Los temporeros vivirán otra vendimia sin servicio de acogida
Cáritas ofrecerá a los vendimiadores bocadillos y mantas pero no alojamiento

-L. V.
LORETO VELÁZQUEZ ARANDA
El año pasado ya se anuló y este año tampoco se llevará a cabo. El programa de acogida de temporeros que durante cinco años ofreció el Ayuntamiento de Aranda, primero en el centro intergeneracional y luego en el recinto ferial, desaparece ante la falta de apoyos de una oposición política que considera que es un servicio que agrava el problema social con una caridad «mal entendida». «Los que deberían hacerse cargo son las empresas contratantes y las bodegas», advierte el concejal de Izquierda Unida- Equo, Jonathan Gete, al recordar que en otros países como Francia está incluido en el convenio regulador.
Con una media de 160 temporeros diarios que acudían a este espacio en busca de comida, aseo y cobijo, muchos deberán buscar un sitio donde dormir. «Nosotros como el año pasado, abriremos la oficina situada en la calle Sulidiza todas las tardes con bocadillos y mantas pero no podemos entrar en el alojamiento por lo que algunos se tendrán que buscar la vida», lamenta el presidente de Cruz Roja Aranda, José Agustín Escudero.
Hay que tener en cuenta además que estamos ante una vendimia atípica en la que a la escasez de producción -se estima que haya un descenso del 60%-, por la helada de abril más la sequía, se une la incertidumbre de una recogida que podría adelantarse a mediados de septiembre. «No sabemos si se alargará luego mucho o si vendrán menos temporeros por la bajada de producción», advierte Escudero.
Aforo
La jornada en el programa de acogida municipal comenzaba a las 6:30 horas con los desayunos y la entrega de un kit de aseo y un bocadillo, -para la comida-, y se retomaba a las 19:30 horas con la cena. Para dormir, los temporeros encontraban los colchones del albergue y los que cedía Protección Civil. Aunque el aforo inicial era de 150 personas por día, en la última campaña, organizada en 2015, la demanda obligó a ampliar la capacidad. «Lo normal eran 160 al día pero había jornadas de 205 personas», subraya el responsable técnico de Acción Social, quien no recuerda problemas de envergadura. «Si hubo algún conato se solucionó con la ayuda del vigilante de seguridad», asegura.
Ese año también subió el coste de un programa que contaba con 7.000 euros de presupuesto, de los que el Ayuntamiento aportaba 3.000; Cruz Roja, 2.000; y el Consejo Regulador, 2.000. Cáritas, por su parte, contribuía con los voluntarios, ropa y alimentos.
Descartado el proyecto, desde la Concejalía de Acción Social, Máximo López Vilaboa, preparará reuniones para enfocar el problema de los vendimiadores desde una visión «más amplia». Así, aunque prefiere no dar detalles porque «está todo muy en el aire», hablará con la parte social y también con la policía.
Con la esperanza de que algún día se actualice el convenio vinícola y se incluyan estos conceptos; desde la Unión de Campesinos de Castilla y León (UCCL), insisten en la importancia de respetar los salarios mínimos que fijan cada uno de los convenios que rigen en Valladolid, Burgos, Soria y Segovia. «Cada trabajador debe tener un contrato y este no puede ser menor de lo que estipula el convenio», advierte su portavoz, José Manuel De las Heras, mientras hace un llamamiento a Inspección de Trabajo para que vele por el buen desarrollo de la vendimia.Por fin, lluviaAunque lo ideal hubiese sido que las lluvias comenzasen hace diez días, las precipitaciones son esperadas y celebradas hoy más que nunca. «La planta lo necesitaba», explica el director técnico del Consejo Regulador Ribera del Duero, Agustín Alonso, con la esperanza de que el agua contribuya a limar la irregularidad del viñedo; algo por otra parte, «normal en la segunda brotación». «El estado de la uva es bueno», anima.