El Correo de Burgos

Salón del Libro Infantil y Juvenil

Las pequeñas también cuentan

Las editoriales más modestas protagonizan el mercadillo instalado bajo la cubierta en el que participan seis librerías burgalesas hasta hoy

Los libreros destacan la calidad de los trabajos de estas pequeñas empresas editoriales.-Santi Otero

Los libreros destacan la calidad de los trabajos de estas pequeñas empresas editoriales.-Santi Otero

Publicado por
A.S.R.
Burgos

Creado:

Actualizado:

El Monasterio de San Juan vive un otoño de cuento y se adentrará en el invierno arrastrando mil y una historias. El Salón del Libro Infantil y Juvenil continúa sus andanzas entre sus nobles piedras con Julio Verne a la cabeza de esta aventura. Estos días vira el timón y atiende a las pequeñas editoriales en lo que se ha denominado la Semana de las Ilusiones, orquestada por la Asociación Provincial de Libreros.Seis socios -La llave, La silla mágica, Luz y Vida, Octavos, Lyda y Amábar- extienden el género bajo la nueva cubierta del cenobio con especial atención a los volúmenes alumbrados por Apila, Takatuka, Patio, La Guarida, Nandibú, Libros del Zorro Rojo, Cosquillas, Sallybooks, Blackie Books, Páginas de Espuma, Ediciones Tralarí, Parramón, Bululú y Bambú.«Nosotras trabajamos mucho con editores muy pequeños, que no suelen funcionar con los canales habituales de distribución del libro, tienes que ir a buscarlos a su casa, pero es un mercado muy importante porque esas editoriales independientes realizan unos trabajos de muy alta calidad. Supone un esfuerzo buscarlos, pero el resultado es muy positivo y los clientes lo aprecian», expone Silvia Cernadas, copropietaria de La Silla Mágica, especializada en literatura para niños.De San Pedro de la Fuente a Gamonal. La otra librería infantil burgalesa es La llave. Su dueño, Víctor Adot, coincide con su colega y destaca el mimo de estos pequeños sellos. «Son muy buenos, cuidan mucho todo el producto, los cuentos son de calidad y las ilustraciones, también», apunta al tiempo que espera que este capote aumente su visibilidad: «Ahora mismo no están en muchas librerías, pero tampoco en bibliotecas públicas ni colegios. Queremos que padres y docentes sepan que existen, que vean que hay editoriales que hacen cosas diferentes, más allá de las grandes y de los personajes que se anuncian en la tele».El también vicepresidente del gremio de libreros rehúsa hacer balances de la feria hasta que termine. Ayer reconocía que, hasta el momento, había estado tranquila, pero también confía en que el proyecto vaya adelante. «Ilusión y entusiasmo a los libreros nos sobra», advierte con optimismo y seguro de que ha sido un acierto.Su condición de primera edición, su celebración durante un fin de semana a las puertas de un puente escolar, las bajas temperaturas -a pesar de la vidilla del astro rey- y la entrada en acción de la pista de hielo instalada a la misma puerta juegan en contra de esta actividad que se estrena floja de público, pero con aplausos y con deseos de que continúe.«La iniciativa es muy buena. Solo necesita tiempo para afianzarse y experiencia para ajustarlo todo. Estamos muy contentos», dice Cernadas realmente ilusionada e intentando entrar en calor con las estufas instaladas en cada uno de los puestos.Junto a estas pequeñas empresas hay lugar igualmente para la nostalgia. La librería de viejo Lyda hace un guiño a los más mayores del lugar con algunos volúmenes de la desaparecida editorial burgalesa Hijos de Santiago Rodríguez. Sus libros atraían miradas ayer por la mañana. Muchas aquejadas ya de cataratas.A este mercadillo de ilusiones no hace falta acudir con dinero en el bolsillo. Se puede pasear, mirar y ver la exposición de ilustraciones originales creadas para Cosquillas firmadas por José Luis Ocaña, Jorge Valero, Carmen Queralt, Anabel Juste y Javi Hernández.Y siempre quedará adentrarse en el claustro de San Juan, dar la mano a Verne y viajar al centro de la tierra, encerrarse en el Nautilus y acompañar al capitán Nemo, hundir los pies en la nieve con Miguel Strogoff o coger la brújula y dar la vuelta al mundo en 80 días con Phileas Fog y su troupe. O vivir una historia de cine con los Hermanos Reynaud.Una historia de cine

Quizás Julio Verne llegó a conocer el taumatropo, uno de los artilugios precedentes del cinematógrafo. Quizás. Se inventó cuatro años antes de su muerte. Con lo que no alcanzó a maravillarse fue con el zoótropo, el fenaquitiscopio o el praxinoscopio. Aparatos que están al alcance de la mano de los curiosos en el Monasterio de San Juan. La Compañía de Títeres Errantes monta su propia Feria de las Ilusiones, una colección de juguetes ópticos y engaños visuales sin secretos para los hermanos Reynaud, moradores de este carrusel de inventos del siglo XIX que dieron lugar al nacimiento del cine y de los dibujos animados.El encanto de los felices años veinte parisinos visten este tiovivo de ilusiones con reproducciones de los diseños originales.«El objetivo es que entren, miren, toquen, jueguen y disfruten», expone Roberto Alonso, que encarna a uno de los hermanos Reynaud, mientras manipula el taumatropo, zoótropo, fenaquitiscopio y el praxinoscopio. No así el cinematógrafo. Delicado e intocable.Este peculiar carromato también se quita el sombrero ante los pioneros del séptimo arte. Los hermanos Lumière, su contemporánea Alice Guy Blaché, productora y directora de cine a la que la historia ha relegado a un segundo plano por ser mujer, o el español Segundo de Chomón. Aquí tienen su hueco.La Feria de las Ilusiones, estrenada el jueves, se despide hoy (de 11 a 14 horas, 2 euros por persona, paquete familiar para cuatro miembros, 6 euros), pero volverá durante las vacaciones navideñas. La roulotte aparcará los días 27, 28 y 29 de este mes y 3, 4, 7 y 8 de enero.

tracking