El pino negral retrocede en la Ribera y el piñonero emerge como nuevo motor forestal y económico
El abandono de la resina y el cambio climático transforman los montes, impulsando especies autóctonas y el futuro del piñón

Imagen del monte de la Calabaza, que cumple 600 años como propiedad de Aranda
Terminado el estudio de evaluación del estado de los 23 montes de la comarca de la Ribera, la conclusión es clara: el cambio climático, junto con el abandono de la actividad del negocio de la resina y la ganadería, ha provocado que el pino negral esté en regresión. El monte recupera así, poco a poco, su sitio, con especies autóctonas como las encinas, que cobran fuerza, las sabinas y, en menor medida, los quejigos. El pino piñonero, en visible expansión, se convierte en el rey y, con él, surge un futuro negocio: el piñón.
Según explica el experto de la consultora Albera Medio Ambiente, que ha formado parte del equipo encargado de la revisión dasocrática contratada por el servicio territorial de Burgos de la Junta de Castilla y León, el pino negral tuvo su auge con la venta de la resina. Sin embargo, en los últimos 50 años, la entrada del mercado chino y sus bajos precios restó interés en España. “Dejó de ser rentable y, por tanto, se dejó de plantar y de conservar”, afirma el ingeniero forestal, Herón Moreno.
El cambio climático ha hecho el resto. “Los veranos son cada vez más secos y los episodios de lluvias más irregulares. Eso, unido a suelos arenosos que no retienen mucho la humedad, ha terminado por comprometer la viabilidad del pino negral (Pinus pinaster)”.
Como ejemplos, apunta, está el monte de Hontoria, que era un pinar y ahora es, sobre todo, monte bajo de encinas. Lo mismo ocurre con La Calabaza, en Aranda; “quedan cuatro pinares contados, que coinciden con las zonas de mayor profundidad de suelo”.

Monte de la Ribera
La excepción llega con Villanueva de Gumiel, donde encontramos los pinares de pino negral mejor conservados. “Es prácticamente el único monte de la comarca, junto con alguna zona de Tubilla del Lago o Nava de Roa, donde el pino negral está regenerando de manera natural y posee buen vigor y buenos crecimientos”.
Otra especie de pino presente en la comarca es el pino laricio (Pinus nigra) que procede principalmente de plantaciones realizadas con fines protectores. Según este experto, empieza a dar cierta rentabilidad a algunos municipios por la ejecución de las primeras cortas de mejora como es el caso de montes como Fuentenebro, Caleruega o Santa María del Mercado.
En los montes localizados tanto en el extremo sur, como es el caso del monte de Fuentenebro, o en el extremo norte de la comarca como los montes de Caleruega o Santa María de Mercadillo se nota la altitud y las precipitaciones, que en esas zonas son más frecuentes. “En ambas zonas vemos que los pinares de esta especie evolucionan muy bien”.
Menos setas y más piñones
El declive del pino negral puede conllevar, además, la merma de setas muy preciadas en la zona, como los níscalos. “Podría ser una consecuencia de la regresión del pino negral”, advierte.
Por el contrario, el pino piñonero va aumentando su representación y, con él, el piñón. “Es el pino que mejor se adapta al clima de la Ribera. Está en franca evolución, gracias también al esfuerzo de plantaciones que hace el servicio territorial”, subraya, consciente de que este pino es la esperanza también de los amantes de los níscalos.
En bosques como el de La Horra, Olmedillo de Roa o Nava de Roa, el pino piñonero se ha hecho fuerte, ganando la partida al negral. “En la zona oeste del monte de Villanueva de Gumiel se pueden observar ejemplares de cierta entidad de esta especie de pino”.
Revisión dasocrática
La revisión dasocrática testa cada 10-15 años, el estado y la salud de cada monte, proponiendo un decálogo de actuaciones (aprovechamientos y mejoras). Este tipo de análisis es clave para la pervivencia de la masa forestal, pero también para prevenir incendios. “Lo mejor para evitar el fuego es que se mantengan los oficios del monte”, señala, con la mirada puesta en cortas de madera, aprovechamiento cinegético y, casi en primer lugar, la ganadería. “El trabajo que hacen las ovejas y cabras es fundamental, pero cada vez hay menos cabañas y eso aumenta el riesgo”.
Él lo tiene claro: los montes de la comarca merecen ser conservados. “Constituyen un mosaico arbolado dentro de una comarca de naturaleza agraria y por ello tienen una importancia ecológica”, defiende.

