El Correo de Burgos

Los vecinos del ARU de Santa Catalina convocan una cacerolada contra el Ayuntamiento de Aranda el viernes a las 12.00 horas

Se eleva la tensión en los bloques de obras ante la llegada de nuevas lluvias esta semana

Los vecinos piden la dimisión del alcalde

Los vecinos piden la dimisión del alcaldeL.V.

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Aranda

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Los vecinos de los bloques de viviendas que están inmersos en las obras de rehabilitación del ARU Santa Catalina hacen un llamamiento a la ciudadanía para que se sume a la cacerolada que van a convocar el viernes, día 9 de octubre, a las 12.00 horas en la puerta del Ayuntamiento de Aranda. “Aquí tiene que dimitir tanto el alcalde, Antonio Linaje, como la concejala de Obras, Ana María Hervás, porque desde el principio no ha existido ningún control de obra”, rechaza uno de los portavoces vecinales, José María Rojas.

La preocupación es máxima, y aunque ayer el sol dio un respiro, las lluvias de este fin de semana han dado buena cuenta de lo que puede ser este otoño. Los nervios están a flor de piel. “El domingo, con todo el agua, se cayó una vecina por las escaleras y está la pobre hecha polvo, sobre todo a nivel psicológico. Tiene miedo, está nerviosa y muy machacada con toda esta dichosa obra”, lamenta la vecina Mari Carmen.

Los nervios están a flor de piel. “Ayer, con todo el agua, se cayó una vecina por las escaleras y está la pobre hecha polvo, sobre todo a nivel psicológico. Tiene miedo, está nerviosa y muy machacada con toda esta dichosa obra”, lamenta la vecina Mari Carmen.

En uno de los pisos bajos vive Priscila, una señora de edad avanzada que, para vivir, depende de una máquina de oxígeno. “He estado todo el fin de semana sacando agua del baño y de las ventanas, que sí, las cambiaron y serán nuevas, pero ahora estoy peor. Cuando me di cuenta, el agua se había metido por el cajón de la ventana, creando un charco justo al lado de la impresora y el ordenador. No podemos seguir así”, apremia con temor porque cada vez que tiene que salir a la calle tiene que pasar obligatoriamente por la rampa de acceso provisional, “que es un peligro”.

Los bomberos acudieron de urgencia el sábado. Ante una tormenta que convirtió las escaleras en cascadas, la prioridad fue colocar plásticos protectores en las torres donde algún día irán los ascensores. Además, colocaron nuevos canalones para facilitar el desagüe y protegieron unos cuadros eléctricos que hasta hace 15 días estaban a pie de calle y totalmente expuestos. Los trabajos se prolongaron desde las 17.00 horas hasta casi la medianoche. La labor contó, además, con el apoyo y la coordinación de la Brigada de Obras del Ayuntamiento y de la concejala responsable del área, Ana María Hervás.

Ante la continuidad de las lluvias, los bomberos volvieron el domingo. “Desde el Ayuntamiento de Aranda de Duero somos sensibles con la situación actual de los vecinos que viven en esta zona del barrio de Santa Catalina. Permaneceremos pendientes en todo momento de la evolución de las obras y actuaremos tantas veces como sea necesario para garantizar el bienestar de los ciudadanos y el progreso de este proyecto”, apuntaba el sábado la edil de Sentir Aranda.

Para los vecinos no es suficiente. “Sabemos que hasta el 30 de octubre no se puede hacer nada en contra de la constructora y queremos pensar que el Ayuntamiento ya está trabajando para sacar adelante una nueva licitación, pero es que todo ha ido mal desde el principio. Queremos saber quién dio la orden de cambiar el proyecto inicial, queremos saber por qué nadie en el Ayuntamiento ni en la dirección de obra, que cobra más de 100.000 euros, comprobó que los trabajadores no estaban dados de alta en la Seguridad Social y, sobre todo, que alguien nos explique por qué, en lugar de hacerlo de forma progresiva, optaron por romper todas las paredes a la vez. No tiene ningún sentido”, rechaza Rojas sin olvidar a un alcalde “que no pisa por aquí”.

La caída de uno de los puntales casi cae sobre un vecino

La caída de uno de los puntales casi cae sobre un vecinoM.C.

José María, Mari Carmen, Rafael, Mariola, Priscila, Mari Cruz o Jesús son parte de las 180 familias que viven en los bloques de la primera fase del Área de Rehabilitación Urbana (ARU), un proyecto ambicioso, financiado en gran parte por los fondos europeos, que pretende reformar por completo el barrio de Santa Catalina. Ellos lo tienen claro, “no vamos a pagar un euro más”, advierten, a sabiendas de que, de los 3.900 euros iniciales que tenían que abonar por piso, ya van por 4.700 euros.

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