El Correo de Burgos

Las olas de calor plantean a las casas rurales la necesidad de adaptarse para no perder clientes

Turalbur confirma el buen comportamiento de julio, pero señala que el calor ha puesto en evidencia unas casas preparadas para el frío y no para noches calurosas

Un establecimiento de turismo rural en Covarrubias.

Un establecimiento de turismo rural en Covarrubias.TOMÁS ALONSO

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Sobre el papel, el mes de julio ha dejado unas aceptables cifras de ocupación en los alojamientos turísticos extraoteleros, como los apartamentos o las casas rurales, aunque no así en los camping, pero en general, el verano comenzó con una buena dinámica. De hecho, la Asociación de Turismo Rural de la Provincia de Burgos (Turalbur) confirma el balance positivo que dibuja la estadística de ocupación. Sin embargo, su portavoz en Burgos, Domingo Hernández, advierte de que «no es oro todo lo que reluce» porque, aunque los visitantes respondían bien a las expectativas, con el paso de las semanas este verano de sucesivas olas de calor y encarecimiento de la energía ha dado paso a nuevas preocupaciones en el sector, desde el impacto del calor sobre los alojamientos hasta la incertidumbre por la evolución de los costes energéticos en otoño.

Las elevadas temperaturas, sin tregua, registradas durante buena parte del verano ha sido en este periodo estival un preocupante quebradero de cabeza para los empresarios del turismo rural por el hecho de que en la provincia burgalesa, y en el resto de Castilla y León, «las casas están preparadas fundamentalmente para afrontar el frío, con sistemas de calefacción potentes, pero no necesariamente para lo que hemos vivido» en distintos momentos de este verano con las temperaturas por encima de los 30ºC. «Pese a todo no ha habido ninguna cancelación por el calor», explica Hernández, para reconocer que si esta realidad ha llegado para quedarse puede acabar teniendo incluso consecuencias sobre la elección del destino estival.

Hernández indica que el atractivo de los alojamientos rurales burgaleses no se ha basado nunca específicamente en que los visitantes acudieran «buscando el frío», pero las temperaturas más suaves que en otros puntos de la geografía españoa y, sobre todo, «las noches frescas constituían una ventaja» respecto a otros destinos de interior y rurales en comunidades como Andalucia o Extremadura con las que se compite en invierno. Este verano, sin embargo, muchos clientes han trasladado su sorpresa ante el calor y la dificultad para conseguir que el termómetro bajara durante la noche dentro de sus alojamientos rurales.

Invertir en frío

Por tanto, el sector empieza a plantearse qué medidas serán necesarias para adaptar las casas si estas condiciones se consolidan y por ahora, apunta Hernández, se ha apostado por soluciones sencillas, como los ventiladores y las mosquiteras para poder abrir las ventanas durante la noche, aunque las altas temperaturas nocturnas han limitado también su eficacia. La incorporación de sistemas más complejos de aire acondicionado ya se ve como una necesidad para ser competitivos a corto plazo y, con ella, nuevas inversiones para los propietarios de los alojamientos turísticos.

Aunque el fenómeno tuvo lugar en agosto y no en julio, Hernández aprovecha para relativizar el impacto que ha tenido el eclipse solar este año sobre el turismo rural, aunque los datos difundidos por el INE aún no lo reflejan. El representante de Turalbur explica que la elevada demanda generada en torno al fenómeno fue muy puntual y limitada en el tiempo al día del evento en sí y no debe interpretarse como una ocupación extraordinaria de unas fechas que, tradicionalmente, ya se encuentran entre las de mayor demanda. «La mayor parte de las casas hubieran estado ocupadas sí o sí, sin eclipse o con eclipse», apunta.

La principal diferencia estuvo en la anticipación de las reservas y en la posibilidad de elevar los precios. La expectación hizo que los alojamientos comenzaran a recibir peticiones con mucha antelación y permitió a algunos establecimientos incrementar sus tarifas ante una demanda especialmente elevada. Pero «ni siquiera en esas fechas se alcanzó una ocupación del cien por cien en todos los casos», asegura Hernández, conocedor de que hubo casas que permanecieron vacías. Al parecer, la sensación general de que «todo estaba lleno» disuadió de búsquedas de última hora.

Estancias breves

Tampoco se produjo, de forma generalizada en los alojamientos de la provincia, el esperado efecto de prolongación de las estancias, tradicional talón de Aquiles del turismo burgalés. Sí llegaron visitantes extranjeros, incluso de fuera de Europa, atraídos por el eclipse, pero muchos tenían previsto combinar el viaje a Burgos con otros destinos. El fenómeno fue, por tanto, un potente reclamo puntual.

El perfil del viajero, por lo demás, se mantiene bastante estable respecto a otros años. Familias y grupos de amigos continúan siendo los principales usuarios, aunque Hernández constata que resulta más sencillo alquilar las casas pequeñas que las grandes, en línea con una tendencia hacia grupos de viaje más reducidos.

La mirada del sector está ya puesta en los próximos meses. Turalbur afronta con inquietud el otoño y el invierno por la evolución del precio de los combustibles, especialmente del gasóleo, que es lo que utilizan la mayoría de los establecimientos para sus sistemas de calefacción. «Está por las nubes», señala Hernández, que no ve signos claros de una bajada a corto plazo.

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