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“Le habían comido parte del útero”: un ganadero de Burgos presencia el ataque de más de 50 buitres a una vaca

Víctor Álava lamenta la proliferación de especies transmisoras de enfermedades como jabalíes

Imagen de la vaca atacada por buitres

Imagen de la vaca atacada por buitresV.A.

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Aranda

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No es la primera vez que los buitres atacan a sus vacas, pero en esta ocasión lo ha visto casi en directo. Los hechos ocurrieron el pasado 27 de febrero en el municipio burgalés de Artieta de Mena, en el Valle de Mena. “Estaba echando de comer a los animales cuando vi a un montón de buitres que iban directos a una finca donde también tengo vacas y comenzaban a descender. Fui corriendo y, cuando llegué, era sobrecogedor: más de 50 buitres sobre una vaca que ni siquiera podía ver. Estaban todos encima”, lamenta Víctor Álava.

Según explica, los buitres aprovechan para atacar cuando la vaca entra en la fase final de un parto, porque es “más vulnerable”. “Cuando llegué, la vaca se había intentado refugiar en unas zarzas y seguía con vida. Le sacamos el ternerillo con las manos y entonces vimos la envergadura del ataque: los buitres se habían comido parte del útero. No había nada que hacer, la vaca murió tres horas después”, relata aún conmocionado.

Víctor Álava tiene una ganadería vacuna extensiva y se dedica a la cría de terneros para la producción de carne. “Normalmente los vendemos cuando alcanzan los 250 kilos de peso, que suele ser a los seis meses de edad”, explica.

A la hora de escoger a sus cuatro sementales, antes apostaba por la raza limusín, pero ahora ha cambiado a Angus puro “por la calidad de su carne, la facilidad de manejo, porque tienen buen carácter y por rentabilidad, porque es una raza muy fértil y los partos por lo general son fáciles”.

En su opinión, los ataques de buitres se han acentuado desde que, con la crisis de las vacas locas, se prohibió dejar cadáveres de animales en el campo. “Antes eran aves necrófagas, pero ahora no. Aquí sobrevuelan cada dos por tres y en cuanto ven a una vaca sola, porque cuando van a parir se apartan un poquito, se lanzan”, explica con la mirada puesta especialmente en las vacas con partos complicados. “No suele ocurrir, pero se han dado casos en que, por el esfuerzo, la vaca expulsa, junto al ternero, el útero y la matriz, que son como dos balones de baloncesto. Es un problema que se resuelve porque se cose y, a los 15-20 días, se quitan los puntos; pero, si hay buitres cerca, no hay tiempo: en cuanto dan picotazos, se desangran”, sostiene.

Tras la visita del perito, las esperanzas están puestas ahora en el seguro que tiene contratado ante posibles ataques de fauna salvaje. “No sabemos cuánto cubrirá”, teme.

El consuelo está en que al menos ahora tienen pruebas. “En esta ocasión pudimos hacer un vídeo que no deja lugar a dudas: se ve la vaca malherida y, a menos de 20 metros, el medio centenar de buitres, pero es la primera vez que somos testigos. En otras ocasiones nos hemos encontrado el ternero, pero la vaca muerta, y ahí no puedes demostrar que ha sido un ataque de buitre”, señala con preocupación porque “puede volver a ocurrir cualquier día”.

Junto a los buitres inquietan otras especies transmisoras de enfermedades, como los jabalíes, que hacen estragos en sus campos de hierba, y los tejones, que, aunque no son especie cinegética, transmiten tuberculosis bovina. “Cada vez hay menos caza, porque hay menos afición, porque está ahora mal vista, y la fauna crece descontrolada”, advierte, consciente de que ante un brote de tuberculosis te pueden exigir el vacío sanitario. “A mí afortunadamente nunca me ha pasado, pero cada vez hay más fauna silvestre y es un problema”, insiste.

De cara al futuro no descarta nuevos peligros como el ciervo, que ya está a 10 kilómetros, o el lobo.

Dermatosis

El panorama se complica por la actual amenaza de la dermatosis, una enfermedad vírica grave que propagan los insectos hematófagos como moscas, mosquitos o garrapatas, y que ya ha obligado a sacrificar, la pasada semana, a 281 vacas de Aragón. “Dicen que está controlado, pero eso mismo dijeron hace dos años con la enfermedad hemorrágica epizoótica y entonces fue inevitable: murieron muchísimas vacas en España y generó muchos abortos y faltas de fertilidad”, urge.

La buena noticia llega con el precio de la carne, que “por fin es razonable”. “Hasta hace dos años el precio era ridículo”, afirma. Aunque es cierto que ha subido, la rentabilidad se ve ahora comprometida por el coste de los insumos “que siguen disparados”. “Los piensos, los seguros, las reparaciones de averías de tractores... Es un disparate”, rechaza sin olvidar el verdadero reto: el relevo generacional. “Yo tengo hijos y desde luego no quiero que sean ganaderos. Es un trabajo esclavo y poco reconocido”, termina.

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