Antonio López, de las polémicas puertas de la Catedral de Burgos a las listas de Frente Amplio
El artista se incorpora a la candidatura al Congreso por Madrid de la coalición de extrema izquierda. En Burgos, su proyecto de 1,25 millones de euros provocó una larga controversia que el escultor siempre se mostró poco dispuesto a discutir.
Antonio López posa frente a las polémicas puertas de la Catedral de Burgos.
Antonio López, el pintor y escultor que durante seis años trabajó en unas puertas de bronce para la Catedral de Burgos que siguen sin instalarse en su emplazamiento original, ha decidido dar un nuevo paso en su vinculación pública con la política y a sus 90 años, ocupará el penúltimo puesto de la candidatura de Frente Amplio al Congreso de los Diputados por Madrid, una incorporación simbólica con la que la coalición de extrema izquierda pretende reforzar su relación con el mundo de la cultura.
La noticia devuelve a la actualidad burgalesa a uno de los protagonistas de la mayor controversia artística que ha vivido la Catedral en los últimos años, desde que López aceptó en 2019 el encargo del Cabildo de sustituir las puertas de madera de la fachada de Santa María por tres grandes esculturas de bronce, una intervención que provocó el rechazo de especialistas en patrimonio, instituciones culturales y miles de ciudadanos. Esa oposición no consiguió detener su trabajo, que finalmente se entregó y se expuso al público, pero su contemplación en vivo y en directo avivó la polémica y tampoco sirvió para que las piezas ocuparan el lugar para el que habían sido concebidas.
Frente Amplio presenta ahora al artista como una de las figuras «más universales del realismo contemporáneo» y un «creador de imágenes icónicas» que forman parte de la identidad de Madrid. La coalición asegura que su incorporación responde a la voluntad de reivindicar la importancia de defender la «libertad artística y la inversión cultural en las instituciones», una declaración que resuena en Burgos, donde el proyecto de López enfrentó durante años a los promotores de las puertas con sus detractores y quienes consideran que su instalación supondría una alteración injustificada de un monumento declarado Patrimonio de la Humanidad.
La candidatura de extrema izquierda ha recibido al escultor con satisfacción y desde su dirección de campaña se considera un «orgullo absoluto» contar con su participación y la presentan como una muestra del «espacio transversal» que la coalición pretende representar. Su presencia en la papeleta será testimonial, aunque tampoco constituye su primera incursión electoral, puesto que anteriormente había prestado su nombre a la candidatura de Recortes Cero en unas elecciones europeas.
Seis años de polémica
La relación de Antonio López con la Catedral de Burgos comenzó con los preparativos del VIII Centenario de la colocación de la primera piedra del templo, celebrado en 2021. El Cabildo encargó al artista unas nuevas puertas para la portada de Santa María, donde permanecían los accesos de madera instalados a finales del siglo XVIII. La intención era inaugurar la intervención coincidiendo con aquella conmemoración, pero el proyecto terminó convertido en una controversia que desbordó ampliamente el ámbito artístico.
Las tres puertas, dedicadas a la Creación, la Anunciación y la Encarnación, incorporan grandes figuras humanas y elementos de la naturaleza característicos del universo creativo de López. En ellas aparecen Dios Padre, Adán y Eva, la Virgen y Jesús niño, junto a flores, árboles y animales. El escultor explicó que pretendía reunir «lo humano y cotidiano y lo sobrenatural» en una obra religiosa realizada desde su particular interpretación del realismo.
La intervención planteaba, sin embargo, una cuestión que iba más allá de la calidad de las esculturas. Sus detractores discutían que la fachada principal de una catedral gótica protegida pudiera modificarse para incorporar unas piezas contemporáneas de semejantes dimensiones, concebidas por un artista cuya trayectoria y prestigio no estaban en discusión. El problema, sostenían, era la alteración del conjunto monumental y la conveniencia de sustituir unas puertas históricas por otras que cambiarían de manera sustancial la imagen del acceso principal.
