Los misterios del agua de Burgos, al descubierto
Un estudio publicado por la Institución Fernán González saca a la luz multitud de leyendas religiosas, sobrenaturales y trágicas ligadas a manantiales, cuevas y lagunas

El Pozo Azul de Covanera cuenta con su propia leyenda, la de un joven pastor enamorado de una dama.
Bueyes que desaparecen bajo tierra y emergen kilómetros después, pastores que escuchan la llamada de sus amadas fallecidas y pozos que esconden supuestas entradas a la guarida de Satanás. Son algunas de las historias que permanecen ligadas a los manantiales, cuevas y lagunas de la provincia de Burgos, donde el agua ha modelado el paisaje y un imaginario popular poblado de apariciones, maldiciones y milagros. Con Halloween a la vuelta de la esquina, estos enclaves recuperan su faceta más misteriosa a través de leyendas transmitidas durante generaciones.
La fascinación por las profundidades tiene raíces antiguas. Mucho antes de que la geología explicase los recorridos subterráneos del agua, las creencias populares encontraron en pozos y manantiales lugares de conexión con mundos desconocidos. El estudio Las peñas sacras de la provincia de Burgos, publicado en el Boletín de la Institución Fernán González y disponible en el repositorio de la Universidad de Burgos (UBU), aborda la relación entre determinados enclaves naturales y antiguas creencias religiosas y sobrenaturales.
Una de las historias más inquietantes, tal y como recoge Ical, se encuentra en Quintanilla Valdebodres. Allí se ubica el Pozo del Infierno, que debe su nombre a la creencia de que Satanás tiene en sus profundidades la entrada a su guarida. La tradición cuenta que una pareja de bueyes emergió de sus aguas con el arado todavía enganchado después de desaparecer kilómetros antes en Ojo Guareña.
La idea de los pozos como puertas hacia otro mundo también aparece en el Pozo Airón, en Aldea del Pinar, cuya denominación remite a una antigua divinidad prerromana vinculada al agua y al mundo subterráneo. Según las creencias populares, estas cavidades podían constituir puertas al inframundo, de las que nadie regresaba. Una idea que ha sobrevivido incluso en el lenguaje, donde la expresión «caer en el pozo Airón» evoca la desaparición definitiva y el olvido.
Amores imposibles
Pero no todas las aguas burgalesas esconden al diablo. Algunas guardan historias de amores imposibles, como el Pozo Azul de Covanera, escenario de la leyenda del ‘Gaiterillo de Covanera’. Este relato fue recogido en 1944 por el médico burgalés Misael Bañuelos en la revista Ceres y cuenta que un joven pastor se enamoró de una dama que acompañaba a la corte de la reina Isabel II. Ambos se amaban con locura, pero la felicidad terminó cuando una epidemia de viruela acabó con la vida de la muchacha. El pastor regresó a Covanera, donde llegó a contemplar la aparición de su amada junto al Pozo Azul y, sumido por la melancolía, acabó precipitándose por Peña Rubia tras creer que volvía a llamarlo.
La muerte también protagoniza la tradición de la Laguna Negra de Neila, donde una de las versiones populares sitúa el final de doña Lambra, personaje vinculado a los Siete Infantes de Lara. De acuerdo al relato, la mujer abandonó a seis de sus siete hijos y, años después, incapaz de reconocer al único que había criado, huyó avergonzada y se arrojó a las aguas de la laguna.
Las aguas de los milagros
Frente a estas historias de desapariciones y castigos, otros manantiales representan la esperanza. Es el caso de los pozos próximos al Santuario de Santa Casilda, en La Bureba, donde la tradición asegura que una princesa musulmana recuperó la salud tras sumergirse en el Pozo Negro y decidió convertirse al cristianismo. La devoción popular también atribuye a la santa la capacidad de interceder ante los problemas de fertilidad, motivo por el que durante siglos las mujeres acudieron al Pozo Blanco para arrojar una teja si deseaban una niña o una piedra si esperaban un niño.
Así, entre antiguas divinidades, apariciones y milagros, los pozos y lagunas de Burgos conservan un patrimonio que trasciende su valor natural. Historias que encontraron en la oscuridad de las profundidades una explicación para lo desconocido y que, con la llegada de Halloween, recuerdan que algunos de los misterios más inquietantes de la provincia no necesitan castillos encantados ni cementerios abandonados. Simplemente, aguardan bajo el agua.