«Maravillas geológicas» por doquier
Quince puestos llenan hasta el domingo el Monasterio de San Juan de minerales y fósiles del mundo en una feria que invita a descubrir también los tesoros ocultos bajo tierra en la provincia

15 expositores conforman la segunda edición de la Feria y Exposición de Minerales y Fósiles de Burgos.
Colores vivos y formas peculiares atraparon a Julio García de niño. Y ahí sigue. Han pasado más de dos décadas desde aquel flechazo en el singular mercadillo que los domingos acampaba en la plaza de España (ahora lo hace en el Empecinado). Entre aquella mezcolanza de productos de segunda mano y de colección, los minerales y fósiles cautivaron a García, devoto desde entonces de ese fascinante mundo cocinado a fuego lento en las entrañas de la tierra.
A sus 25 años, está empeñado en contagiar su pasión y reivindicar las «maravillas geológicas» que «suelen pasar desapercibidas bajo nuestros pies». Con tal fin nació el año pasado la Feria y Exposición de Minerales y Fósiles de Burgos, que en su segunda edición reúne en el Monasterio de San Juan quince puestos que, en suma, invitan a descubrir un universo insólito de esplendor que, de paso, convierte cada vitrina en una ventana a la historia de la Tierra.
La primera sorpresa aguarda nada más entrar al recinto. La réplica a escala 1:1 de una mandíbula de megalodón (realizada a partir de dientes originales encontrados en Carolina del Sur) abre la puerta al recorrido por las sorprendentes piezas que pueblan el claustro del edificio.
García recomienda detenerse ante este ejemplar, cuyo tamaño (2,20 metros de altura y 1,7 de ancho) impresiona a primera vista, antes de continuar, con la boca abierta, el paseo por minerales, rocas y fósiles procedentes de distintos rincones del mundo. Y es que, según presume el promotor de la iniciativa, la variedad es seña de identidad de un evento que no se conforma y busca tanto atraer a los coleccionistas más experimentados como despertar la curiosidad de quienes todavía no han descubierto el atractivo de estas piezas.
Los expositores han llegado desde diferentes puntos de la geografía española, con representación de lugares como Almería, Galicia, Asturias, Madrid o la vecina La Rioja. Desde allí llega Juan Félix Silva. En consonancia con el espíritu de la feria, su puesto combina minerales para expertos aficionados con otras propuestas dirigidas al público general, como la bisutería y los artículos pensados para los más pequeños. Entre sus piezas destaca un yeso de Naica, localidad mexicana conocida por la célebre Cueva de los Cristales.
En su caso concreto, igual que en el de García, la relación con los minerales viene de lejos. Silva procede de una familia vinculada a la minería y él ha mantenido ese vínculo con las piedras a lo largo de su vida. Además, trabaja como lapidario y artesano, faceta que le permite tallar minerales y dar forma a piezas elaboradas. Citas como la que le trae a Burgos son para él «un escaparate de excepción, no solo para los ejemplares que suscitan el interés de los coleccionistas, sino también para el conocimiento y el trabajo que hay detrás de ellos», que reivindica.
La propuesta de este año reserva también un espacio destacado para la geología burgalesa. El grupo espeleológico Edelweiss acompaña la feria con una exposición fotográfica dedicada al mundo subterráneo de la provincia, con imágenes tomadas en cuevas de Espinosa de los Monteros. «Estas instantáneas muestran una realidad poco conocida para buena parte de la población, la de los paisajes que se ocultan bajo la superficie y cuya exploración exige técnicas y conocimientos específicos. La fotografía espeleológica entraña una dificultad añadida por la ausencia de luz», explica García, entusiasta, para animar a los burgaleses a detenerse ante estas imágenes, que permiten asomarse a lugares de difícil acceso y descubrir otra dimensión del territorio. La exposición pone el foco en el patrimonio kárstico y en las formaciones subterráneas como tesoros naturales.
Acercar esa riqueza al público es una de las principales aspiraciones del joven promotor, tanto a partir de los ejemplares llegados de otros países como del propio patrimonio geológico.
García espera aumentar la asistencia respecto a la primera edición, que resultó todo un éxito al congregar a aproximadamente 4.000 personas entre viernes y sábado. No será sencillo, reconoce, pero sí posible porque pasa de las dos jornadas del año pasado a sumar la mañana del domingo. Más tiempo, en definitiva, para maravillarse con los caprichos de la geología y aprender a «mirar el suelo con otros ojos».

Una réplica a tamaño real de una mandíbula de megalodón recibe al visitante en el Monasterio de San Juan.
«Maravillas geológicas» por doquier

Cada puesto destaca sus piezas más relevantes para captar la atención de los coleccionistas.
«Maravillas geológicas» por doquier

El uso de minerales en complementos también tiene su público fiel.
«Maravillas geológicas» por doquier

Los fósiles llaman la atención, y sus precios también, sobre todo a los profanos en la materia.
«Maravillas geológicas» por doquier

Incluso antes de la inauguración oficial de la feria ya había decenas de visitantes echando un vistazo al material.
«Maravillas geológicas» por doquier

Dos hombres comentan las características de varios fósiles.
«Maravillas geológicas» por doquier

La cita aprovecha además para dar a conocer la riqueza de la provincia.
«Maravillas geológicas» por doquier

No faltan las piezas dirigidas a ampliar colecciones caseras de los más pequeños.
«Maravillas geológicas» por doquier

La feria reúne piezas y creaciones para todos los gustos y bolsillos.