¿Y si nada de lo que vemos es real?
El fotógrafo Sergio Ibannez experimenta, juega y se divierte con lo aparentemente tangible a través de ‘Simulación’, ya disponible en la sala Círculo Solidario hasta el 8 de abril

Sergio Ibannez, en la inauguración de 'Simulación' en la sala de exposiciones Círculo Solidario.
No se plantea Sergio Ibannez, ni de lejos, emular a Neo en Matrix. Tampoco sentar cátedra con una «tesis». Su único propósito, cámara en mano, es lanzar la siguiente cuestión al aire: «¿Cómo sería la vista de una persona que intenta ver las cosas siendo consciente de que todo a su alrededor no es real?».
Sobre esta premisa pivota Simulación, que el propio autor concibe como una «especie de diario visual» en el que cada imagen adquiere un significado personal e intransferible capaz de conectar con cualquier mente inquieta y observadora. De su vasto archivo, el fotógrafo burgalés ha seleccionado 25 instantáneas con un «nexo en común». La muestra, ubicada en la sala de exposiciones Círculo Solidario y enmarcada en el ciclo Jóvenes Artistas de Burgos, se puede visitar hasta el 8 de abril.
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Pese a su juventud, Ibannez tiene bastante de ‘vieja escuela’. No solo por sus coqueteos con la fotografía analógica -últimamente menos, pero va por etapas-, sino también por la costumbre de imprimir sus imágenes en papel «como si tuviese cromos». Con el material encima de la mesa, le gusta «jugar» y «sacar lecturas». Y se lo pasa en grande porque «hay fotos que para mí son una palabra y otras que son versos». Antes de que se dé cuenta, un hilo invisible le permite vislumbrar «lo que simbolizan unas junto a otras a nivel visual».
Pese a gozar de entidad propia, los orígenes de Simulación se sitúan en El efecto Casimir, fotolibro en el que Ibannez experimenta con «la materia y el vacío» para adentrarse en «la nada como concepto». Ya por aquel entonces, la realidad virtual le atraía poderosamente. «No como idea que me quiera tragar, sino más bien como excusa para experimentar fotográficamente», aclara a sabiendas de que tenía ante sus ojos «un caldo de cultivo sobre el que me he querido mover inconscientemente».
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Resulta inevitable preguntar por qué esta muestra carece de color. La respuesta, aunque sencilla, tiene su miga. «Nadie ve en blanco y negro». Además, garantiza «una forma de ver abstracta respecto a la realidad». Así, consigue « incentivar más esa capacidad de las imágenes de mostrar algo irreal».
Las instantáneas más recientes de Simulación se tomaron en Japón, de donde volvió hace diez días. «Las tenía que trabajar para que entraran en el proyecto», enfatiza mientras hace hincapié en la importancia de «crear sensaciones». Por ejemplo, la «incertidumbre» que genera «un coche tapado con una lona». Salvando las distancias al tratarse de un objeto inanimado, se establece una suerte de «doble verdad», al más puro estilo Gato de Schrödinger.
La fotografía, para Ibannez, es «mentira». No en sentido peyorativo. Se trata, a grandes rasgos, de «un conjunto de decisiones que se toman para plasmar una idea». Verdadera o falsa, reivindicativa o banal, informativa o artística. El abanico de posibilidades es tan inmenso como los filtros que cualquier hijo de vecino puede aplicar hoy en día a golpe de clic para edulcorar sus redes sociales. Que conste, las cosas como son, que «la fotografía no tiene nada que ver con eso». Sería injusto, qué duda cabe, elevar a una categoría inmerecida cualquier «banco de imágenes en stock» en los que impera la «falta de cultura».
Al margen de Simulación, Ibannez lleva un año al frente del estudio creativo Beluga junto a Virginia Barbero. «Es duro, pero hay trabajo», reconoce satisfecho porque la música, su otra gran pasión, ocupa gran parte de la actividad. Entretanto, prepara algo «muy gordo» junto a su banda, Green Silly Parrots, mientras perfila el próximo videoclip de Claudia Halley, grabado en Tokio, con un concepto sumamente visual en el que pretende ir más allá de lo hecho hasta ahora dentro de esta clase de formatos.