nuevas estafas informáticas, al menos por ahora, pero sí para amplificar su difusión. Y constituye, sin lugar a dudas, un «multiplicador definitivo» que avanza a velocidad de crucero con una «perfección técnica sin precedentes».
«Ahora la IA generativa redacta correos y mensajes impecables, eliminando las faltas de ortografía o traducciones inconexas que antes servían de alerta al ciudadano», remarca el capitán Ángel Blanco, jefe de la Unidad de Policía Judicial y responsable de Comunicación de la CiberComandancia de la Guardia Civil, dando prácticamente por ‘enterrado’ el «phishing (suplantación de empresas o administraciones públicas) tradicional rudimentario». Al mismo tiempo, alerta del «auge de los deepfakes», donde «los delincuentes clonan webs oficiales, crean vídeos falsos de personajes públicos prometiendo inversiones o, de forma muy preocupante, utilizan la clonación de voz en llamadas telefónicas para simular emergencias familiares o suplantar a personal de entidades bancarias».
Con esta serie de elementos, los cibercriminales más curtidos recurren a la automatización. Con un ejército de bots fruto de la IA a su servicio, tienen capacidad de sobra para «interactuar y engañar a miles de víctimas simultáneamente en redes sociales y plataformas de mensajería» sin moverse de casa. Queda claro, por lo tanto, que las estafas informáticas «son cada vez más comunes y su evolución es exponencial».
Bien lo saben en la CiberComandancia, que el pasado 27 de julio registró la friolera de 332 denuncias en un solo día. No todas relacionas con delitos informáticos, que actualmente acaparan en torno al 55% del total. Dentro de este apartado, Blanco precisa que los ilícitos más comunes guardan relación con «el phishing bancario y de plataformas de venta, la suplantación de identidad corporativa, los fraudes en compraventa online, las estafas mediante aplicaciones de mensajería instantánea, las inversiones fraudulentas en criptoactivos y los fraudes sentimentales».
La provincia de Burgos no es, ni de lejos, ajena a este fenómeno. A raíz de la pandemia, la criminalidad ligada a las nuevas tecnologías se disparó hasta límites insospechados y desde entonces no ha dejado de crecer. Tan solo en el primer trimestre de este año, se interpusieron 986 denuncias. Una media de 11 al día y un 4,3% más respecto al mismo periodo en 2025. Y ojo, porque el 92% de los delitos estuvieron directamente relacionados con estafas.
Hay un caso reciente, quien sabe si con víctimas, que saltó a la palestra pública hace apenas unos días. Fue la propia alcaldesa de Burgos, Cristina Ayala, quien avisó de una venta fraudulenta de vehículos del depósito municipal que se anunciaba a través de las redes sociales. Después de comprobar con la Policía Local que se trataba de un timo en toda regla, tuvo constancia de que el propósito de tal acción era «engañar a ciudadanos bienintencionados para solicitar depósitos económicos o captar datos bancarios».
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No se puede obviar que la relajación en periodos estivales puede jugar una mala pasada. Tal y como indica el responsable de Comunicación de la CiberComandancia, el verano es una época propicia para el desarrollo de «campañas masivas» -generalmente de phishing- que generan «numerosas víctimas en pocos días». Y es que, aunque sea de manera inconsciente, «durante las vacaciones reducimos nuestro nivel de alerta ante las estafas, los ciberdelincuentes lo saben e intensifican su actividad».
Dado que los delincuentes operan de forma «masiva y repetitiva», el análisis de coincidencias constituye una «parte fundamental» del trabajo diario en la CiberComandancia. Resulta muy común, de hecho, el hallazgo de «nexos comunes». Por ejemplo, «el uso de una misma infraestructura tecnológica, los mismos canales de contacto o idénticas vías de financiación».
Esta detección de patrones compartidos es «clave» para los investigadores, dado que «nos permite conectar casos que aparentemente no tienen relación y perseguir estas actividades no como hechos aislados, sino como estructuras organizadas». En tal caso, la cooperación entre cuerpos y fuerzas de Seguridad de distintos países se antoja imprescindible para intentar localizar y desarticular estas redes. Y es que, como apunta Blanco, «en un mundo globalizado, para los delitos de ámbito económico ya no es necesaria una interactuación física, por lo que las víctimas y autores pueden encontrarse físicamente en cualquier parte del mundo e interactuar, consciente o inconscientemente, unos con otros en el ciberespacio».
