Música Callada cierra su décima edición en el Carex de Atapuerca
El certamen celebrará un concierto con seis percusionistas el próximo 19 de agosto

Clausura de los conciertos celebrados en la ermita de Nuestra Señora del Valle.
La décima edición de Música Callada culminará el 19 de agosto, a las 21.30 horas, en el Centro de Arqueología Experimental (Carex) de Atapuerca. Será con seis percusionistas pertenecientes a Neopercusión y Q-SION Percussion Ensemble que interpretarán Le Noir de l'Étoile, de Gérard Grisey, en una propuesta que convertirá este enclave arqueológico en un gran escenario sonoro bajo el cielo de Atapuerca.
El concierto será posible gracias a la colaboración de la Fundación Caja de Burgos y del Museo de la Evolución Humana, cuya implicación permite ampliar el diálogo entre la creación contemporánea, la investigación, el patrimonio y la divulgación cultural.
La cita pondrá el broche final a una edición especialmente significativa, en la que Música Callada celebra diez años de trayectoria y consolida su presencia en algunos de los espacios patrimoniales más relevantes de la comarca.
Organizado por la Mancomunidad Encuentro de Caminos, el proyecto nació en 2016 con el objetivo de acercar una programación musical de alta calidad a los municipios rurales, promover el patrimonio histórico y generar nuevas experiencias de encuentro entre la música, el paisaje y la arquitectura, siempre con sus habitantes en el centro.
A lo largo de esta década, Música Callada ha ofrecido conciertos de música clásica, contemporánea y experimental en iglesias, ermitas, espacios arqueológicos, museos y enclaves naturales.
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La ermita románica de Nuestra Señora del Valle, en Monasterio de Rodilla, se ha consolidado como sede principal del ciclo, en diálogo permanente con otros espacios de Cardeñuela Riopico, Rubena, Quintanapalla, Fresno de Rodilla, Atapuerca y Olmos de Atapuerca.
Desde su primera edición, el ciclo ha ampliado progresivamente sus formatos y contenidos. A los conciertos se han sumado propuestas de mediación cultural, residencias artísticas, estrenos, encuentros con los intérpretes y actividades vinculadas al patrimonio y al territorio.
En 2026, bajo el lema 'Lux aeterna', el ciclo ha programado once conciertos en su programación principal entre el 26 de julio y el 19 de agosto, a los que se han sumado las tres citas de Nuevas Resonancias. La edición ha recorrido la Mina Esperanza de Olmos de Atapuerca, iglesias de la comarca, la ermita de Nuestra Señora del Valle y el Carex de Atapuerca, escenario del concierto de clausura.
También ha incorporado espacios fuera del territorio de la mancomunidad, como el Museo de Burgos, el Museo de la Evolución Humana, el Centro de Arte Caja de Burgos CAB y los propios Yacimientos de Atapuerca.
Entre las propuestas más destacadas de esta décima edición figuran la residencia artística, que este año ha contado con el contrabajista Leonardo Teruggi, la celebración del 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla, así como con la participación de intérpretes como Forma Antiqva, GARA Quartet, Juanjo Mosalini, Juanjo Guillem, Neopercusión y Q-SION, entre otros. Hubo un estreno nacional con 'Lunaris', en conexión con el eclipse solar del 12 de agosto, y el proyecto 'Estelas', con sus microencuentros sonoros han llegado al Museo de Burgos, al Museo de la Evolución Humana y a los Yacimientos de la Sierra de Atapuerca.
La programación de 2026 ha mantenido así la vocación del ciclo de unir excelencia artística, innovación, participación y divulgación del patrimonio, llevando la música a espacios que habitualmente no forman parte de los circuitos culturales convencionales.
Una de las principales novedades de esta edición ha sido Nuevas Resonancias, la sección fringe de Música Callada, desarrollada en colaboración con el Centro de Arte Caja de Burgos CAB. La iniciativa nace para ofrecer visibilidad y un espacio de encuentro con el público a jóvenes intérpretes y formaciones con propuestas artísticas personales.
Los tres proyectos finalistas actuaron en el CAB: Al Tayr presentó El viaje de Abendino el 30 de julio; la flautista Anna Williams, junto al clavecinista Dylan Donegan, ofreció Atem-los (Sin aliento) el 1 de agosto; y Nocturnalia Ensemble, proyecto ganador de la convocatoria, cerró la sección el 13 de agosto. El jurado concedió además una mención especial a Álvaro Fernández Bravo, que será invitado a participar en la edición de 2027.
Con Nuevas Resonancias, Música Callada amplía su compromiso con el talento emergente y abre una vía de continuidad entre la creación joven, los espacios culturales de Burgos y la programación futura del ciclo.
Durante sus diez ediciones, Música Callada ha reunido a cerca de 10.000 espectadores, una cifra que refleja la consolidación del proyecto y la fidelidad de un público procedente tanto de los municipios de la mancomunidad como de Burgos y otras localidades.
La organización destaca especialmente la respuesta de los asistentes a los conciertos celebrados en la ermita de Nuestra Señora del Valle, donde la música se integra en un espacio románico de gran valor histórico y artístico. La combinación de patrimonio, paisaje y propuestas musicales de pequeño y mediano formato ha permitido crear una experiencia cercana, diferenciada y reconocible.
«Música Callada demuestra que el medio rural puede acoger proyectos culturales ambiciosos, sostenidos en el tiempo y capaces de atraer a públicos diversos. Estos diez años son el resultado del trabajo compartido entre artistas, municipios, instituciones, colaboradores y espectadores», señala la organización del ciclo.
La clausura de los conciertos celebrados en la ermita de Nuestra Señora del Valle dejó una de las imágenes más representativas de esta décima edición. Artistas, organización, colaboradores, participantes y público se reunieron para realizar una fotografía de grupo en la que todos portaban un girasol, la flor que se ha convertido en símbolo del ciclo.
El girasol representa la luz, la energía y la capacidad de volver la mirada hacia aquello que ilumina. Su presencia conecta especialmente con el lema de esta edición, 'Lux aeterna', y con la voluntad de Música Callada de proyectar la cultura sobre el territorio, visibilizar su patrimonio y generar nuevas oportunidades de encuentro.
La imagen de grupo resume el espíritu de estos diez años: una comunidad formada alrededor de la música, el patrimonio y el paisaje. El girasol se convierte así en una expresión visual de la identidad del ciclo y en un reconocimiento a todas las personas que han contribuido a hacerlo posible.
Con la celebración de su décimo aniversario, Música Callada reafirma su compromiso con la cultura en el medio rural, la descentralización de la oferta artística y la puesta en valor del patrimonio de la Mancomunidad Encuentro de Caminos.
La organización agradece la participación del público, el trabajo de los municipios, la colaboración de las instituciones, la implicación de los artistas que han formado parte de esta trayectoria y la labor imprescindible de tantas personas del territorio sin las cuales el desarrollo del ciclo habría sido imposible.
Diez años después de su nacimiento, Música Callada continúa creciendo con el propósito de que cada concierto sea, además de una experiencia musical, una forma distinta de conocer y habitar el territorio burgalés.