La Policía refuta la tesis del brote psicótico: «Estaba bastante tranquilo»
Los agentes que detuvieron a Javier Lázaro Hernando destacan su «destreza» al volante cuando trataba de huir de Carabias (Segovia)

Javier Lázaro Hernando, tras su detención en Carabias (Segovia).
Recién iniciada la investigación por el asesinato de Valentín López Saiz en Aranda de Duero el 3 de octubre de 2024, la Policía Nacional ya sospechaba que el presunto autor de los hechos, Javier Lázaro Hernando, se había desplazado hasta el pueblo de su madre. Efectivamente, al día siguiente fue localizado en Carabias (Segovia). A bordo del Opel Astra que había sustraído de la empresa en la que trabajaba después de cometer el crimen.
Tres vehículos de incógnito se desplazaron hasta la localidad segoviana. Cuando una de estas dotaciones divisó al sospechoso, este se percató inmediatamente de que eran policías y aceleró «de forma brusca». De no ser porque se apartaron de su trayecto, les hubiese embestido.
A partir de ahí comenzó una persecución que culminó en una carretera forestal repleta de piedras y baches. Según declaró este miércoles el agente que le arrestó tras dispararle con una pistola Táser, Lázaro Hernando demostró «mucha destreza» al volante en una vía «extremadamente difícil» para circular a gran velocidad. Una afirmación que, posteriormente, confirmarían los compañeros que participaron en el operativo. Todos ellos refutaron, por lo tanto, la tesis de su defensa de que sufrió un brote psicótico que le impedía ser consciente de sus actos.
En un momento dado, otro vehículo policial se cruzó con el autor del crimen. Aunque la vía era demasiado estrecha, «no hizo intención de parar» e incluso «aceleró» hasta colisionar lateralmente. Tal y como precisó uno de los agentes afectados por el impacto, después de su arresto se mostró «bastante tranquilo» y «cuerdo físicamente». Sin mediar apenas palabra, «obedecía órdenes» y se limitó a pedir un cigarro una vez esposado.
La agente que viajaba en el coche policial siniestrado, con lesiones cervicales de las que todavía se está recuperando, corroboró además que Lázaro Hernando les aseguró que «era yo o vosotros». Aparte de remarcar lo «tranquilo» que estaba tras su arresto, también consideró que parecía «un poco ausente» y con la «mirada perdida».
Con dos policías heridos a raíz de la embestida y el coche en el que viajaba el sospechoso estampado contra un árbol, la búsqueda se extendió a una zona boscosa repleta de zarzas. Fue un «momento de muchísima tensión», en palabras del agente que le inmovilizó, porque «era como buscar una aguja en un pajar».
«Dispárame, mátame»
Finalmente, Lázaro Hernando fue localizado detrás de una zarza. Pese a recibir el alto, empezó a alejarse mientras manipulaba algo en su mochila. En base a ello, el agente le disparó con la Táser dos veces. A la segunda, antes de caer, el fugado gritó: «Dispárame, dispárame, mátame».
Minutos después, la Policía constató que el autor del crimen pretendía ingerir de golpe una gran cantidad medicamentos que portaba en su mochila. Después, en la ambulancia, confesó estar «enganchado» a la cocaína aunque no se encontraron restos de droga ni entre sus pertenencias ni en el coche de empresa con el que intentó escapar.
Todo apunta, según fuentes policiales, a que Lázaro Hernando viajó hasta Carabias el día del crimen. En vez que alojarse en la vivienda familiar, temeroso de que pudieran localizarse, optó por pasar la noche en el monte. No en vano, regresó al día siguiente para coger víveres. Fue entonces, precisamente, cuando dieron con su paradero y se inició la persecución.