BURGOS / Exposición
Desnudos para la evocación
Eduardo Medrano se regodea en el cuerpo humano en 50 pinturas que juegan con texturas, color y dibujo

Eduardo Medrano, junto a dos de las pinturas expuestas, de los últimos meses.-Raúl Ochoa
La luz cálida del Mediterráneo y la fría y terrosa que nace en la raíz de la sierra burgalesa alumbran los desnudos en los que se recrea Eduardo Medrano en Magia entre figuras, la exposición de pinturas que ocupa el Monasterio de San Juan hasta el 8 de marzo.
Curvas marcadas en negro, brochazos de una variada paleta cromática, mujeres sin rostro, texturas terrosas enriquecidas con resina de los pinos de la sierra o de la ceniza de la cocina económica de su casa de Neila, donde tiene el estudio, pinturas bañadas por la luz blanca del mar, donde pasa sus veranos,... Los desnudos de Eduardo Medrano tienen un color especial.
Las figuras actúan ajenas a la mirada del pintor, a la del espectador. «Son sensaciones soñadas, vividas, que a cada persona le evocarán distintas escenas de su vida, agradables o no», apunta consciente de las connotaciones que el desnudo ha tenido a lo largo de la historia, entre el escándalo y la pureza.
Las recorre cual mago y a cada golpe de su varita adoptan distintas formas: irrumpen solitarias, se enredan en un grupo casi escultórico, se insinúan pudorosas o se exhiben descaradas, piensan, posan, juegan... Ahí, dice, está la magia que sugiere el título. «Me interesa la diversidad. Cada cuadro es distinto. Es una constante transformación», amplía el pintor que ansiaba unir abstracción y figura, regodearse en volúmenes, gestos, expresividades, texturas...
En este baile de figuras humanas, solo dos se escapan a la línea mayoritaria: un retrato al detalle, un primer plano de un rostro luminoso, y un paisaje en el que se adentra una aún pequeña silueta negra, un «capricho» del paseante que es este profesor del Simón de Colonia. «Me da tranquilidad, calma, me deja pensar».
El artista reúne la obra realizada en los últimos dos años y medio, un viraje total de su última producción, centrada en la geometría abstracta. Lo suyo es una persecución permanente.
«No quiero quedarme inmóvil, intento investigar nuevas temáticas, pero también recursos diferentes, con resultados que puedan sorprender al espectador, si no lo consigues todo esto no merece la pena», observa y cree que aún le queda mucho por experimentar en esta línea -ahora está encandilado por las posibilidades del color- y que, aún duda, puede derivar en la abstracción. O no. «El azar tiene mucho que decir en la pintura. Vivo en una lucha continua con ella», confiesa y blande de nuevo su varita mágica misterioso.