“Los conejos se han comido literalmente el 8% de mi producción”
Alejandro Castrillo exige soluciones y pide ayuda al Ayuntamiento de Revilla Vallejera

Alejandro Castrillo
Ni lobos ni jabalíes. Lo que está poniendo en riesgo la viabilidad de la explotación agrícola de Alejandro Castrillo son los conejos. “No sé de quién depende, pero alguien tiene que hacer algo ya”, implora.
Alejandro compagina su actividad como ganadero con 150 hectáreas de cereal en secano y 5 de alfalfa en regadío. “El año pasado los conejos se comieron literalmente 10 hectáreas; es un 8%”, lamenta, a sabiendas de que “no es la primera vez ni será la última”.
Como es un problema que lleva “muchos años”, el seguro no cubre las parcelas más sensibles. “Al final te quedas con una mano delante y otra detrás”, señala con la mirada puesta también en las parcelas que, a pesar de haber sido atacadas por conejos, como queda un poco que se puede cosechar, “te dan cuatro duros”.
En su zona, en las inmediaciones del pueblo burgalés de Revilla Vallejera, los agricultores han decidido unirse y pedir ayuda al Ayuntamiento local. Según explica, el año pasado pagaron de sus bolsillos unos 150 euros cada uno por una peritación para demostrar que los daños eran reales, y el ayuntamiento lo comprobó en la contraperitación.
Como solución, el Consistorio, cuando renovó este año el contrato del coto de caza, acordó con los cazadores que hicieran especial trabajo en las parcelas más propensas a conejos, pero el problema es que la Ley no permite cazar en zonas pegadas a carreteras o vías del tren. “Ahí solo pueden entrar los cazadores con hurón y hay muy poca gente que lo trabaje. Además, es muy lento”, lamenta el agricultor, indignado porque la Junta no lo declara como plaga. “Los daños ahí están”, denuncia.
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Mapeo con las zonas más tensionadas
Alejandro cuenta con el respaldo de la Unión de Campesinos de Burgos (UCCL). “Tras seguir recibiendo comunicación de daños en municipios de toda la provincia, consideramos que se debe hacer más trabajo, sobre todo en los reservorios creados en las infraestructuras públicas, como, por ejemplo, carreteras, vías de tren y cascos urbanos en el caso de conejos”, apremia la presidenta de UCCL, Susana Pardo.
En su opinión, la proliferación de especies como topillos, conejos, lobos, ciervos, jabalíes, buitres… —unos cinegéticos y otros no— está propiciando un incremento de daños que no encuentra compensación para agricultores y ganaderos, que se ven obligados a ser los mantenedores de estas especies. “En el caso de la invasión de conejos, se está además permitiendo que proliferen individuos que no son autóctonos, causando muchos daños en cereal y viñedo, favorecidos por terrenos que se han expropiado para infraestructuras y ahora son superficies abandonadas donde crecen a sus anchas”, rechaza.

Madrigueras de conejos en una zona de árboles frutales dañados por su masiva presencia.-ICAL
Preocupados por el peligro que puede suponer tanto en Sanidad como en accidentes de tráfico, UCCL propone que se realice un mapeo de Castilla y León, estableciendo las zonas de tensión por presencia desmesurada de estas especies silvestres, y que se adopten de forma urgente las medidas necesarias para su corrección, incluyendo la responsabilidad de cada titular a la hora de ejecutarlas.
Los insumos amenazan la rentabilidad
Alejandro Castrillo lo tiene claro: la subida de insumos está poniendo en riesgo la rentabilidad de su modo de vida. “En la campaña de cereal, por ejemplo, la producción fue bien y se cogió cantidad, pero los precios no acompañaron y, encima, los costes están disparados: abonos, herbicidas y ahora el gasóleo, en plena campaña de regar y de otras labores de campo como el nitrógeno. Es un desastre”, lamenta, al recordar que el agricultor invierte y paga antes. “Nunca sabemos cuánto vamos a poder recoger ni a cuánto nos lo van a pagar. El riesgo que asumimos es cada vez mayor”, asevera.
En el caso de la alfalfa preocupa la guerra de Irán. “Hasta hace poco, muchas cooperativas de la zona exportaban allí, pero ahora, entre el gasóleo y que va a haber mucha oferta, el precio bajará”, advierte.
En su opinión, el futuro está complicado. “Como la administración y Europa no se pongan las pilas y empiecen a defender de verdad al agricultor y ganadero, el campo español se va a acabar”, insiste.
Ganadería
En la explotación de origen familiar, Alejandro compagina su labor como agricultor con el cuidado de 220 terneros de cebo. “En un cebadero normal, los terneros llegan con 200 kilos y se van con 550, pero, en nuestro caso, hemos optado por meter ganado francés de leche, porque el precio del pastero pequeño está demasiado caro: unos 1.300 euros frente a los 800 euros de leche, y es una diferencia que luego no se nota en la venta final”, detalla.
Alejandro no quiere dejar pasar la oportunidad de expresar su rechazo a Mercosur. “Sabemos que se ha parado, pero la incertidumbre está. Si lo ponen en marcha y entra la carne de Brasil, con sus precios bajos y menos controles, será nuestro fin porque no podremos competir con las mismas cartas”, termina.