La oposición fue creciendo conforme se conocían los detalles del proyecto. Historiadores del arte, arquitectos y especialistas en conservación del patrimonio cuestionaron la intervención, mientras que una campaña impulsada por el fallecido pintor burgalés Juan Vallejo reunió más de 78.000 firmas contrarias a la sustitución. La plataforma Puertas No mantuvo también una actividad continuada para impedir que las esculturas acabaran instaladas en la fachada.
A las protestas ciudadanas se añadieron las objeciones de instituciones especializadas, entre ellas la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, y los pronunciamientos de organismos relacionados con la protección del patrimonio mundial. Icomos, entidad asesora de la Unesco, se mostró contrario al proyecto y recordó que el organismo internacional había recomendado al Estado español abandonar la intervención. La controversia alcanzó así una dimensión que trascendía Burgos y afectaba a la conservación de uno de los monumentos españoles inscritos en la lista del Patrimonio Mundial.
El Cabildo mantuvo su defensa del encargo, en la convicción de que la Catedral era el resultado de ocho siglos de aportaciones artísticas y que las puertas de López podían enriquecer ese patrimonio. Frente a quienes consideraban que las esculturas alterarían la fachada, los promotores reivindicaban la posibilidad de incorporar arte contemporáneo a un edificio histórico sin renunciar a su valor monumental.
Las posiciones permanecieron enfrentadas durante años y el artista continuó trabajando en su taller, pese a que las objeciones patrimoniales habían dejado en el aire el destino definitivo de las piezas. La obra terminó costando 1,25 millones de euros y necesitó seis años para completarse, muy lejos de la fecha inicialmente prevista para su inauguración.
Las críticas que López no quiso discutir
Antonio López mantuvo durante ese tiempo una relación distante con la controversia y, aunque defendió su trabajo y explicó las características artísticas de las puertas, evitó entrar a discutir las objeciones de quienes rechazaban su instalación en la fachada. Su posición consistió principalmente en continuar con el encargo y dejar en manos de sus promotores la decisión sobre el destino de las esculturas.
En junio de 2021, cuando la polémica ya había alcanzado una considerable repercusión, llegó a admitir que quienes se oponían al proyecto «a lo mejor tienen razón». Sin embargo, aquella concesión no modificó su intención de seguir trabajando hasta terminar las piezas. El artista defendía que en el terreno artístico no siempre era posible demostrar quién tenía razón y que su obligación consistía en realizar la mejor obra de la que fuera capaz.
Burgos
Antonio López defiende que las nuevas puertas de bronce "se verán mejor en la fachada de la Catedral de Burgos que en su museo"
El Correo de Burgos | El Mundo
Con la llegada de las puertas a Burgos, a finales de noviembre de 2025 el escultor acudió a la inauguración en el Museo de la Catedral ante la imposibilidad de colocarlas en la portada principal, y volvió a restar importancia a la controversia.
Preguntado por las críticas, aseguró que le «da igual» y manifestó que no pensaba en el destino futuro de las esculturas. «Todos los sitios son ideales y buenos, si la obra es buena y si no lo es, también», respondió a los periodistas, antes de dar prácticamente por concluida su relación con el encargo. «Ahí se quedan las puertas y yo vuelvo a Madrid a continuar mi trabajo», añadió entre risas aunque, posteriormente, sostuvo que las nuevas puertas «se verán mejor en la fachada de la Catedral de Burgos que en su museo», porque habían sido concebidas para contemplarse «desde la calle».
La inauguración de noviembre de 2025 permitió contemplar por primera vez las tres puertas esculpidas ya terminadas, aunque no en el lugar para el que habían sido encargadas. Cada hoja alcanza los seis metros de altura y pesa alrededor de dos toneladas, unas proporciones que explican parte de la discusión sobre su posible integración en la fachada.