Del Senado a China, de la reflexión abstracta al «futuro ya presente»
‘La Fuerza de la Naturaleza’, del pintor burgalés José María Val Citores, culmina su estancia en la Bienal Internacional de Arte de Beijing (BIAB) junto a medio millar de obras de 120 países

José María Val Citores, en la Bienal Internacional de Arte de Beijing.
La pompa y boato que tanto impera en el mundo de arte contrasta con la humilde afabilidad de tipos como José María Val Citores (Briviesca, 1951). Con una de sus obras (Materia y Energía) afincada de por vida en el fondo pictórico del Senado desde el año pasado, motivos para presumir le sobran. Otros, con mucho menos, ya se creen la reencarnación del maestro que más admiran.
No es el esnobismo pictórico, pasado y contemporáneo, el caso que nos ocupa. Sí lo es, porque merece la pena hacerse eco de ello, la reciente incursión de este veterano pintor burgalés en China. Concretamente, en la décima edición de la Bienal Internacional de Arte de Beijing (BIAB). La muestra, inaugurada el 29 de diciembre, cerró sus puertas el pasado sábado después de que la organización tuviese a bien alargar un poco más el plazo de exposición. Bajo el lema Coexistencia, más de medio millar de piezas procedentes de 120 países demostraron con creces que la belleza, la sensibilidad y el talento no entienden de fronteras.
A Val Citores siempre le ha entusiasmado la cultura asiática. Tanto que empezó a estudiar chino allá por 2006. De repente, vislumbró la posibilidad de participar en la BIAB. Era de todo menos sencillo, por aquello del papeleo y lo complicado que resulta acceder a una exhibición de semejante magnitud. Aun así, rellenó mil y un formularios convencido de que La Fuerza de la Naturaleza atesoraba calidad suficiente como para representar a España con garantías.

'La Fuerza de la Naturaleza', de José María Val Citores.
Puede, aunque no lo diga, que esta obra sea la niña de sus ojos. Le costó elegir cuadro de cara a la Bienal. No demasiado porque, según confiesa, sintió unas «vibraciones especiales» cuando vio la obra culminada. Lo primero que pensó, de hecho, es que se la quería guardar para sí mismo. «A veces», reconoce entre risas, «los artistas somos un poco egoístas». En este caso, bien que hizo.
Pendiente del ‘sí’ o del ‘no’ hasta noviembre, la confirmación le supuso una «sorpresa muy grata». No es para menos, dado que exponer en China es «un sueño para cualquiera». Feliz a más no poder, espero instrucciones y le sorprendió sobremanera el nivel de profesionalidad y atención de los organizadores. «Muy atentos» desde el principio, enviaron una furgoneta hasta su estudio para recoger el cuadro y llevarlo hasta Madrid. De ahí, en avión hasta su destino temporal. Así da gusto.
No podía dejar pasar la oportunidad Val Citores de viajar hasta el gigante asiático. No tenía excusa, más bien. Por fin podría saciar su sed de curiosidad, comprobar in situ un sinfín de cosas que intuía y otras que ni siquiera podía llegar a imaginar. Dicho y hecho, se plantó en Pekín a mediados de enero y quedó impresionado a las primeras de cambio.
Esperaba encontrarse con una megalópolis «contaminada» y se topó con «una ciudad muy limpia». El «silencio» de los vehículos eléctricos le dejó anonadado -«a ver si algún día ocurre lo mismo en Madrid»- y prácticamente desde ese mismo instante tuvo claro que se encontraba ante «el futuro ya presente».
«En China se da muchísima importancia al arte español»
Durante su estancia, el pintor burgalés comprobó que China «ha dado mucha importancia al conocimiento y la creatividad». En clave artística, considera que se trata de un «país joven» que aprende, evoluciona y se nutre de otras culturas sin renunciar a su propia identidad. Aparte, le llamó poderosamente la atención que, de puertas hacia dentro, «se da muchísima importancia al arte español».
Tal y como auguraba, el viaje resultó «muy enriquecedor y emocionante». Le encantaría volver, por supuesto, aunque es plenamente consciente de que algo así «lleva su tiempo». No en vano, sabe de sobra que el mero hecho de exponer en BIAB «abre puertas en muchos lugares interesantes». Da fe, más bien, porque propuestas no le han faltado últimamente.
«Sin prisa pero sin pausa» porque «mover la obra supone un esfuerzo», Val Citores se centra ahora mismo en el gran formato. Aparte del alma, se esmera en poner «todo el cuerpo, toda la atención y toda la fuerza creativa». Desde lo abstracto, al menos en apariencia, e invitando al espectador a «abrir la mente» y «dejar que las emociones cumplan su cometido».
Desterrar prejuicios es una meta que este prolífico artista lleva por bandera. La abstracción no es sinónimo de casualidad, de crear sin ton ni son. En realidad, es «mucho más complejo de lo que la gente cree» y por eso le encanta recabar la opinión de niños y adolescentes. Con su «mirada limpia», libre de intoxicaciones, son capaces de abordar cada detalle y redescubrir significados.
Nadie pide reflexiones sesudas y ni análisis académicos. Val Citores prefiere el «sentimiento» a los «grandes conocimientos». La pasión por encima de todo, inclusive del negocio. