El Correo de Burgos

El duque de Lerma, personaje de novela

Teo Palacios narra el ascenso y caída política y personal del valido de Felipe III en ‘El trono de barro’, que presenta hoy en la villa ducal

Teo Palacios.-

Teo Palacios.-

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A.S.R.
Burgos

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La misma puerta que se abre en la alcoba de Francisco de Sandoval en medio de un tórrido lance amoroso para anunciarle la muerte de su padre permite al lector colarse en la vida de quien se convertiría en valido del rey Felipe III de la mano del escritor sevillano Teo Palacios. Un viaje a Lerma durante la Semana Santa de 2008 le llevó a investigar a este personaje y descubrir que su historia no solo daba para una novela, sino para varias. Ese convencimiento alumbra El trono de barro (Editorial Edhasa), que hoy presenta oficialmente en el Palacio Ducal de Lerma (19 horas), escenario por el que además del protagonista del libro pasaron los reyes y casi todos los personajes que alimentan estas páginas.

«Igual se presenta alguno. Sería interesantísimo», bromeaba ayer el autor por teléfono de camino a la localidad burgalesa desde tierras sevillanas.

Un viaje similar realizado hace siete años es el origen de la que es la cuarta novela del escritor sevillano. «Todos hemos estudiado la época en el colegio, pero uno termina por olvidar estas cosas y en esa estancia yo redescubrí al duque. Ahí había una serie de novelas y finalmente me decidí a narrar su vida», comenta y añade que, precisamente, le atrajo ese olvido al que parece haberle condenado la historia.

«Me llamó la atención que fuera posiblemente el personaje más importante de su época y hubiera pasado sin pena ni gloria y prácticamente nadie lo recordara», observa empeñado en el rescate del valido de Felipe III poniendo negro sobre blanco su ascenso y caída tanto política como personal, que ambas partes ha exprimido, trufadas con una historia paralela de timadores que refleja el día a día entre el siglo XVI y el XVII.

Esa investigación le ha llevado a descubrir en Francisco de Sandoval si no al primero de los corruptos, sí a uno de los más importantes. «Ríete de Bárcenas, de Rato y de toda esta gente», apostilla Palacios, sorprendido de «todos los casos de corrupción en los que estuvo envuelto, la cantidad de ministros a los que se tuvo que encarcelar e incluso dar muerte por este tema, el modo en el que él se libra convirtiéndose en cardenal de la ejecución...».

Porque el duque de Lerma fue ambicioso y muy inteligente: «Una de las cosas que más me llamó la atención durante el proceso de documentación fue su capacidad para ver a largo plazo. Él sabía que no iba a acabar bien y durante mucho tiempo estuvo insistiendo en Roma para que se le nombrara cardenal. Pocos meses antes de que fuera expulsado de la Corte lo consiguió y de ese modo se libró de ser juzgado, pero no de ser echado del centro de poder».

Mientras en su esplendor el nombre de Felipe III destaca entre todos, en su ocaso sobresale el empeño de la reina Margarita de Austria.

«Va a ser su principal enemigo hasta su fallecimiento. E incluso en su lecho de muerte solicita a sus más íntimos colaboradores que acaben con él».

El trono de barro enciende el foco en Francisco de Sandoval como miembro de la Corte, pero también se mete en su alcoba. La crónica rosa de su vida no es menos jugosa que la política. Tres nombres propios aparecen en el corazón de este personaje de novela: Juana Maldonado, su amante en la ficción, una lavandera «que a la postre va a tener mucho que ver en su caída»; Catalina de la Cerda, con la que se casa en un matrimonio interesado para salir de su ruina económica en los albores de su carrera y que, aunque no debió ser la estampa de la felicidad, sí que «remaron en la misma dirección y juntos consiguieron cosas importantes»; y la condesa de Valencia, a la que corteja tras quedarse viudo. «Creo que sí fue el gran amor del duque de Lerma, pero su hijo, Cristóbal, el primogénito, no veía con buenos ojos que su padre se volviera a casar y cuando ya estaban prometidos formalmente el duque se vio obligado a romper ese compromiso para no desairar más a su vástago, con lo que se ganó muchísimos comentarios en contra, incluidos los de la propia condesa, que llegó a decir que prefería ir al infierno antes que volver a tener tratos con él».

Amores y desamores, intrigas palaciegas, ambición de poder, afán de riquezas, corrupción, enfrentamientos... La vida del duque de Lerma es carne de culebrón y ya pasto de novela.

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