Lorena, la exmujer del hombre que mató a su suegro en Aranda, aún teme por su vida: «Venía a por mí y lo tiene pendiente»

Un mes antes del crimen, el acusado profirió amenazas del tipo «todavía tienes que ver al Javi malo una última vez». Una vecina de la pareja asegura que el día del crimen él estaba «como siempre»

Javier Lázaro Hernando, a la izquierda, en la segunda sesión del juicio por el asesinato de su suegro.D. S. M.

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Burgos

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Cuando Lorena decidió romper definitivamente su relación con Javier Lázaro Hernando tras darle un «ultimátum» para que acudiese a un centro de rehabilitación para desengancharse de la cocaína, empezó a temer por su integridad física. Lo que jamás hubiese imaginado es que el 3 de octubre de 2024 su exmarido asestaría 12 puñaladas a su padre, Valentín López Saiz, en Aranda de Duero. 

Durante más de una hora, Lorena relató este miércoles en la Audiencia Provincial de Burgos cómo fue su noviazgo y posterior matrimonio con el acusado, quien se enfrenta a más de 30 años de prisión por asesinato, allanamiento de morada, maltrato y atentado contra la autoridad. Al margen de este testimonio, en la segunda sesión del juicio, se mostró convencida de que Lázaro Hernando «venía a por mí» y que aún «lo tiene pendiente». 

Visiblemente nerviosa e incapaz de contener el llanto al recordar la pérdida de su padre, la mujer reconoció temer por su vida al señalar que «esto no ha terminado». Biombo mediante para no ver a su exmarido, declaró haber sido víctima de diversas amenazas a lo largo del mes de septiembre. «Todavía tienes que ver al Javi malo una última vez» o «voy a hacer algo que os vais a acordar de mí» fueron algunas de las frases que, según Lorena, el encausado llegó a proferir. 

Antes de ofrecer su testimonio sobre lo ocurrido el día de autos, la exesposa del acusado afirmó que ya durante su noviazgo, cuando ella tenía 17 años, vivió episodios de «maltrato» que no fue capaz de asimilar en su momento. A los dos meses de empezar a salir, por ejemplo, Lázaro Hernando ya amenazó con «pegarse un tiro» con una escopeta de caza por un episodio de celos. De ahí en adelante, «tenía necesidad de saber qué hacía en cada momento» hasta que hace cinco años empezó a mostrar una actitud «pasota» que la mujer achacó inicialmente a un cuadro de «depresión». 

Nunca imaginó Lorena que su marido consumía cocaína hasta que allá por 2023 saltaron las alarmas. Preocupada por el goteo nasal y los constantes dolores de cabeza de su esposo, logró que fuese al médico y se confirmó que tenía el tabique nasal perforado. Él lo negó de entrada y eso derivó en una «bronca monumental», pero ella acabó encontrando restos de cocaína en el domicilio conyugal. A raíz de este «batacazo», Lázaro Hernando se comprometió a «dejarlo». 

A preguntas de las partes, la hija de la víctima rechazó la hipótesis planteada por la defensa de una posible enajenación mental el día del crimen. De hecho, rememoró lo ocurrido a finales de julio, cuando el encausado sufrió un brote psicótico. En aquel momento, tenía los «ojos desorbitados», iba «medio desnudo por la calle dando voces», decía «cosas incongruentes» y «no se le entendía al hablar». «Nada que ver» con el 3 de octubre, pues «sabía lo que hacía» y «hablaba coherentemente». 

Lorena cree, y así lo manifestó en sede judicial, que su ex «adaptó el plan que tenía para hacerlo de otra manera». Después de que ella le facilitase una tarjeta SIM a través de un ventanuco con unas pinzas, Lázaro Hernando se encontró con su suegro y ambos se dirigieron hacia su domicilio, en la calle Benjamín Palencia. Al cabo de un rato, el acusado accedió a la vivienda de la familia López con las llaves de Valentín y arrebató el móvil a su exmujer -para eliminar pruebas de sus amenazas, a juicio de la Fiscalía y la acusación particular- a base de «empujones y codazos», llegando incluso a lanzarle un vaso. En ese forcejeo, la mujer logró arrebatar el cuchillo que él portaba bajo la manga. No le cabe duda, además, de que huyó apresuradamente porque ya intuía que su suegra había llamado a la Policía. 

«Aterrorizada», Lorena llamó a la Policía. No se atrevía a ir sola a Comisaría. Pasadas las 8 de la tarde, la familia empezó a temerse lo peor al ver que Valentín no regresaba. Finalmente, su hija comunicó a los agentes que tal vez podía estar en el piso de Benjamín Palencia. Hasta allí se desplazó con tres agentes y, en cuanto dos de ellos abrieron la puerta, pudo ver la «manga de la chaqueta» de su padre y un «charco de sangre». 

«Cuando entré en casa, mi madre me lo vio en la cara». Mientras Lorena intentaba contener el llanto en sede judicial, el autor del apuñalamiento mortal a su padre permanecía con los ojos cerrados, como en trance. Acto seguido, la mujer lamentaría que su hija, de 11 años por aquel entonces, «se enteró de todo en tiempo real». 

«No te olvides de que sigo aquí»

A principios de 2025, los hermanos de Lorena recibieron una carta de Lázaro Hernando en el domicilio familiar aunque este era «perfectamente conocedor» de que no residían en Aranda. Inmediatamente, se generó un «clima de tensión» y todos dieron por hecho que había quebrantado la prohibición de comunicarse con su exesposa por orden judicial. 

Al margen de las disculpas por parte del acusado, a la hija de Valentín le chirriaron frases del estilo «todo ha sido debido al consumo abusivo de estupefacientes». Duda, por lo tanto, que su exmarido escribiese dicha misiva. Lo que sí tiene claro es que pretendía lanzar un mensaje de advertencia -«ojito, no te olvides de que sigo aquí»- y optó por denunciar al temer que se pudiera «repetir más veces». 

«Mi hijo es un monstruo»

La versión de Lázaro Hernando, amplificada por su defensa, se sustenta en un nuevo brote que le impide acordarse de lo sucedido hasta el «calambrazo» de una pistola táser tras ser localizado el 4 de octubre por la Policía Nacional en Carabias (Segovia). Sin embargo, todos los testimonios apuntan en la dirección contraria. Entre ellos, el de una vecina de la pareja que coincidió con el encausado el día de autos hasta en dos ocasiones. 

De acuerdo al relato de esta mujer, amiga de ambos, se encontró con Lázaro Hernando a las 8:45 y a las 17:15 horas. Le vio «como siempre, normal». En la misma línea, otra vecina que se cruzó con él no apreció nada sospechoso salvo «una herida en la nariz con sangre». 

Ya en el tanatorio, tras el asesinato de Valentín, esta amiga del matrimonio escuchó al padre del acusado lo siguiente: «Esto ya lo sabía yo. Mi hijo es un monstruo». 

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Más allá de los testimonios sobre lo acontecido aquel aciago 3 de octubre de 2024, Lorena aprovechó su declaración para subrayar que la tesis del brote psicótico le parece «faltar a la memoria» de su padre. Un hombre que, como ya expusieron el martes sus hermanos, «era el pilar de todos en todos los sentidos».