A Sako: amistad por encima de todo en una despedida repleta de «sorpresas»
La banda burgalesa dice adiós este sábado, en el Andén 56, arropada por Skaifas y Oslo Ovnies. «No nos gusta dejar las cosas a medias. Mejor acabar de una forma bonita»

La banda burgalesa a A Sako se despide de los escenarios tras nueve años de andadura.
Nueve años de alegrías, algún que otro sinsabor y esfuerzo colectivo dan para mucho. Multitud de recuerdos en el seno de A Sako, una «gran familia» que, a principios de diciembre, anunció sorpresivamente su despedida. Un «adiós definitivo», al menos por ahora, pero con buen sabor de boca. Sin malos rollos entre sus integrantes, todo lo contrario. Iván, guitarrista de la banda, lo deja meridianamente claro al indicar lo mejor de esta intensa andadura: «Haber cumplido sueños rodeado de mis amigos».
Se cierre o no la puerta de su local de ensayo, los A Sako quieren irse a lo grande. Con un concierto, este sábado a partir de las 21 horas en el Andén 56, junto a Skaifas y Oslo Ovnies. Nada tienen pensando Iván, Christian (voz), Pablo (batería) y Charles (bajo) de ahí en adelante. Lo primordial ahora mismo es ofrecer un bolo «increíble», el mejor de su vida hasta la fecha. Habrá «sorpresas», como es lógico, y están plenamente convencidos de que el público «no va a salir indiferente». Si hay que despedirse, que sea haciendo ruido en la mejor compañía posible.
El «estrés» y las «ganas» conviven desde que el grupo anunció su disolución. Hará falta «un tiempo para asumirlo», pero la decisión está tomada. No por capricho, sino por necesidad vital. El «runrún» empezó a ser palpable hace un año más o menos. Por «diferencias» creativas, en gran medida, y por otra serie de factores como el «nivel de compromiso» que exigía el proyecto y la dificultad, cada vez mayor, de compaginar música y vida laboral. El pistón fue bajando poco a poco y en un momento dado hubo que tomar una decisión. Al final, todos estuvieron de acuerdo en que «no nos gusta dejar las cosas a medias».
«Mejor acabar de una forma bonita», proclama Iván. Sus palabras desprenden cierto alivio porque «han sido años duros de exigencia», aunque salta a la vista que dar este paso era de todo de menos sencillo. De hecho, no fue hasta el pasado verano cuando empezaron a «visualizar el fin».
Resulta inevitable seguir echando la vista atrás. Dos discos (Discordia y Hasta que las voces griten), la posibilidad de girar «por media España» y «lo máximo» a lo que cualquier músico aspira: «que alguien se sienta identificado contigo». Soñaron con «llenar el WiZink» y se esmeraron a tope en lo suyo a base de guitarrazos y melodías que resuenan una y otra vez en el oyente. Quien no sueña, no lucha. Y aunque al final no haya podido ser, se sienten afortunados de lo alcanzado por méritos propios porque «nadie nos ha regalado nada».
Lo que sí logró A Sako fue llamar la atención en la escena burgalesa. Ver a cuatro chavales haciendo punk-rock en los tiempos que corren es, por desgracia, una rara avis. Desde el instituto hasta el día de hoy, con el apoyo de bandas como Eslabon o Jorge Matute (La Puerta Negra), se enorgullecen de «no haber entrado en la vorágine de pisar a todo el mundo». Siempre a lo suyo, mirando hacia delante, intentaron abrirse paso en un mundillo en el que, salvo honrosas excepciones, «nadie apuesta por los grupos emergentes».
Esa es la realidad. Sin acritud, pero sí diciendo lo que hay, Iván sabe de sobra que la mayoría de festivales tiran de «las mismas bandas que llevan girando 30 años». También que sin marketing «no eres nadie». Triste pero cierto, la «confianza ciega no existe» y la gran mayoría «se queda con la verdad de las redes». Lo que viene a ser el postureo de toda la vida, ahora a través de una pantalla, para «mostrar que somos los mejores aunque luego sea mentira».
Se acabó lo que se daba. Quizá sepa a poco, pero chapó por esos dos discos que ya son eternos. Es hora de echar los últimos bailes con A Sako. Y con Skaifas, que «están llamando mucho la atención». Y con Oslo Ovnies, amigos desde hace tiempo con los que, por fin, podrán compartir escenario. Después de esta noche, quién sabe lo que esta por venir. Y si llega (eso seguro), bienvenido sea.