El Correo de Burgos

«Vamos, Bassou, no te puedes morir ahora»

Ante un infarto fulminante, cada minuto es oro. Agustín lo tuvo claro nada más ver a un albañil tendido en el suelo. Por suerte, el Ayuntamiento de Sargentes de la Lora tiene un desfibrilador. Nunca, hasta ahora, había sido necesario utilizarlo

Bassou y Agustín, el vecino de Sargentes de la Lora que le salvó la vida tras sufrir un infarto.

Bassou y Agustín, el vecino de Sargentes de la Lora que le salvó la vida tras sufrir un infarto.ECB

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«Algo pasa», pensó Agustín, Tinín para los amigos, nada más llegar a Sargentes de la Lora. A punto de aparcar junto a su casa, vio a un hombre y una mujer correr como alma que lleva el diablo. Parecían «alterados», así que dejó el coche en medio de la calle. A 150 metros, al doblar la esquina, se encontró a Bassou tirado en el suelo. Su vida corría peligro, estaba claro, porque «echaba espuma por la boca y tenía los ojos dados la vuelta».

No había tiempo que perder. Bassou apenas respiraba y Tinín intentó reanimarle. Junto a él, María Teresa. Su otra ángel de la guarda. Ambos llegaron rápidamente a la conclusión de que había sufrido un infarto fulminante. Entonces, cayeron en la cuenta de que el Ayuntamiento de Sargentes cuenta con un desfibrilador desde hace cuatro años. La suerte, además, estuvo de su lado porque aquel día, 28 de mayo, estaba abierto. «Si no llegar a estarlo, a reventar la puerta». Lo que fuese con tal de salvar la vida a este albañil de origen marroquí, vecino de un pueblo cercano, «muy conocido» en la zona.

«Vamos, Bassou, no te puedes morir ahora». Tinín no dejaba de repetirlo mientras se turnaba con María Teresa para usar el desfibrilador -tres descargas en total- y practicar maniobras de reanimación cardiopulmonar (RCP). «El primer chispazo nos impresionó porque pegó un salto tremendo», recuerda. En ese momento, «lo único que piensas es que hay que ayudar y nada más». Con el 112 sobre aviso, la ambulancia llegaría a los 20 minutos.

La intervención sanitaria se prolongó durante hora y media. Agustín y María Teresa ayudaron al personal sanitario mientras Bassou se debatía entre la vida y la muerte. Cuando se le llevó el helicóptero, directo al Hospital Universitario de Burgos (HUBU), todavía seguía inconsciente.

Al cabo de dos horas, Tinín recibió una llamada del centro de salud de Sedano. Dio su teléfono a los facultativos porque quería estar al tanto de la evolución de Bassou. Le confirmaron que su intervención había sido «vital», pero no le da mayor importancia porque hizo lo que debía. De hecho, rehúye ponerse medalla alguna mientras se deshace en elogios hacia el personal sanitario. «Qué gente tan profesional, muchas veces no sabemos lo que tenemos».

En cuanto pudo, Agustín se presentó en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para visitar a su amigo. Antes de entrar, la doctora también le hizo saber que su actuación junto a María Teresa fue «esencial», sobre todo «para el cerebro». Ya en la habitación, Bassou le reconoció inmediatamente aunque llevaba mascarilla. Buena señal, sin duda, después de permanecer dos días en coma. Y cuando preguntó lo que había pasado, Tinín le respondió: «te mareaste y te has caído».

A pesar del susto, Bassou está como una rosa. La siguiente vez que se vieron, después del hospital, se acercó al coche de Tinín y le dio un par de toques en la ventanilla. Le saludó con cariño y eterno agradecimiento. No hacía falta ni decirlo, es algo que «se nota en la mirada». Después de aquel breve encuentro, volvieron a cruzarse y Bassou le confesó que «ya sabía lo que había pasado».

Nunca antes, por suerte, se había tenido que usar el desfibrilador de Sargentes. «Con salvar una vida rentabilizas la inversión de por vida», afirma el alcalde de la localidad, Carlos Gallo, mientras pone en valor la apuesta que en su día hizo la Diputación por adquirir estos equipos. No en vano, se enorgullece de contar con «dos vecinos que son auténticos héroes» a los que «no les entra ningún temor ante una situación que requiere templanza para asistir a una persona». Una «labor extraordinaria», en definitiva, que merece ser puesta en valor.

«Si me hundo, se acabó»

Agustín, como hemos comentado, no farda en absoluto de haber salvado una vida. De lo que sí presume como burgalés, siempre «en primer lugar» y antes incluso que de la Catedral, es del HUBU. Más que nada, porque allí le salvaron la vida. Jamás olvidará aquel aciago 9 de enero de 2020, cuando le diagnosticaron un tumor cerebral. «Pasé miedo, pensé de todo y lloré muchísimo», rememora. Aun así, lo último que quería es que «la gente me tuviese lástima» y afrontó esta «faena» con total «normalidad».

Ni siquiera la pandemia impidió que le tratasen de manera «inmejorable». Se le plantó la posibilidad de operarle en Salamanca, pero la intervención conllevaba sus riesgos y corría el riesgo de quedarse ciego. Tras su negativa, diez sesiones de quimio y cincuenta de radio. Perdió 24 kilos y se quedó sin barba, pero siguió luchando. Lo único que se le pasaba por la cabeza es que «si me hundo, se acabó todo».

Costó lo suyo, pero logró superar la enfermedad y agradece enormemente la implicación del doctor Carlos García Girón y su equipo. También el apoyo de su empresa, de sus compañeros de trabajo y de todos sus amigos. Refugiado en el pueblo, en su Sargentes querido, comprobó que «si no tienes fuerza interior no sales adelante».

La vida es un regalo que Agustín valora cada día. Desgraciadamente, se ha topado con la muerte de frente y eso genera una «impotencia tremenda». Sucedió en la N-623, entre Masa y Quintanilla Sobresierra. Conducía tranquilamente cuando le adelantó un motorista en una zona de curvas. De repente, a unos 200 metros de distancia, salió disparado tras chocar contra una señal. Sin pensárselo dos veces, estacionó su vehículo al lado de la carretera y bajó a ayudarle.

«Se mató delante de mí». Nada pudo hacer Tinín por ayudar a aquel joven cuyo nombre y apellidos tiene grabados a fuego. «¿Cómo es posible que este chico que me acaba de adelantar ahora esté muerto?», se pregunta, tiempo después, con la pena de no haber podido hacer nada porque falleció en el acto. De lo contrario, hubiera hecho todo cuanto estuviese en su mano para salvarle.

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