El Correo de Burgos

LA POSADA

Miel Lura. Todo un paisaje en el paladar

Lorena García y Paco Pastor sostienen un proyecto familiar que apuesta por el tradicional, y laborioso, prensado en frío para lograr un producto de textura cremosa con aromas de brezo o girasol

Aunque este año la sequía truncaba la producción, la miel de brezo es el producto estrella de la marca Lura.

Aunque este año la sequía truncaba la producción, la miel de brezo es el producto estrella de la marca Lura.ECB

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Burgos

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Una colmena, por pura curiosidad. Así comenzó todo. Hace ya tres décadas que Paco Pastor se lanzó a aquel experimento, «a ver qué sucedía». El resto es historia. La de Miel Lura. La de su familia. La de Lorena y sus hijas, Vera y Luna, cuyos nombres se confabularon para dar forma a la marca que bautiza un proyecto empeñado en atrapar «una pequeña parte de nuestro territorio» en cada tarro.

Paco había decidido quedarse a vivir en Quincoces, un pequeño pueblo del norte de la provincia de Burgos, cuando dio aquel primer paso, sin imaginar que lo era. No sabía nada de apicultura ni había visto a nadie de su familia cuidar abejas. Pero enseguida se apasionó «por aquellos insectos y su manera de trabajar». Tocaba aprender. Aumentó progresivamente el número de colmenas y convirtió aquel tanteo inicial en una actividad que hoy le lleva a cuidar alrededor de 180. «Es para mí un momento de paz, de conexión con la naturaleza y el entorno», explica.

Pero tal experiencia se torna cucharadas de gozo en el paladar por obra y gracia del trabajo en equipo. Paco se ocupa de atender los colmenares; Lorena García, de extraer, envasar y vender el producto; y Vera y Luna «echan una mano en la temporada de más trabajo pintando cajas y ordenando materiales». Todos tienen su lugar en esta empresa, tan sencilla como su propósito.

En Miel Lura recolectan miel, solo miel. «Las abejas la producen y nosotros la envasamos», resumen Paco y Lorena. Una aparente simplicidad que, sin embargo, esconde una forma de trabajar diferente a la habitual. Porque, en lugar de recurrir a la centrifugación para extraer el producto, utilizan el prensado en frío, un método tradicional que consiste en cortar los panales y ejercer presión.

Lorena García y Paco Pastor posan con el fruto de su trabajo en equipo, que puede conocerse en detalle en www.mielura.com.

Lorena García y Paco Pastor posan con el fruto de su trabajo en equipo, que puede conocerse en detalle en www.mielura.com.ECB

Es un procedimiento «más laborioso, pero permite recoger también parte de los componentes del panal, como los pólenes». Y, sobre todo, aporta una textura característica. «Se rompe la cristalización y obtienes una miel muy suave, sin los granitos que suelen aparecer en otras», relata Paco, orgulloso. Después, la miel pasa a un depósito desde el que se envasa. «Nuestra intervención en el proceso es mínima y eso es lo que garantiza que llegue el producto más puro», añade.

El brezo manda, casi siempre. Elaboran principalmente una miel monofloral de la variedad ‘Erica vagans’, apreciada por sus clientes y ligada a la floración del entorno. Este año, sin embargo, la sequía trastocaba los planes, y la campaña. La planta ni siquiera llegó a florecer en la zona y no pudieron recolectar su variedad más preciada. La cosecha dejaba, en cambio, una pequeña producción de girasol «deliciosa».

El entorno, precisamente, es parte de lo que Lorena espera que se descubra al abrir sus tarros. «La miel recoge los aromas, los matices y la diversidad de la flora de un territorio», destaca. Cada cosecha es distinta porque también lo son las estaciones y las condiciones de cada año. «Nuestra miel es un paisaje que se transforma en sabor», describe.

Desde esa perspectiva, considera que este producto todavía está infravalorado en la gastronomía, al reducirlo a un endulzante o un mero acompañamiento, cuando cada variedad tiene identidad propia. Su color, aroma, textura y sabor evocan su origen, con una profundidad que Lorena compara con la del vino o el aceite. «La miel no es solo dulzor, es un alimento natural con una composición compleja, que contiene minerales en pequeñas cantidades, enzimas, compuestos aromáticos y otras sustancias», añade.

Más allá de su valor intrínseco, está el que aportan al medio ambiente las responsables de elaborar el producto, «pues las abejas son piezas fundamentales para la biodiversidad». Sin embargo, no es tarea fácil apoyarlas en el ejercicio de un papel clave para la humanidad. La actividad apícola afronta dificultades constantes. «Mantener las colonias es un reto hoy en día», asegura Paco, que señala a la varroa, un ácaro parásito que debilita las colonias, como uno de los principales problemas, a los que en los últimos años se suma la avispa asiática, depredadora de abejas y otro gran desafío.

Con todo, la sequía ha sido el golpe más visible de esta temporada. «Ha sido un año durísimo», reconoce Paco, que asegura que nunca habían vivido uno igual. Lo dice, no obstante, con la mirada puesta en el mismo horizonte que hace treinta años le hizo emprender un camino que siempre pasa por mejorar las colmenas, aprender y adaptarse a lo que venga.

La recompensa bien lo merece. Al fin y al cabo, Paco, Lorena, Vera y Luna son cómplices de un proceso tan ancestral como extraordinario: «¿Sabéis que una cucharadita es la cantidad de miel que produce una abeja toda su vida? Es magia».

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