El Correo de Burgos

“Con el cereal he perdido dinero. Si seguimos así no tendré otra opción que cerrar”

Juan Antonio Arlanzón trabaja en tres pueblos de Burgos 200 hectáreas de cereal, girasol y veza

Juan Antonio posa en una de sus parcelas

Juan Antonio posa en una de sus parcelasECB

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Aranda

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Juan Antonio Arlanzón lleva trabajando en el campo como único empleo desde que tenía 25 años y, aunque está acostumbrado a convivir con años buenos y malos, el panorama actual le quita el sueño. “Si seguimos así, no tendré otra opción que cerrar”, lamenta.

El año ha sido para él nefasto. “Decir que ha sido desastroso se queda corto, en el cereal he perdido dinero”, afirma preocupado porque tanto él como muchos otros agricultores de la zona han sido testigos de la tormenta perfecta con los insumos disparados y una sequía que ha mermado la productividad de una cosecha cuyo precio “está siendo demasiado bajo” a la hora de vender. “Yo intenté reducir costes, pero ni por esas”, rechaza.

El primer problema es el aumento continuado de costes como el gasoil, los abonos o las reparaciones de la maquinaria, así como de compras como una sembradora, que en pocos años ha pasado de costar 25.000 euros a 50.000 o una cosechadora, que ha subido de 250.000 a 500.000 euros. “Desde que empezó la guerra de Ucrania, hace casi cinco años, cada año batimos un nuevo récord de costes”, señala mientras pone como ejemplo el abono. “En 2022 estaba a 300 euros la tonelada y ahora no baja de 700. Es tremendo”, rechaza sin olvidar otro componente esencial, el gasoil. “Cuando estaba a 80 céntimos el litro ya era caro, pues ahora está a 1,70. No hay quien coja el tractor”, añade.

En su zona, él trabaja entre Ciadoncha, su pueblo, Villariezo y Quintanadueñas. La tierra no da para más “porque las medias son las medias”. “Tiene que venir un año récord para sobrevivir porque en el campo ya lo sabemos, con el año bueno aguantas el malo, pero es que ahora ni en los buenos logras rentabilidad porque te comen los costes de producción”, denuncia.

El ejemplo se vio el año pasado. “La cosecha fue muy buena en cantidad, pero el precio fue desolador y eso, tras un año de trabajo, es muy duro de asimilar”, rechaza.

Por todo ello, Juan Antonio es uno de los cientos de agricultores que esta semana se desplazaron a Madrid para exigir soluciones a un campo que “no puede más”. “Lógicamente se suspendió por el terrible accidente de tren, pero seguiremos reivindicando porque nuestra vida también depende de ello”, afirma.

La veza, una alegría corta

En su caso concreto, el único cultivo que le ha dado una alegría ha sido la veza, “pero solo tengo 15 hectáreas”. “El girasol ha ido regular, pero lo peor ha sido el cereal y eso que el año empezó muy bien, con un invierno lluvioso que apuntaba a una cosecha muy buena. Pero dejó de caer agua, empezó a hacer mucho calor todos los días durante tres semanas y lo dejó todo machacado”, asegura a sabiendas de que en otras zonas han podido dar parte al seguro. “En mi caso, la cosecha ha ido justo a ras del límite que pone el seguro para indemnizar, así que no tengo nada”, lamenta.

Con el grano metido ya en los almacenes, su consejo pasa por esperar a vender. “Estaba a 198-200 euros/tonelada y ahora ha subido un poco más. Yo voy a esperar a ver si sigue subiendo porque, si no, perderé dinero”, analiza.

En su opinión, con la tesitura actual, el precio debería rondar los 300 euros/tonelada, pero es un precio al que “no se ha llegado nunca”. “Al final, todos estos factores te obligan a cambiar la metodología de trabajo y, aun sabiendo que redundará en la productividad de la cosecha, no va a quedar otro remedio que trabajar el campo lo menos posible; es decir, siembra directa y los mínimos fertilizantes. Si salen malas hierbas, tocará rezar, pero no podemos acumular más años de malos precios y costes altos”, asevera sin olvidar la burocracia. “Yo no sé desde qué sillón deciden las cosas, pero nosotros tenemos que estar en el campo, cuidando nuestros cultivos. No podemos estar todo el día, como nos exigen, con papeles y más papeles”, censura.

La PAC, que durante años se ha alzado como flotador de los agricultores, ahora llega con la amenaza de un nuevo recorte. “Si se aprueba, será la puntilla para el campo porque ya con lo que recibimos ahora no nos da ni para pagar el abono, cuando antes nos ayudaba a soportar los años malos”, rechaza.

Mención especial merece Mercosur y la permisividad con la que, en su opinión, actúa Europa, posibilitando que entren en España productos que previamente han sido tratados con fitosanitarios prohibidos aquí desde hace décadas. “No solo supone una competencia desleal absoluta, también pone en riesgo la salud de los consumidores con productos que, ya se sabe, porque por eso se prohibieron, son cancerígenos, pero aquí no pasa nada y Mercosur es una puerta más a intoxicar a la gente”, denuncia.

Juan Antonio confía en poder seguir viviendo de sus cultivos y de su trabajo diario. “Yo dejé mi trabajo en mantenimiento electrónico cuando tenía 24 años porque tenía claro que quería trabajar y vivir en el campo como lo hicieron mis padres. Ojalá pueda seguir haciéndolo”, termina.

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