Eterno retorno. Las aulas vuelven a cobrar vida
Mochilas abarrotadas, reencuentros, nervios y caras de sueño protagonizan una vez más el inicio del curso en Infantil y Primaria. La primera jornada de esta nueva etapa, que los centros planifican desde finales de junio, transcurrió sin incidencias

Estudiantes del CEIP Fuentecillas acceden a las aulas.
Las ruedas de las mochilas resuenan de nuevo. Se convierten un año más en banda sonora universal del eterno retorno que encarna la tradicional vuelta al cole. Los rostros legañosos que enfilaban desde primera hora las puertas de los centros educativos de Infantil y Primaria de la provincia evocaban sin saberlo el concepto acuñado por el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, al que se entregarán sin remedio dentro de unos meses los estudiantes de segundo de Bachillerato.
Planteaba el pensador, entre otras muchas cosas y más complejas, la posibilidad de un tiempo circular en el que los acontecimientos se repitan de manera infinita. Miles lo lamentaban un tanto esta mañana, mientras colocaban los libros recién forrados en su macuto. Traquetea al deslizarse el de Vega Fuentes cuando recorre los 800 metros que separan su casa del CEIP Fuentecillas con una mezcla de ganas, nervios y sueño. En menos de 24 horas pasaba del relax vacacional a la rutina, de la playa al pupitre, y la intriga por saber quién tomaría los mandos de su clase de cuarto la despertó (a ella y a sus padres) en varias ocasiones. A las nueve en punto se disipaban las dudas y arrancaba una nueva etapa que afronta "contenta", porque lo hace rodeada de sus amigas. El reencuentro con ellas era, de hecho, la mayor motivación de la jornada.
Acumula ya unos cuantos comienzos la directora del mencionado colegio, Esther Alonso. Lleva al mando desde el estreno de estas instalaciones, allá por 2012. Lidera el equipo de 34 profesionales responsables de formar a los 380 alumnos que inundaban hoy las aulas con "entusiasmo". Así definía, de hecho, el sentir general del primer día, tras superarlo sin incidencias. No es casualidad.
La normalidad aflora tras "semanas de planificación". "Desde que acaba el curso anterior, los equipos directivos ya trabajamos en ello", explica Alonso, para concretar que esta "tarea ingente, porque cada vez son más las responsabilidades que tenemos que asumir", comprende desde la organización de las clases y los horarios y la coordinación con el profesorado hasta la puesta en marcha y supervisión de servicios complementarios muy demandados como madrugadores, continuadores y comedor (del que en Burgos disfrutan 8.000 estudiantes). Todo para facilitar el regreso a una rutina que, para los adultos implicados, "no cuesta demasiado si detrás hay un trabajo gratificante y vocacional", como es su caso.

El traqueteo de las ruedas de las mochilas resuena como banda sonora de la vuelta al cole.
Tras la toma de contacto, el gran desafío, compartido por los gestores de los 98 centros públicos y concertados que ofertan plazas de Infantil y Primaria en la provincia, es que esa normalidad alcance a todos. La creciente diversidad del alumnado obliga a buscar respuestas distintas y, en el caso de Fuentecillas, la convivencia destaca entre las prioridades. El colegio dirigido por Esther Alonso mantendrá, en este sentido, la aplicación de prácticas restaurativas para la resolución de conflictos. Tiene entre manos, además, otros proyectos de interés como Escuelas Europeas libres de plástico y EU-SIDE, centrado en el desarrollo de valores democráticos de la Unión Europea.
Más allá del éxito de estas iniciativas, incluso de las calificaciones de junio, la docente expresa el deseo de que se valore también «el bienestar emocional, la autonomía y creatividad» de los alumnos al término del curso que acaba de arrancar. He ahí el indicador definitivo del trabajo hecho, opina, preparada para, en los próximos meses, "mejorar los aprendizajes, favorecer la inclusión, fortalecer la relación con las familias y acompañar al profesorado". Ambicioso eterno retorno, parece.
Sobre ruedas, aunque figuradas, transcurría la primera vez de Samuel López Sanz. Estrenaba, a sus casi tres años, el bucle que protagonizará su existencia, como poco, hasta los 16, y probablemente alguno más si se anima con la formación no obligatoria. Y lo hacía como si nada, con la sonrisa puesta. Apenas un amago de salirse de la fila a primera hora, en la puerta del CEIP Jueces de Castilla, y listo: adaptación completada.
"Ni una lágrima", resumía Lourdes, madre de la criatura, una vez culminado el proceso y aliviada por el éxito que entraña "no haber recibido ninguna llamada en toda la mañana". En los próximos días tocará llevar los libros, pocos, "solo unos cuadernillos de matemáticas", que aún aguardan su turno en casa.
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Se libraba así este pequeño, de momento, de cargar con el peso literal del saber que sí abarrotaba las mochilas de los más mayores del lugar tras, paradójicamente, adelgazar de forma sustancial las carteras de sus familias. Y es que esta vuelta al cole ha supuesto, de media, un desembolso superior a los 500 euros por alumno, casi un 23% más que el año pasado, según las estadísticas más amables. Alberto, padre de tres, considera "exagerada" esta carga económica que en su casa mitigan con la compra de materiales de segunda mano, la donación forzosa entre hermanos y el programa Releo de la Consejería de Educación, del que este curso se benefician 9.175 alumnos en la provincia de Burgos y hasta 75.817 familias en el conjunto de Castilla y León.
Ni lo sabe ni le importa a Unai Pascual, el pequeño de su prole, que lo acompaña con buen ánimo. Caminan hacia el CEIP Padre Manjón, en otra latitud urbana, pero a idéntica hora y con destino paralelo al de Vega y Samuel. Por primera vez, el regreso no suponía un drama. Cosas de la edad, cabe suponer, que bien puede aligerar el ritmo de esas ruedas que no cesan de avanzar. Él las ha heredado, explica encantado, para relatar que, de nuevo, el aliciente del día será conocer a la que será su profe los dos próximos cursos y saber con qué compañeros compartirá tercero de Primaria. "Ojalá me toque con Nuño", desea en voz alta (y acierta). Eso al menos atisba por una rendija Alberto, que a duras penas alcanza a ver el patio y la disposición de las filas, dada la marabunta de familiares tan emocionados o más con el acontecimiento. Como cada año.