TROZOS DE VIDA TALLADA
Corazones de madera y naturaleza pueblan el Monasterio de San Juan
José Antonio Andrés reúne en el recinto una amplia colección de tallas nacidas de diversas maderas. La exposición podrá visitarse hasta el día 6

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«La madera me fascina, será porque es un ser vivo y como tal te sorprende siempre por el colorido, las formas y sobre todo, porque se empeña en mantener sus propias texturas, y es por eso que la prefiero antes que muchos otros materiales». Así de categórico se muestra José Antonio Andrés al preguntarle el porqué de que la totalidad de las obras que componen su exposición -que hasta el día 6 de junio puede verse en el Monasterio de San Juan- sean talladas en madera.
Y la muestra es igual de contundente. Compuesta por casi medio centenar de obras, el conjunto se convierte en un elegante muestrario de arte en madera donde cedros, nogales, sabinas, robles americanos, castaños, olivos, tejos o ciruelos rojos son la esencia.
Confiesa que a pesar de escoger siempre maderas nobles, «muchas son las obras que nacen de troncos que me traen amigos y convecinos del paraje natural en el que vivimos», confiesa el artista, a la par médico rural en la zona de Cantabria.
Amante de la naturaleza, el artista maño no duda tampoco en dejar en su obra esa aportación de la naturaleza a la obra, convirtiendo sus tallas en un binomio artístico 'a tres manos': las propias y la que imprime la naturaleza, dando lugar a aristas y vetas escondidas entre los pulidos y alisados creados por la mano paciente de Andrés Vera.
La muestra que estos días expone en Burgos es en verdad, el fruto de más de 25 años de trabajo de tallado, al que llegó después de trabajar con otros muchos materiales. Entre ellos no han faltado el hierro o la piedra, siendo ésta última la que le llevó hace unos años a juguetear con el alabastro.
«De hecho, en esta muestra he querido incluir algunas obras fruto de la unión de éste con maderas, ya que es casi tan ductil y blando como lo es la madera, así que por qué no unirlos». Y la idea no fue nada mala sobre todo tras ver las obras nacidas de la combinación, como son Paloma de alabastro o Flor de alabastro, donde se alían a la perfección el blanco pétreo con el dorado del nogal.
Formas escondidas
En cuanto a los motivos de sus obras, como amante confeso del volumen que es no se recata en explicar su atrayente atracción por las curvas. «Y hablar de curvas es hacerlo de cuerpos femeninos, de tersura y superficies lisas, en contraposición a la rudeza y trazado 'agreste'que se une a la rotundidad del cuerpo masculino». De ahí sus Sirena, Contoneo o Muchacha inocente.
Sin embargo a éstas se unen Niña con coletas, Bisonte o Árbol donde el autor muestra su interés, siempre desde la primacía del volumen y la tersura en el acabado, por jugar con las formas aunque con la total ausencia de las rectas y frías aristas.
Reconoce que no duda así en jugar con la figura abstracta pero incorporando alguna forma que, con ayuda de pliegues «o de las sombras que puede hacer el colorido de la propia madera, ayuden al espectador a ver formas. «Como se entreven en las nubes o las sombras de una pared, todo está en imaginar», afirma.