El Correo de Burgos

“Los ganaderos hemos perdido el contacto con los carniceros de la zona por el cierre de los mataderos”

Estrella Pérez compagina su cabaña ganadera con viñedo y cereal en Fuentenebro

Estrella Pérez posa con sus vacas

Estrella Pérez posa con sus vacasL.V.

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Aranda

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Con 90 vacas nodrizas en Fuentenebro (Burgos), la ganadera Estrella Pérez García lo tiene claro: “Lo que más rabia me da es que mis animales se vayan siempre fuera, a Lugo o Madrid”.

Según explica, desde que cerraron primero el matadero de Aranda y luego los de Sepúlveda, Cantalejo y Salas, solo queda uno en Riaza, y “hemos perdido el contacto directo con el carnicero y con los pueblos de la zona”, lamenta, sin olvidar otra cuestión que afecta de forma directa a la gestión de la explotación: el tiempo. “Mi padre vendía a los carniceros cada semana, pero ahora tienes que esperar a que llenen el camión”.

La cabaña ganadera está formada por 90 vacas nodrizas, tres sementales y un cebadero, desde donde salen a la venta los terneros con 12- 18 meses y con un peso que oscila entre los 350 y los 400 kilos. Además, gestiona 16 hectáreas de viñedo, de las cuales 8 son en propiedad, y 120 de cereal.

Aunque Estrella se ha criado entre ganaderos y agricultores, estudió Administración de Empresas y trabajó durante años en una oficina. “Lo dejé porque veía que el legado que dejaron mis bisabuelos, mis abuelos y mis padres se iba a perder, y decidí dar el paso, primero plantando viñedo propio y luego asumiendo el campo de mis padres y la cabaña ganadera”.

El salto, como casi siempre ocurre, daba un poco de respeto. “Yo conocía más o menos el trabajo ganadero porque ayudaba a mis padres, pero no entraba en el detalle y lo fui aprendiendo poco a poco”, subraya, agradecida especialmente a Carlos Pecharroman, el pastor. “No solo saca a las vacas todos los días, también me ha enseñado todo lo que sabe, que es mucho”.

Ahora, además, se ha unido su pareja, José Antonio Hernando. “Como en mi caso, su profesión tampoco tenía nada que ver con la ganadería y la agricultura, pero le he convencido y estamos haciendo la titularidad compartida”.

Deporte obligado

En su explotación no hay opción. “Salvo las que acaban de parir, que se quedan, las vacas salen a diario, y lo hacen por dos motivos: el primero, para que complementen la alimentación que les damos de forraje y paja, y el segundo, porque necesitan moverse. Tenemos comprobado que el ejercicio les ayuda luego a parir mejor”.

El ciclo es completamente natural. Las vacas conviven con tres sementales, dos de la raza Angus y uno Flevick, “y ellos se organizan”. “Lo normal es que la novilla tenga su primera gestación a los 20 meses y, luego, duren mucho. Pueden ser fértiles hasta los 18 o 20 años. Algunas incluso llegan a los 25”.

A la hora de reducir el riesgo de mortalidad en los partos, es importante escoger un toro acorde, para que las crías no salgan muy grandes. “Desde que empecé en 2018, creo que solo ha habido dos vacas que no se han preñado en dos años. Normalmente, no suele haber problemas”.

La amenaza del mosquito EHE

Desde hace unos años, preocupa el mosquito EHE, una enfermedad que hincha las articulaciones de las vacas, sobre todo las patas, y las hace salivar, creando úlceras y fiebres altas. “Se quedan muy delgadas porque no comen”, asegura. Ella lo sabe porque lo sufrió en su explotación hace dos años. “Por suerte, tuve al veterinario de Moradillo de Roa, Luis Sanz, que es una eminencia, y con la combinación de medicamentos se recuperaron muy bien. Salvo algún aborto que hemos visto después, no ha habido consecuencias mayores que se hayan detectado, pero es verdad que lo pillamos muy a tiempo”.

Un precio esperanzador pero una burocracia que asfixia

La tranquilidad llega al hablar del precio en lonja. “Desde diciembre, el mercado de venta está bien”, destaca, consciente de que no siempre es así. “Hemos pasado años de penurias en los que pensábamos que había que cerrar”, señala, con la mirada puesta en las subidas del precio del pienso provocadas por la guerra de Ucrania y en un precio de lonja que, durante mucho tiempo, no ha compensado. “Desde el incremento del precio del pienso, lo que estamos haciendo es convertir nuestro cereal, que no está siendo muy rentable, en forrajeras”, detalla.

Con el precio más equilibrado, Estrella mira al futuro con relativo optimismo. “Todos sabemos que aquí hay años malos, años buenos y años regulines. Es como el cereal, nunca sabes, pero creo que, si la administración nos deja, saldremos adelante”.

Y es que, palabra de administrativa, la burocracia está suponiendo un verdadero desafío. Según explica, junto al papeleo, que es “asfixiante”, lo peor son los tipos de contrato que hay en el sector del campo. “Aquí solo podemos contratar a jornadas; no hay medias jornadas, y muchas veces es lo que yo necesito, un apoyo puntual. Estos contratos no se ajustan a lo que necesitamos”, denuncia con la esperanza de que la burocracia sea además más flexible en plazos. “Con solo siete días para tramitar el alta de una vaca, muchas veces no es suficiente, porque si se te complica el día a día, con partos o algo así, no llegas y te sancionan sin remedio. Parece que quieren que cerremos. Yo les pediría que nos valoren un poco más, que del campo comemos todos”, termina.

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