Sangre, miseria y sueños de libertad: el lento germen de la revolución rusa
Sergio Izquierdo Betete y Álex Rozados presentan, el sábado 19 de octubre en la biblioteca La Maldita de Gamonal, 'Y llegó la tormenta': un cómic trepidante sobre los antecedentes y consecuencias del asesinato del zar Alejandro II

Sergio Izquierdo Betete y Álex Rozados, coautores de ‘Y llegó la tormenta’.
El imperio ruso no cayó de la noche a la mañana. Eso lo sabe cualquiera, pero casi todo el mundo se retrotrae a principios del siglo XX. Había hambre, atraso, represión. Un enorme caldo de cultivo que culminaría con la revolución bolchevique de 1917. Sin embargo, las semillas de resistencia al zarismo se plantaron mucho tiempo antes, en aquel convulso siglo XIX que vio nacer a grandes pensadores. Confrontando ideas, métodos y asumiendo la muerte con un necesario precio a pagar por transformar la realidad.
Y llegó la tormenta. Inmejorable título para la nueva novela gráfica del guionista burgalés Sergio Izquierdo Betete y el ilustrador gallego Álex Rozados. Vuelve el tándem que recreó las andanzas de Diego Marín Aguilera en Memorias del hombre pájaro. Esta vez con una historia mucho más enrevesada, que «se necesita leer con tranquilidad», en la que ambos se adentran en ese maremoto que, poco a poco, hizo tambalear los cimientos de la tiranía Romanov. Y ojo, porque lo que se cuenta -a través de múltiples y acertados saltos en el tiempo- es el asesinato del zar Alejandro II.
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Editado por Reino de Cordelia y recién salido del horno, el cómic se presenta este sábado 19 de octubre, en la biblioteca La Maldita de Gamonal, a las 12 del mediodía . Allí estarán Izquierdo y Rozados, junto al poeta Conrado Santamaría , dispuestos a desgranar un «relato lejano, con muchos personajes entrelazados, que nos habla del alma humana y de cómo determinadas decisiones tienen determinadas consecuencias».
Esa sería, a grandes rasgos, la panorámica de Y llegó la tormenta antes de navegar por sus páginas. Lo que está claro, tal y como apunta el guionista, es que hay un protagonista principal: Serguéi Necháyev. Desconocido para el gran público, nos encontramos ante un «personaje fascinante» y prácticamente «inclasificable». A veces seduce, otras repele. Su máxima vital es que «el fin justifica los medios» y hace lo que sea por cumplir sus objetivos. Incluso «asesinar a un miembro de su grupo porque cree que es un espía, aunque muy probablemente fuese por un problema de liderazgo o de disidencia interna».
Puede que los autores se hayan tomado licencias tanto en diálogos como en escenarios, pero los hechos narrados surgen de un profundo trabajo documental que arrancó hace más de tres años. El punto de partida, la obra teatral Necaev del italiano Franco Tirendi. Bendita casualidad, Izquierdo la compró en Turín hace un montón de años. Atraído por el magnetismo -para bien y para mal- de Necháyev, quiso ampliar el contexto, abarcar un mayor número de personajes y rendir tributo a todas aquellas mujeres que jugaron un «papel fundamental en los movimientos revolucionarios rusos de finales del siglo XIX». Tras el 'sí' del editor Alfredo María Bonnano, editor del texto de Tirendi, él y Rozados se pusieron -definitivamente- manos a la obra.
Emerge en este cómic una «figura fascinante», la de Sofya Peróvskaya. De orígenes aristocráticos, incluso «con título de princesa porque su familia estaba vinculada con Catalina la Grande», fue la primera mujer condenada a muerte en Rusia. Y aunque «todo el mundo recuerda a su marido, Andrei Zhelyabov, como el líder de Narodnaya Volya (La Voluntad del Pueblo), de alguna manera era ella el espíritu de todo». Aparte, se recoge un episodio cuanto menos curioso de su infancia, cuando salvó la vida a un niño, llamado Nikolai Muravyov, que años después no tendría clemencia con ella.

Portada de 'Y llegó la tormenta'.
Tampoco podía faltar Mijaíl Bakunin en este cruce de caminos que abarca desde el propio imperio hasta el exilio. Sin duda, uno de los apartados más interesantes de Y llegó la tormenta es el encuentro, en Ginebra, entre Necháyev y el revolucionario anarquista. Corre el año 1869 y un joven idealista seduce al veterano pensador, con demasiadas piedras ya en su mochila, a base de «mistificaciones y exageraciones». A partir de ese instante, se establece una relación paterno-filial que termina en desengaño por parte de Bakunin, llegando a calificar a Necháyev como «la única persona que deliberadamente tanto daño le había hecho». Aun con todo, hizo lo que estuvo en su mano para evitar su extradición a Rusia cuando fue detenido.
Muchos vericuetos en una época que no se puede contar deprisa y corriendo. Sí resumida, con gran lujo de detalles pese a las limitaciones del formato, tal y como han hecho Izquierdo y Rozados. Una pena, confiesa el guionista, dejarse algunas cosas en el tintero tras un breve esbozo. Por ejemplo, las argucias de Alexander Mikhailov para «meter una especie de topo en la policía secreta del zarismo». O la aparente locura de Nikolai Ivanovich Kibalchich, que «cuando le van a condenar a muerte por su vinculación con el grupo que mató al zar se pone a diseñar una especie de propulsor aeronáutico».
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Hambre, represión, sabotajes, traiciones... E infinitas ansias de libertad. Todo eso muestra, tanto fuera como dentro del texto, Y llegó la tormenta. Y también revela, partiendo de lo que Sofya Peróvskaya le transmitió a Piotr Kropotkin, que «a lo mejor es necesario que sucumba una generación entera de revolucionarios porque lo que estamos haciendo merece la pena». Juicios de valor aparte, quienes pusieron el cuerpo contra el zarismo quisieron dar un «empujoncito a la historia».