«En el mundo del cine dicen que ‘sí’ muchas veces y luego no te cogen el teléfono»
Seleccionado para una residencia de escritura en Marsella, el realizador burgalés Saúl González Abejón avanza con paso firme hacia la materialización de ‘Cuatro caballos’, su primer largometraje

Saúl González Abejón, director y guionista burgalés.
A finales de mes, Saúl González Abejón recalará en Marsella. Con el guion de su primer largometraje bajo el brazo y el firme objetivo de «darle vuelo». Seleccionado de «manera unánime» por el jurado como único participante de la Residencia de Escritura CineHorizontes 2025, este joven cineasta burgalés piensa exprimir cada minuto al máximo. Tres semanas por delante, del 26 de septiembre al 17 de octubre, para apuntalar el proyecto y presentárselo a «productores franceses de la región sur». Todo un reto, y una gran oportunidad, que le permitirá «recibir asesoramiento de gente muy profesional».
Antes de abandonar la Escuela de Cine Bande à Part de Barcelona, donde estudiaba Dirección y Guion, González Abejón se enfrascó en la escritura de Cuatro Caballos. Recibió el espaldarazo de Michel Gaztambide, «profesor excelente» y artífice, negro sobre blanco junto a Enrique Urbizu, de películas como No habrá paz para los malvados o La caja 507. «Le sorprendió mucho porque esperaba que fuera a hacer algo de terror o fantasía», rememora mientras agradece el «ímpetu» y «feedback» que recibió de su entonces maestro.
En este filme de largo recorrido y todavía pendiente de despegue, González Abejón plantea un viaje al pasado inspirándose en la historia de su familia. El grueso de la acción se desarrolla en «una pequeña aldea sin nombre de la provincia de Burgos», una «especie de Macondo» en la que, inevitablemente, resuenan los «cantos de sirena de la ciudad». Con el éxodo rural como telón de fondo, Cuatro Caballos se nutre de distintas subtramas que profundizan en las «dinámicas de poder» y las penurias de aquella España bajo el yugo de Franco.
El título, por cierto, alude a los cuatro jinetes del Apocalipsis. Un concepto, tal y como reconoce el propio cineasta, al que se ha ido «aferrando» desde que el séptimo arte se apoderó de su alma. No es de extrañar, por lo tanto, que le haya dado tantas vueltas al guion. Y aunque lo tiene prácticamente pulido, espera que su estancia en Marsella le resulte útil para «refinar algunas dinámicas entre los personajes y, sobre todo, darle una historia de amor memorable».
«No es una película fácil de hacer. Tiene muchos personajes de época e incluye ciertos aspectos que complican la producción», reconoce González Abejón convencido de que, si finalmente la cinta ve la luz, «funcionará mucho mejor fuera de España». No es que dé por hecho que Cuatro Caballos llegará próximamente a la gran pantalla. Los pies en la tierra, ante todo, aunque confía ciegamente en su proyecto. Hasta el punto de esperar el tiempo que haga falta para que una puerta -al menos una- se abra en una industria tan competitiva como escasa de oportunidades.
Sabe bien de lo que habla al abordar tan delicado asunto. «En el mundo del cine te dicen que ‘sí’ muchas veces y luego no te cogen el teléfono». Lo fácil sería rendirse, tirar la toalla -total o parcialmente- y dedicarse a otros menesteres. Sin embargo, por mucho que cueste despuntar en este mundillo, el empeño todo lo puede en el caso que nos ocupa.
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Obtener financiación, he ahí el quid de la cuestión. De poco le sirvió alzarse con el premio Castilla y León New Talent gracias a El puente, cortometraje compartido con Juan Carlos Martínez Barrio. El rodaje, previsto para este año, tuvo que posponerse por falta de parné. «Es un proyecto caro», asegura pese a ser consciente de que ha logrado «llamar la atención» dentro de la industria. Y aunque permanezca en barbecho, no le cabe duda alguna de que «está hecho para destacar».
Tarde o temprano, cuestión de paciencia, El puente verá la luz. A caballo entre Burgos y Poza de la sal, este corto dibuja dos escenarios bien distintos. El de una «ciudad equis» y un «pueblo remoto en las montañas del norte del país». Entre medias, una «comunidad de garrulos caníbales endogámica perdida». Brevísima pero sugerente sinopsis. Dan ganas de que se materialice lo antes posible.
En casa, como en ningún sitio
Prevalece el tópico, aunque afortunadamente cada vez menos, de que la profesión de guionista o cineasta solo tiene futuro en las grandes ciudades. Madrid y Barcelona; Valencia, Sevilla o Bilbao a lo sumo. Frente a dicha visión, imperante en la industria, González Abejón prefiere abrirse camino desde casa. Porque más vale «ser un pez grande en un estanque pequeño» que viceversa. Además, «aquí somos cada vez más haciendo cine, por suerte, aunque seguimos siendo pocos».
Asentada su fílmica vocación mientras se sacaba Comunicación Audiovisual en la Universidad de Burgos (UBU) y tras su paso por Barcelona, descubrió que «vivir en una gran ciudad supone una trampa». Podría ganarse la vida lejos de su tierra, de lo que sea pero «trabajando en el cine». No en vano, considera que «a nivel de marketing profesional no es lo mejor». No al menos para que suene la flauta y alguien te contrate para «escribir una película».
Ideas no le faltan a este joven creador que, entre guion y guion, se gana la vida a través de múltiples proyectos. Pendiente de lanzar un videoclip de Andeable concebido con «mucho cariño artístico», trabaja habitualmente con Jean Philippe Kikolas mientras se mueve de aquí para allá. «De momento lleno la nevera», subraya tras hacer hincapié en que su principal motivación, intacta desde que era niño, es «contar historias». Y en eso sigue, aunque le complace haber podido contener su «impulso creador». Abarcar menos y apretar más. De lo contrario, «te puedes volver loco».