«En una plaza de toros no hay lugar para el más mínimo error»
Begoña Riocerezo Hierro es la torilera del Coliseum Burgos desde 2021 / Es la única mujer con esta función en los cosos españoles

La torilera del Coliseum Burgos, Begoña Riocerezo Hierro.
Hay pocos espectáculos o actividades públicas con tantas tradiciones, protocolos y ritos como los que rodean a una corrida de toros. Y más allá de los diestros, sus cuadrillas y los morlacos protagonistas, existe una colección de figuras que a veces pasa desapercibida para la concurrencia. Pero que tienen una importancia ‘cumbre’, que dirían los periodistas especializados en el sector taurino. Sin ir más lejos, el maestro Íñigo Crespo en las páginas de El Correo de Burgos y más allá.
Una de estas trabajadoras es Begoña Riocerezo Hierro, la torilera de la plaza de toros de Burgos desde 2021. «Me estrené con la mascarilla. Fue una feria diferente y un tanto desangelada por la menor cantidad de público que podía ir. Pero como todo lo que ocurrió en esa época», señala. La tradición por la llamada ‘fiesta nacional’ le viene de familia. «Soy taurina desde la cuna», reza la frase de su cuenta de WhatsApp.
Su padre, Florencio Riocerezo, fue una institución en el mundillo taurino burgalés. «Empezó en los toros cuando era un niño junto a mis tíos Ángel y Pepe en la plaza de Los Vadillos. Luego marchó a El Plantío en 1967, cuando se inauguró, y estuvo hasta que se jubiló en 1994», explica. «También hizo sus pinitos en la arena, fue novillero en la época en que las grandes figuras eran Antonio Ordóñez, Paco Camino o Antonio Bienvenida». Begoña guarda buenos recuerdos de su niñez, cuando iba a la salida de las corridas para encontrarse con su padre y brujulear un poco por la plaza. «Me gustaba mucho estar por la cuadras, ver los caballos... Cuando uno es pequeño, un mundo como ese te impresiona mucho».
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El trabajo en los chiqueros, los ocho compartimentos individuales donde los seis toros y los dos sobreros permanecen aislados desde el apartado matinal hasta su salida al ruedo, requiere de una gran precisión y coordinación. Varias personas, dirigidas por el torilero, van abriendo paso a paso las puertas para que el astado de turno aparezca en el albero. «En una plaza de toros no hay lugar para el más mínimo error. Hay que hacerlo todo bien y a su tiempo para que no tengan ningún percance ni los trabajadores ni los propios toros», subraya Begoña Riocerezo, que reconoce que no ha sufrido en su trayectoria ningún susto serio.
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«Tengo un equipo muy competente con el que trabajo muy bien», admite y cita a David y Álex, responsables de los chiqueros; a Álvaro, en la puerta de toriles; y a Dani, en la puerta del ruedo. También tiene un recuerdo para Eduardo, que estuvo en los chiqueros hasta el año pasado y ha sido sustituido por Neizan.
La misión de esta brigada apenas dura unos segundos «que a veces se hacen muy largos, sobre todo si el toro no quiere salir», ríe. El presidente da la orden de que salga el toro. Suenan los timbales y clarines que anuncian la comparecencia de un nuevo astado en la arena de la plaza. El torero o uno de sus subalternos avisa a Begoña que puede comenzar la faena. La torilera grita «¡Va toro!» y el equipo de chiqueros va abriendo las puertas del túnel que desemboca en el ruedo. Es un momento de mucha tensión. Tras cada puerta que franquea se oye al ejemplar de ganado bravo, con sus más de 500 kilogramos, rascar el suelo con nervio, resollar con furia o empitonar la madera de los portones si viene un poco revirado. En ese proceso le colocan al animal en el morrillo la divisa de su ganadería con una pértiga. Llega el momento de salir a la plaza y se encienden los ánimos y los aplausos en los tendidos con su primera carrera. Y se cierran rápidamente todo ese juego de puertas cuyos cerrojos y bisagras siempre están bien engrasados. Como el equipo que los maneja.
De plazas y toreros
Begoña Riocerezo conoció durante muchos años la plaza de El Plantío descubierta hasta que se transformó en el Coliseum Burgos en 2015. La ciudad ganó una nueva instalación, mayoritariamente utilizada por el San Pablo Burgos de baloncesto, pero muchos aficionados que acudían cada año a la Feria de San Pedro y San Pablo piensan que las corridas se han desnaturalizado o han perdido parte de su raigambre al celebrarse bajo techo.

Begoña Riocerezo, en el albero del Coliseum durante una corrida.
«Echo de menos el sol. No es sólo la luz que hay durante el espectáculo, es también el sonido. No es lo mismo... Pero es lo que tenemos y hay que disfrutarlo así», asevera la ‘chula de toriles’ de Burgos. «A mí me gustan las plazas abiertas o que tengan una cubierta retráctil, como la de Zaragoza». Eso estuvo en su momento en el proyecto de transformación del vetusto coso de El Plantío, pero el coste de la obra se iba por las nubes al ya elevado y hasta polémico precio que se pagó finalmente por la reforma. La nubes que dejaron de verse.
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La torilera nos cuenta sus favoritos entre los matadores. De los ya retirados admiraba mucho a Enrique Ponce, a Roberto Domínguez, a El Juli y a José Tomás. Y tiene buenas palabras para el burgalés José Ignacio Ramos, «un diestro muy elegante, gran bandillero, muy bueno con la espada y una estupenda persona». Del cartel de este año destaca a Tomás Rufo, a Sebastián Castella y a Ismael Martín. «Y Morante de la Puebla también tiene sus buenas faenas, tomó aquí su alternativa», recuerda y cita también a Andrés Roca Rey, una de las figuras del escalafón actual y muy popular también entre el público cinéfilo por ser el protagonista de la excepcional película del director Albert Serra ‘Tardes de soledad’, ganadora de la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián y del Premio Goya al mejor documental en la pasada edición de los galardones de la Academia.
Durante la conversación, Begoña Riocerezo le da una clase magistral al arriba firmante, lego en el arte de Cúchares. Toda una retahíla de ritos, costumbres y hasta supersticiones que conforman un universo artístico con raíces profundas en el acervo español, pero que también cuenta con muchos detractores que abogan por su abolición. «Aunque es cierto que hay mucha gente que pide que desaparezcan las corridas de toros, en los últimos años está volviendo el público a las plazas. Es imposible tener los llenazos continuos y por toda España que había antaño, pero hay mucha juventud que está apreciando este espectáculo, queriéndolo conocer de cerca. Y son el futuro», concluye Begoña Riocerezo, la primera torilera de Burgos y de España, que en cuanto acabe la feria regresará a la localidad de Noja, donde regenta junto a su pareja Miguel el bar más burgalés de la Trasmiera cántabra.