Del laboratorio a las redes. Así es como este investigador de Burgos divulga ciencia con 'El electrón perdido'
Martín Pérez es doctor en Química Aplicada y desarrolla su labor investigadora en la UBU. En sus redes conquista a miles de seguidores haciendo la ciencia accesible al público general. Su objetivo a medio plazo es profesionalizarse en la divulgación
Martín Pérez es @el_electron_perdido en redes, donde divulga sobre ciencia.
De pequeño, Martín Pérez Estébanez dudaba entre ser astronauta o pastelero, pero en ese amplio abanico de sueños infantiles ya latía una «intensa curiosidad por comprender cómo funciona todo». Hoy, este químico, investigador y doctor en Química Analítica desarrolla su labor en Universidad de Burgos (UBU). «La química es un área inmensa y es muy bonita, por eso empecé a hacer divulgación», recuerda sobre sus inicios, al tiempo que asegura que «la ciencia es una de las expresiones culturales más fascinantes del ser humano».
Su idilio con la ciencia no fue inmediato, aunque el germen siempre estuvo ahí. Recuerda que de joven le encantaba la historia, pero terminó decantándose por el bachillerato de ciencias. «Química, biología e informática ya estaban en el abanico de opciones me terminé enamorando de la química ya en la carrera», explica.
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Su salto al mundo digital llegó casi por casualidad, mientras desarrollaba el Máster de Profesorado. «Buscaba recursos didácticos para mis clases y empecé a ver vídeos de YouTube como los de Quantum Fracture. Descubrí que esta red era una ventana al conocimiento» y «decidí que yo también quería hacer vídeos».
Así nacía ‘El electrón perdido’. El nombre de su canal y de sus redes sociales surgía de una conversación con otro amigo investigador. «En una charla sobre lo complicado de encontrar trabajo como investigador, mi amigo me dijo ‘A mí es que me enseñaron a buscar el electrón perdido, no a hacer contactos», recuerda entre risas.
Un tiempo después empezaría a estudiar el doctorado y compaginó ambas tareas, pero Martín decidió hacer una pausa en la creación de contenido para volcarse de lleno en su labor académica porque «estaba siendo una etapa muy exigente y complicada a nivel mental». Una vez terminado el doctorado, retomó la divulgación con una mirada «más madura y humana». Precisamente el primer vídeo que publicó en su regreso fue uno «sobre lo que no te cuentan del doctorado y la depresión en el mundo académico», apunta el burgalés.
Detrás de cámaras
Hoy en día, detrás de @el_electron_perdido hay una comunidad «muy fiel» interesada en la química y en la ciencia en general. Entre sus 20.000 seguidores en TikTok, más de 65.000 en YouTube y 35.000 en Instagram, más del 60 % procede de Latinoamérica, pero su objetivo es que el contenido «llegue a más público nacional y especialmente a burgaleses».
Ahora y lejos de buscar únicamente el entretenimiento rápido, Pérez reivindica el fondo frente a la fugacidad del algoritmo. «Quiero volver a hacer vídeos largos para profundizar en los temas. La gente demanda ciencia y contenido cultural, y me gusta poner mi granito de arena. La ciencia es una parte de la cultura que ha quedado relegada a un segundo plano y quiero que resurja».
Asegura que detrás de cada publicación hay un enorme esfuerzo técnico y de guión en el que cuenta con el apoyo de su pareja en la edición. «Para hacer un vídeo de medio minuto o un minutos hay un gran trabajo detrás de investigación, guión, grabación y montaje y si ya hablamos de un vídeo de diez minutos para Youtube solo el bruto de grabación se puede extender a 60 ó 90 minutos».
El contenido de Martín atrapa a miles de curiosos. Pero si algo gusta especialmente a sus seguidores son lo que él mismo nombra como «cálculos chorras». Se trata de ejercicios de ingenio mental tan sorprendentes como calcular cuánta comida tendría que ingerir un adulto si comiera como lo hace un bebé, que ingiere prácticamente el 10% de su peso al día, o cuántos átomos caben dentro de un grano de arena.
«Ese sentimiento de lo que cuesta asimilar datos sorprendentes es lo que vivimos los científicos a cada hora del día», confiesa, al tiempo que asegura que disfruta mucho con la divulgación. «El objetivo inicial antes era hacer cosas para mí y aunque está muy bien, conectar con la gente y estar en esa rueda es el verdadero motor».
A medio plazo, su gran aspiración es consolidar su canal «de forma semiprofesional», un reto en un contexto laboral complejo para la investigación. «El sistema actual exige una movilidad constante que muchas veces choca con los proyectos vitales», asegura el investigador, a quien en seis meses se le termina su contrato.
Vivir de la ciencia
«Vivir de la ciencia es complicado. Hay muchas vías, pero todas implican moverse continuamente. Mi jefe me anima a irme al extranjero a hacer mi carrera científica porque hay más oportunidades, pero quiero estar en mi ciudad con mi gente y quiero profesionalizarme en la divulgación y ver si esto es una forma de estabilizarme», apunta. Para lograrlo se dará un año una vez finalice su contrato.
Martín asegura que las redes sociales y las plataformas digitales son «herramientas muy poderosas para la divulgación del conocimiento», pero «también un arma de doble filo». Precisamente por eso anima a los burgaleses a «buscar contenido cultural en redes, que hay mucho y de muy buena calidad», pero también «a hacerlo siendo conscientes del consumo que hacemos».
Lo que sí tiene claro este investigador burgalés es que lejos de rendirse ante la incertidumbre laboral que golpea a la investigación, quiere seguir apostando por «encender la chispa del conocimiento en cada pantalla». Al final, el auténtico motor de ‘El electrón perdido’ no es el algoritmo, sino las ganas incesantes de un químico burgalés por recordar que la ciencia, además de fórmulas, datos y operaciones, es «una forma fascinante y única de mirar la vida».