Zona de descanso en el circuito de la Calabaza
¿Cómo actúan?
A la hora de llevar a cabo una revisión dasocrática, la primera fase comienza en la oficina, con ortofotos y planos de modelos de altura. “Con esos datos vamos haciendo una división del monte, discriminando las zonas por especies. Cuando tienes el mapa forestal hecho, ya vamos al campo y visitamos cada zona, describiéndola y realizando un catálogo de masas y arbolado. Ahí analizamos qué se ha hecho, cómo ha respondido y qué necesita para mejorar y favorecer la regeneración y los potenciales aprovechamientos o mejoras que pueden realizarse”.
A pie de terreno se hace un muestreo con medida de diámetros y alturas del arbolado, que se apoya en la tecnología Lidar, un desarrollo técnico que se emplea con el vuelo de una avioneta, que va emitiendo pulsos hacia los árboles y recogiendo los rebotes. “Eso nos da unos parámetros que relacionándolos con lo medido en el campo y, basándonos en modelos estadísticos, se extrapolan al resto de la masa”, señala, al recordar que esta información de cuantificación de las existencias es vital para planificar las cortas sin comprometer existencias al realizar unos cálculos de “posibilidad”.

Plantación del pasado 3 de enero
Según explica Óscar Ortega Blanco, del servicio territorial, la revisión se ha dividido en dos grupos, el primero en el que están Hontoria de Valdearados, Quemada, Quintana del Pidio, Tubilla del Lago, Villalba de Duero, Villanueva de Gumiel, La Horra, Nava de Roa, Olmedillo de Roa, y Aranda de Duero se ha actualizado el documento que ya había de 2012. En el segundo, formado por los montes de Quintanamanvirgo, Milagros, La Vid, Tubilla del Lago, Caleruega, Valdeande, Santa María del Mercadillo, Gumiel de Izán, Gumiel de Mercado, Sotillo de la Ribera, Villatuelda y Fuentenebro, el documento ha sido completamente nuevo. En total, suman 7.473 hectáreas.
Ortega insiste en la importancia de realizar estos planes de ordenación. “Es un documento de planificación forestal a 15 años que se usa para gestionar los recursos de un monte”, señala al recordar que este plan establece las actuaciones necesarias para su gestión sostenible, como la planificación de aprovechamientos, compatibilizados con la prevención de incendios y la conservación de la biodiversidad. “El objetivo es posibilitar los usos del monte con sus valores naturales, buscando además que sea sencillo de aplicar”.
El monte de la Calabaza cumple 600 años como monte arandino
Mañana 24 de enero es un día especial. Aranda de Duero celebrará el 600 aniversario de la compra del monte de la Calabaza. La historia de este monte de utilidad pública se remonta a doña Embrot, que cedió las tierras en el año 1220 al convento de La Vid. Los monjes lo vendieron muchos años después, en el año 1426, al Ayuntamiento de Aranda. Hoy es un monte vivo por el que pasean numerosos vecinos cada día.
En el plano forestal destaca por masas de bosque autóctono, dominadas por encinas y sabinas bien establecidos. Su estructura es diversa con un sotobosque cada vez más desarrollado. De forma puntual aparecen bosquetes y pies aislados de Pinus pinaster, actualmente con una presencia muy reducida y en claro retroceso. En la actualidad, el monte arandino obtiene rendimiento por tres vías: la licencia que paga el único pastor de ovejas que queda, la práctica cinegética que abonan de forma anual los cazadores con licencia y, muy esporádicamente, la venta de madera.