Recuperan un antiguo batán del siglo XIX oculto bajo la maleza en Pradoluengo
Redescubierto por Pablo Escudero a finales de marzo, se sabía de su existencia por fuentes orales y documentales. El plan director de la Junta para preservar el patrimonio de la villa textil permanece guardado en un cajón desde 2017

El batán de las Cuatro Pilas, en Pradoluengo, después de ser localizado bajo la maleza.
Ante la pasividad de las administraciones, hay quienes mueven ficha por su cuenta en favor de su tierra. ¿Ejemplos? A patadas. Y unos cuantos en Pradoluengo, donde más de un vecino actúa de manera particular para poner en valor el vasto legado de la otrora villa textil cuya industria -famosa por sus calcetines, boinas y paños- fue sinónimo de prosperidad hasta bien entrado el siglo XX.
Ya jubilado, Pablo Escudero no se resigna a ver cómo el paso del tiempo borra las huellas de aquel pasado esplendoroso que debiera ponerse más en valor. Conocía, por fuentes orales y documentales, la existencia de un batán de grandes dimensiones. El de las Cuatro Pilas, para más señas, edificado más o menos a la par que la Hilatura de Marina. Es decir, entre 1837 y 1839. Casi 200 años después de su construcción, llevaba décadas -muchas décadas- oculto bajo la maleza. Hasta ahora.
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A finales de marzo, Escudero se puso manos a la obra como tantas otras veces. Con una desbrozadora, rescató del ostracismo uno de los batanes «más importantes de Pradoluengo» en aquella época. Lo confirma Juanjo Martín, historiador y docente de la Universidad de Burgos (UBU). De hecho, su tesis doctoral sobre El desarrollo de la industria textil lanera en Pradoluengo entre 1720 y 1939 ya hacía referencia a éste y muchos otros batanes de la zona.
«Pablo es muy valiente», señala en varias ocasiones Martín. Y también tenaz, porque no es la primera vez que redescubre el patrimonio local abandonado a su suerte bajo tierra. Hace casi una década, por ejemplo, localizó el batán de Vizcarraya, ubicado en el entorno de La Pasada, cuyo origen se remonta a mediados del siglo XIX. Tal y como constató por aquel entonces el historiador pradoluenguino, era imprescindible para garantizar el suministro de energía hidráulica a la industria textil local.
«Al estar lleno de maleza nadie le metía mano», tanto a uno como a otro batán, hasta que llegó Escudero. «Un indicio más de la cantidad de cosas que se están perdiendo», subraya Martín con la esperanza de que los restos de Cuatro Pilas queden debidamente señalizados para incorporarse a la Senda de los Batanes, que se extiende hasta la Máquina de Alfileres previo paso por Vizcarraya. La ruta, por cierto, está «funcionando bien» y atrae «muchas excursiones», tanto familiares como de gente joven, procedentes de distintos puntos de Castilla y León, La Rioja o Madrid.
El patrimonio, no se cansa Martín de repetirlo, es «una de las pocas alternativas que le queda al pueblo». El turismo necesita alicientes y Pradoluengo tiene de sobra. Hay iniciativas particulares como el Tinte Zaldo o museo de Julián Ochoa, pero se echa en falta más apoyo institucional.
Hubo un atisbo de avance en ese sentido allá por 2017, cuando la Junta de Castilla y León encargó la redacción de un estudio sobre el singular patrimonio textil de Pradoluengo al arquitecto Félix Escribano y al propio Martín. Incluso se financiaron tres documentales sobre la historia de tan pujante industria desde sus primeros compases en el siglo XV. Sin embargo, aquel proyecto acabó durmiendo el sueño de los justos y nada se supo después.
Partidario de «retomarlo y ponerlo en marcha», el historiador burgalés remarca que aquel estudio recogía, punto por punto, los principales hitos de la localidad con el objetivo de incentivar su potencial turístico. Todo perfectamente catalogado y con propuestas de actuación. Un «proyecto solvente que puede tener futuro», desde luego. Para ello, sería necesario que el Ayuntamiento lo defienda ante el Gobierno autonómico. Dicho de otra forma, hace falta «dar guerra» para que se saque del cajón.
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No parece demasiado probable que ese ambicioso plan director se retome a largo plazo, aunque por intentarlo que no quede. Lo ideal, tal y como enfatiza Martín, sería culminar su desarrollo con un «centro de interpretación». Hasta entonces, se agradece la apasionada implicación de vecinos como Pablo Escudero, que buena paliza se metió durante varios días para rescatar el batán de las Cuatro Pilas y dejarlo «impoluto» tras arrancar esa ingente capa de maleza que lo había invisibilizado por completo.