El Correo de Burgos

El poder transformador del arte popular

Al hilo del reciente estreno de la película 'Esas cosas pasan', Santiago Cartujo y Encarna Aguilardz organizan una variopinta y sugerente exposición exprés en Índalo hasta el 31 de enero

Ramón Chomón, Encarna Aguilardz y Santiago Cartujo, en el Taller Índalo.

Ramón Chomón, Encarna Aguilardz y Santiago Cartujo, en el Taller Índalo.SANTI OTERO

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La idea surgió de manera natural, en un bar, al poco de estrenarse Esas cosas pasan en los cines Van Golem de Burgos. El director, Santiago Cartujo, comentaba lo «feliz» que se sentía con la respuesta del público cuando su buena amiga -y coprotagonista del film- Encarna Aguilardz le planteó lo siguiente: «¿Por qué no hacemos una exposición de gente relacionada con la película?». Dicho y hecho, tiraron de contactos para ponerse manos a la obra. 

El lugar estaba claro, ambos lo sabían. Encarna, encantada, puso su querido Taller Índalo a disposición de los artistas. La muestra, presentada el miércoles en sociedad, permanecerá abierta hasta el 31 de enero. Formato exprés, sí, pero «la primera de muchas» porque le entusiasma compartir el talento propio y ajeno. 

Acudimos a la inauguración antes de que la gente (artistas, invitados y curiosos) empiece a llegar. Encarna, exultante, ejerce de guía mientras el fotógrafo -a la par que farmacéutico- Ramón Chomón conversa con un vecino del barrio que se ha acercado a ver las obras en primicia. Al cabo de un rato, Cartujo hace acto de aparición mientras la responsable de Índalo continúa desgranando con pasión el trabajo de cada uno de los participantes. 

Dos asistentes en la inauguración de la muestra sobre la película 'Esas cosas pasan'.

Dos asistentes en la inauguración de la muestra sobre la película 'Esas cosas pasan'.SANTI OTERO

Arrancamos con Javier Romo, el «actor fetiche» del cineasta burgalés y amigo suyo de toda la vida. Viñetas de cómic en color, sobre vinilos, con Cartujo como protagonista. Retazos de una vida que da para más de un libro. Junto a su obra, una jovencísima Zoe (firma como Z) da rienda suelta a su creatividad sobre un par de lienzos que denotan su melomanía. Tanto ella (16 años) como sus hermanos, que son más pequeños, aparecen en Esas cosas pasan. Por lo tanto, tenía que estar sí o sí en esta exposición colectiva. 

Las cajas de luz que aporta Lorena Soto son «preciosas». Lo dice Encarna y lo corrobora quien escribe. Se nota que estudió Bellas Artes, pero estas joyas son harina de otro costal. Llama la atención, desde luego, al igual que la propuesta de Mónica de Juan. Su dominio de la encáustica salta a la vista y se sale -literalmente- de los cuadros. Por su parte, el diseñador Manuel Revilla (o Manu Cartones) colabora con dos trofeos -uno relacionado con Atapuerca y el otro con Burgos Acoge- que son santo y seña de su empresa Resistible junto a sus conocidos ataúdes ecológicos. 

No nos olvidamos de Encarna Aguilardz, que como es lógico no se limita a ejercer de anfitriona. «La conozco más o menos desde que nací», bromea la gerente de Índalo antes de sumergirse en Mar de dudas, el «hilo conductor» de toda su carrera desde hace más de tres décadas. Con tres obras, una grande y dos miniaturas que poco o nada tienen que ver estéticamente entre sí, propone «un canto al entendimiento entre las personas, al derecho a florecer como uno quiere, donde quiere y cuando quiere». De paso, le viene de perlas para afrontar su innata timidez a base de arte abstracto. 

Obra pictórica en seda de Santiago Cartujo.

Obra pictórica en seda de Santiago Cartujo.SANTI OTERO

Le toca a Chomón, que explica sus creaciones con todo lujo de detalles. Pionero de la solarigrafía junto a su queridísimo Diego López Calvín y un par de amigos polacos, empezó a experimentar a mediados de la década de los 90 en distintos puntos de España e incluso de Europa. La metodología, tremendamente «precaria» por aquel entonces, ofrecía resultados quizá menos espectaculares pero innegablemente sorprendentes. Por eso, no dudó para la ocasión en elegir tres piezas (nueve imágenes en total) por su carácter primitivo, ya que «es donde se ve realmente el germen, la esencia de cuando empezamos a hacerlo». 

De Tubilla del Agua y Burgos capital hasta Kosovo y Albania, donde ejerció como fotógrafo después de la guerra. La técnica de la solarigrafía se ha depurado, sí, pero se requiere la misma paciencia que antaño. Como anécdota, Chomón cuenta que a lo largo de todo este tiempo le han robado unas cuantas cámaras y que alguna que otra vez alguien «se pensaba que era un explosivo y llamó a los Tedax». Poca broma con eso, aunque en el fondo tiene su gracia. 

Se dejan caer los primeros invitados y aún no hemos charlado con el artífice involuntario de la muestra. Cartujo sitúa el «origen de todo» en El Cobit, una inclasificable obra underground que le permitió sacar todo lo que llevaba dentro en plena pandemia. «Empecé a pintar unos meses antes. Había abandonado el mundo del cine, no quería volver», confiesa. Y de repente, acostumbrado a otros soportes, le dio por la seda y contactó con Encarna. 

La idea inicial del creador burgalés era diseñar cuatro o cinco pañuelos para mujeres importantes en su vida. Cuando se quiso dar cuenta, vio el «potencial» del formato y ya no podía parar. En esta exposición, tremendamente especial por toda la gente que le rodea, Cartujo refleja tres épocas diferentes pero interconectadas. El cómic marca el punto de partida, no podía ser de otra manera. A continuación, Felices Fiestas muestra -en apariencia- a Mario y Luigi, los fontaneros más famosos de la galaxia, en compañía de una mujer tumbada. En realidad son Martín y Luis disfrazados. Y ella una sirena, aunque habrá quien la compare con La maja desnuda de Goya.  

Para rematar, nada mejor que El nacimiento del amor. «Es una narración», comenta antes de aclarar que también «podría ser un cuento». A Cartujo le parece «súper explícito», aunque sabe de sobra que sus obras suelen estar sujetas a múltiples interpretaciones. Lo que resulta innegable, y así lo reivindica, es que sus trabajos sobre seda son «todo color, positividad, luces, alegría». Dicho de otra forma: «la cultura popular llevada a su máxima expresión». Y ojo, porque «el pop nunca es inocente».

Nos despedimos con una anécdota agridulce, con comienzo triste y final alentador. La muerte repentina de su padre y su hermana llevó a Cartujo al hospital. Le asignaron una psicóloga, lo normal dadas las circunstancias. Él se negó, estaba plenamente convencido de que no le hacía falta. Al final, acabó hablando con la terapeuta sobre sus inquietudes pictóricas y esta se interesó por su trabajo. Total, que le enseñó varias obras en seda y acabó dándole la razón: «Tú no me necesitas, lo tienes muy claro»

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