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Desde luego, recibir una cantidad tan ingente de denuncias como la del pasado 27 de julio conlleva un «importante esfuerzo de gestión e intensificación del trabajo» para las unidades receptoras de la Guardia Civil. Sin embargo, «lejos de ser un obstáculo, este volumen de información es una oportunidad metodológica». Como si de un puzle se tratase, la centralización de datos permite que las piezas empiecen a encajar. De repente, se vislumbre el horizonte en un escenario «complejo», dada su extensión, que puede causar enormes quebraderos de cabeza a las unidades territoriales. Es entonces cuando aquello que «de forma aislada parece un hecho puntual, al integrarse en una base de datos común revela inmediatamente patrones, campañas masivas y estructuras delincuenciales que, de otro modo, serían muy difíciles de identificar».
Perfiles, errores y vergüenza
Casi nadie está salvo de caer en una ciberestafa. La Guardia Civil tramita diariamente denuncias procedentes de cualquier parte del país que afectan a ciudadanos tanto nacionales como extranjeros. No en vano, las personas mayores y los menores de edad son, por lo general, quienes más sufren este «aumento generalizado».
En el caso de la tercera edad, «los delincuentes explotan su falta de familiaridad con ciertas tecnologías mediante llamadas telefónicas engañosas». Blanco se refiere al denominado vishing, consistente en la suplantación bancaria. Con los jóvenes, en cambio, «el problema se traslada a las redes sociales y plataformas de juego online, donde sufren fraudes de falsos sorteos, compraventa de perfiles o, de manera más grave, extorsiones digitales».
Otro grupo especialmente vulnerable es el de las pequeñas empresas y los autónomos, víctimas de «un acoso cibernético sin precedentes». Algo que preocupa sobremanera en la CiberComandancia por «el impacto económico y el daño al tejido productivo». A este respecto, Blanco detalla que «los criminales saben que estas estructuras a menudo no cuentan con los departamentos de ciberseguridad de una gran multinacional». De ahí que recurran habitualmente a modalidades como «el fraude del CEO o la interceptación de facturas comerciales por correo electrónico» que «están causando auténticos rotos financieros a las pymes e incluso a administraciones locales».
«Nadie está libre de riesgo. Por eso, la seguridad digital ya no es una opción sino una necesidad para todos», enfatiza el responsable de Comunicación de la CiberComandancia mientras lamenta el «principal error» por parte de las víctimas, comprensible por la «lógica situación de nerviosismo y frustración», es «borrar las pruebas». Hay quienes lo hacen por «vergüenza o para pasar página rápido». Probablemente, sin ser conscientes de que «esos datos son los hilos de los que nuestros investigadores tienen que tirar».
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También existe una «cifra negra» de delitos que jamás se denuncian por pudor y miedo al qué dirán. Los sufren, fundamentalmente, «jóvenes y profesionales que sufren extorsiones de carácter sexual o estafas sentimentales». Al fin y al cabo, «el temor a que lo descubra su entorno familiar o laboral pesa más que el daño económico». Por otro lado, muchas personas de edad avanzada hacen exactamente lo mismo para evitar que «sus familias piensen que han perdido capacidades para gestionar sus finanzas o tecnología».
Ojo al dato, porque también se puede caer en el «fraude de recuperación». O lo que es lo mismo: «el error de confiar en segundas oportunidades». Parece mentira, pero «es muy habitual que el mismo estafador, u otro compinche, vuelva a contactar con la víctima haciéndose pasar por un falso abogado, un policía o un experto en informática que promete recuperar el dinero robado a cambio de una nueva tasa o pago».
Ingeniería social
La profesionalización delincuencial en el ámbito económico es tan elevada que «hoy en día, nos enfrentamos a auténticas estructuras corporativas transnacionales». Hasta el punto de operar con «el mismo organigrama, rigor y reparto de tareas que cualquier multinacional tecnológica legítima». Nada que ver con la imagen que se puede llegar a tener del típico 'lobo solitario' que se gana la vida pescando incautos desde su domicilio.
Blanco apunta además a que estas macro organizaciones poseen sus propios «departamentos de desarrollo técnico» donde programan el software malicioso». Mientras tanto, sus responsables de Recursos Humanos «reclutan a ‘mulas económicas’ para blanquear los fondos» mientras expertos en Marketing o Psicología «diseñan campañas de ingeniería social».