José Corbacho: «Hay políticos que se ríen demasiado de sí mismos. Dejen la comedia para los profesionales»
Con sentido del humor hasta en los momentos más delicados de su vida, el cómico y cineasta catalán regresa a Burgos, el 1 de febrero en el Cultural Cordón, dispuesto a repartir carcajadas con 'Ante todo mucha risa'

José Corbacho vuelve a Burgos dispuesto a reírse de sí mismo en buena compañía.
Reírse de sí mismo como «mecanismo de defensa» y «a veces de ataque». José Corbacho lo aprendió a una edad muy temprana sin ser consciente -o quizá sí- de que el humor se convertiría en su principal herramienta de trabajo. «Siempre he sido de oreja prominente y de niño iba gritando por el patio del colegio: ‘¿Qué es el viento? ¡Las orejas de Corbacho en movimiento!». Con esta anécdota, que explica perfectamente la razón de ser de su espectáculo Ante todo mucha risa, el cómico y cineasta catalán lanza un aviso a todos aquellos navegantes de fina piel: «Si me río de mí, nadie se puede ofender».
Dispuesto a conjugar el verbo reír, en primera persona y con sus seres queridos como conejillos de indias, Corbacho vuelve a Burgos el sábado 1 de febrero pilotando «una nave nodriza de la que van saliendo comandos especiales». De nuevo en el Cultural Cordón, confía en cosechar el mismo éxito -e incluso más- que el año pasado. Si algo sabe a ciencia cierta, en gran medida por sus raíces salmantinas, es que los tópicos no hacen justicia. Porque «una cosa es que haga frío y otra que la gente sea fría». Y aquí, como en el resto de la vieja Castilla, la gente entra rápidamente en calor a base de carcajadas.
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El humor, como la propia vida, es una «carrera de fondo». Puede que surjan obstáculos, pero acaba mereciendo la pena. Y Corbacho, que tardó en salir solo a escena tras hacer reír durante muchos años en buena compañía, se toma cada actuación como una «terapia» profundamente sanadora. Para él mismo, desde luego, pero también para quien paga su entrada, se sienta en la butaca y consigue «olvidarse del mundo exterior».
Cuenta el propio Corbacho a la hora de ‘vender’ este espectáculo que un amigo cronometró su monólogo y contabilizó una carcajada cada 15 segundos. El amigo en cuestión es su socio y no, no se puso a cronometrar. Lo que sí hizo fue llevar la cuenta aproximada de risas entre el público y le salieron «200 y pico». En cualquier caso, muchos espectadores reconocen después del show que «no han parado de reírse». ¿La clave? «No me gusta perderme en disertaciones que llevan al gag». Lo cual no quita para que «por tener un buen gag, vendería mi alma al diablo».
«Casi todos los problemas con el humor han sido por descontextualización»
Duro y a la encía, que dirían los Def Con Dos. Interactuando con el público, pero jamás metiéndose con él. Lo que Corbacho busca es que la gente pase un buen rato, no un mal trago. Hay quien entra en ese juego y bienvenido sea. De hecho, de pequeño acudía con sus padres a ver espectáculos de revista y «las vedettes sacaban al público». Puro vacile, sin duda. Otra cosa es que ahora, de un tiempo a esta parte, la fórmula se repita hasta la saciedad. Lo mismo que «pasó en los restaurantes con el fuá».
«Todo es lícito, pero a veces hay un abuso», reflexiona tras rememorar el reciente sketch de sus queridos y mordaces Pantomima Full sobre estas supuestas odas a la improvisación. Al final, como ocurre con tantas otras modas que se replican en el cine o la televisión, «solo quedará la gente que lo hace bien».
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Lo que siempre prevalecerá es el humor como «ingrediente de todas las salsas». Y lo habrá para todos los gustos, independientemente del gremio, ideología o condición del destinatario. Tomarse algo con humor, apunta Corbacho, es una «cuestión personal». En cualquier lugar, incluso en los parlamentos. Ahora bien, «hay políticos que se ríen demasiado de sí mismos». En tal caso, lo recomendable sería que «dejen la comedia para los profesionales».
Ya que hablamos someramente de política -o de politiqueo, más bien-, Corbacho comentaba hace tres días en X (antaño Twitter, hasta la entrada de Elon Musk como un elefante en una cacharrería) que le preguntan cada dos por tres por los límites del humor («oh, sorpresa») y nunca por los del drama. Tampoco es que él tenga la respuesta, pero no deja de ser curioso que esta cuestión sea tan sumamente recurrente en las entrevistas a cómicos. El asunto, las cosas como son, resulta peliagudo. Aun con todo, no le cabe duda de que «casi todos los problemas con el humor han sido por descontextualización». Es decir: mucho vídeo corto, en un momento concreto a interés del consumidor (hater), y poco o nulo trasfondo.
Cuando hizo público que su hermana le había salvado la vida gracias a un trasplante renal, dijo que «le había costado un riñón»
Al margen de cómo encaje cada cual un determinado chiste, lo cierto es que Corbacho ha sabido sacar partido a su sentido del humor incluso en situaciones delicadas a nivel personal. Cuando en 2020 hizo público que su hermana Yolanda le había salvado la vida gracias a un trasplante renal, dijo que «le había costado un riñón». Quedó patente que su mecanismo de defensa seguía intacto. Y lo empleó durante su estancia en el hospital para «empatizar con alguien que está pasando lo mismo que tú». Por ejemplo, cuando visitó a un chaval que también esperaba un trasplante y se encontraba «súper deprimido». Sin pensárselo dos veces, se plantó en su habitación a petición de las enfermeras.
Que la vida no es un camino de rosas lo sabe todo el mundo. Sin embargo, Corbacho se alegra de haber seguido siempre su cómico instinto. Ni siquiera dudó en sus tiempos mozos, cuando trabajaba en La Cubana, cada vez que le preguntaban qué quería ser de mayor. Ahora, con la ilusión intacta y mucho que seguir contando, ya sabe qué quiere ser de mayor. Nada más y nada menos que «cómico senior». Ahí es nada.