El Correo de Burgos

McAuley conquista la Catedral de Burgos

El músico irlandés congrega a miles de personas en la plaza del Rey San Fernando para dar el pistoletazo de salida a la segunda jornada del Zurbarán Rock

Robin McAuley, en acústico, a los pies de la Catedral de Burgos.

Robin McAuley, en acústico, a los pies de la Catedral de Burgos.TOMÁS ALONSO

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A este paso, no sería raro que Robin McAuley se empadrone en Burgos. Después de su aclamada actuación durante la primera jornada del Zurbarán Rock, el exvocalista de los emblemáticos Survivor se dio este sábado un nuevo baño de masas a los pies de la Catedral. Emocionado y pletórico, el músico irlandés se entregó a la causa desde el principio ante miles de personas en la plaza del Rey San Fernando

Se veía al «tito Robin» a en su salsa. También a los dos músicos que le acompañaban en acústico sobre el escenario de la Fundación Círculo. A sus 72 años, McAuley demostró por segundo día consecutivo un envidiable estado de forma. Su voz, lejos de apagarse, mantiene la potencia y magnetismo que le convirtió hace décadas en todo un referente del hard rock internacional. 

Muchos heavies entre el público, era lo suyo, pero también multitud de familias y viandantes aparentemente ajenos al Zurbarán. Algunos bajo la sombra y la mayoría al sol, todo el mundo parecía disfrutar de un espectáculo único. No resulta exagerado afirmarlo al tratarse de la única fecha de McAuley en España para 2025. 

Tan exclusivos eran sus dos conciertos en el Zurbarán Rock que el maestro irlandés se rodeó de un equipazo de músicos italianos con los que nunca antes había tocado en directo. De hecho, solicitó previamente un local para poder ensayar el jueves y la banda burgalesa Zente se prestó encantada

«Nos dijo que era la primera vez en su vida que daba dos conciertos en un festival», comenta Laura Sagredo, de Metal Castellae. Y no se arrepintió sino todo lo contrario, pues llegó a confesar que «se le caían lágrimas de los ojos y por eso no se quitó las gafas de sol». Tras el concierto, del que salió «pletórico», la organización tuvo que improvisar una «barrera humana» ante la «avalancha de gente que se quería hacer fotos con él»

Por lo que cuentan sus anfitriones, McAuley ha dejado huella en Burgos. No solo por su innegable talento musical, sino también por su simpatía, accesibilidad y gratitud hacia una ciudad que le ha recibido con los brazos abiertos. 

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