Sonorama en cuero, artesano y de corazón
Desde su taller en Tubilla del Lago, Pilar Manso ha elaborado una edición limitada de productos, a la venta durante el festival, que se salen de lo habitual

Pilar Manso, en pleno proceso creativo, desde su taller Artencuero, ubicado en Tubilla del Lago.
Aranda de Duero ya huele a Sonorama. Se respira en la ciudad y en toda la Ribera. También en Tubilla del Lago, aparentemente ajena al bullicio que está por llegar salvo en el taller Artencuero de Pilar Manso. Ahí dentro, entre retales, se esconde una colección inédita que verá la luz estos días. Merchandising, sí, pero «no al uso». Una edición limitada de productos al calor de un festival que constituye un «motor económico muy importante para la zona».
Tres décadas lleva Manso al frente de su taller. Con altibajos, por qué no decirlo, hasta que decidió concederse una «última oportunidad». Fue entonces cuando decidió cursar un Grado Medio de Artesanía de Complementos de Cuero en la Escuela de Arte y Superior de Diseño de Burgos. Dos años de formación y tres meses para su proyecto final. Después de barajar varias ideas como leit motiv, desde el vino de la Denominación de Origen (DO) Ribera del Duero hasta los paisajes y murales de su pueblo, se decantó por el Sonorama. No sin antes, eso sí, contactar con la organización para obtener su visto bueno.
Con el beneplácito de Art de Troya y sus profesores firmemente convencidos de que «se podía llevar a cabo», Manso se puso manos a la obra. La gama de productos que se planteó en un inicio se fue limitando en función de la utilidad. En una cita de este calado, lo práctico manda y empezó a diseñar bolsos, carteras, riñoneras, fundas para gafas y abanicos o pulseras. Los colores, nunca al azar, representan la esencia indie del Sonorama al cien por cien.

Riñoneras de cuero especialmente diseñadas para el Sonorama Ribera.
La idea, de cara a la presente edición, es «probar a ver si funciona». El merchan, precisa Manso, estará a la venta en la tienda de Hüeso Limited y ella se pasará «de vez en cuando», mientras se celebra el festival, para «contar cómo se trabaja en un taller artesanal». Si todo va bien y su propuesta gusta, le encantaría aumentar la producción aunque ello conlleve estar «todo el año» al pie del cañón.
Mientras aguarda impaciente la gran fiesta que se avecina estos días en Aranda y alrededores, la responsable de Artencuero reconoce que el mundo de la artesanía ha «cambiado muchísimo» en los últimos 30 años. «Al principio ibas a una feria, vendías el 90% del producto como mínimo y se valoraba muchísimo». Sin embargo, la proliferación de mercados medievales acabó «saturando a la gente». Por abundancia, desde luego, pero también porque «era todo igual y había mucha reventa».
No pintaba bien la cosa, pero su paso por la Escuela de Arte le sirvió para vislumbrar un nuevo horizonte. Aunque sea tímidamente, considera que «poco a poco se empieza a poner más en valor la artesanía». Quizá se deba, en cierto modo, a que «hoy en día hay menos consumismo que antes». Sea como fuere, no duda en remarcar que «el cuero es un material muy sostenible, su huella de carbono es mínima y dura muchísimo».

Complementos de Artencuero para el Sonorama diseñados por Pilar Manso.
Lo que está claro, al margen de cómo evolucione el sector a partir de ahora, es que el Sonorama se ha convertido en un «rayo de luz» para su taller. Y para las casas rurales de toda la comarca, reservadas todas con bastante tiempo de antelación. Algo que no ocurría durante los primeros años del festival, cuando lo normal es que la gente se alojase «solamente en Aranda».
Ahora, en cambio, «mucha gente busca la tranquilidad que te puede dar un pueblo». Da fe de ello como presidenta de la Asociación de Casas Rurales de la Ribera de Duero (Acriduero) y propietaria de 1904, alojamiento ubicado en Tubilla.
No cabe duda de que el sector hotelero hace el agosto, literalmente, gracias al Sonorama. Con lo que no contaba Manso era con el impacto que tendría el eclipse total de sol del día 12. Jamás hubiese imaginado que semejante fenómeno atraería tal cantidad de visitantes, pero así es y lo celebra.
La primera vez que tuvo constancia de lo que se avecinaba este 12 de agosto fue en diciembre de 2024. Recibió la llamada de una mujer extranjera interesada en reservar. Le extrañó sobremanera porque no es habitual tanta antelación, pero no tardó en descubrir el por qué.
«Me quedé muerta porque no sabía que iba a haber un eclipse», recuerda entre risas. Y ahora, entre esto y el Sonorama, arduo trabajo tiene por delante aunque lo asume con sumo gusto y plena dedicación.