Una de cada cuatro inhumaciones del cementerio de San José ya es de cenizas
Desde enero hasta septiembre se han producido 838 inhumaciones en el camposanto burgalés, un 3,5% menos que en 2025 / Del total, 216 son inhumaciones de cenizas y el resto, 621, son enterramientos de cuerpos

Sefa Tur, responsable de Coquelicot, prepara arreglos florales.
Las visitas al cementerio de San José para llevar flores, realizar una oración o tener un recuerdo especial de los seres queridos serán las protagonistas de estos días. En este 2026, hasta el mes de septiembre, las inhumaciones en el camposanto burgalés se han reducido en un 3,5% respecto al año pasado. Se sitúan en las 838 cuando el año pasado se registraron, hasta septiembre, 869 inhumaciones tanto de enterramientos de cuerpos como de cenizas.
La cifra, eso sí, se incrementa respecto al 2024, cuando en los primeros nueve meses del año no se habían alcanzado las 800 inhumaciones. Lejos quedan las 865 de 2023 y los 878 de 2022.
En este uso del cementerio de San José destaca que la inhumación de cenizas tuvo un importante crecimiento durante el 2024 y el 2025. En este sentido, en los primeros nueve meses de 2026, se registraron 216 inhumaciones de cenizas, lo que supone el 25% del total realizado. Por el momento y en lo que va de año, la cifra de inhumaciones de cenizas es un 18% más baja que el año anterior, en el que se registraron 264, pero a falta de tres meses para que finalice el 2026.
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La cifra de inhumaciones de cenizas en 2024 fue especialmente alta y es que en ese año se produjeron 280. En dos años esta práctica aumentó en un 6%, ya que en 2023 se registraron 177 depósitos de cenizas en el cementerio municipal. Lejos están los números de la pandemia del COVID-19 cuando la incineración se disparó por cuestiones sanitarias.
Por tipos y en cifras totales, de las 838 inhumaciones que se han llevado a cabo a lo largo del 2026, 621 correspondieron a enterramiento de cadáveres y 216 a cenizas. Atendiendo a los meses del año, marzo y abril fueron los de mayor actividad con 107 y 108 inhumaciones, una media de tres diarias.
El espacio
El cementerio de San José fue inaugurado en 1907 para sustituir al antiguo camposanto y sus orígenes recogen restos del cementerio anterior, abierto en 1834 en las laderas del Castillo. Ahora, más de 120 años después el espacio ha cambiado y crecido con la ciudad y con sus necesidades.
Precisamente el pasado mes de junio el Ayuntamiento de Burgos daba luz verde al proyecto técnico diseñado para solucionar de manera definitiva los problemas de drenaje que sufre el camposanto burgalés. Así lo confirmaba el concejal de Sanidad, Carlos Niño.
Sin embargo y pese a tener el plan listo, el inicio de las obras «está supeditado a la disponibilidad presupuestaria del Consistorio» y para su desarrollo «será necesario desbloquear fondos ya sea mediante el uso de remanentes o con la aprobación de la prevista modificación de crédito».
El siguiente paso será la construcción de un nuevo columbario. El área de Medio Ambiente está diseñando la creación de este espacio que el equipo de Gobierno ve muy necesario. La idea es dejar lista la redacción técnica en los próximos meses, complementándola con varias intervenciones de mantenimiento y mejora en los patios actuales.
Reglamento
Por otra parte, el pasado mes de junio, el equipo de Gobierno también iniciaba la fase de negociación con los grupos políticos para aprobar el nuevo borrador del Reglamento del Cementerio de San José. Esta normativa «busca modernizar y simplificar los trámites administrativos del servicio, revisando además los plazos de enterramiento, los traslados de restos, las causas de caducidad y eliminar los títulos por concesión», señaló el edil.
Entre las principales novedades destacan la introducción de tres niveles de clasificación sanitaria para los cadáveres en función del riesgo epidemiológico, así como la incorporación de un anexo técnico que regulará de forma estricta las características constructivas y ornamentales de las sepulturas para asegurar una estética homogénea en cada patio.
Asimismo, el texto apuesta por la inclusión al contemplar mejoras en los entierros de caridad y recoger las demandas específicas de las organizaciones musulmanas de la ciudad.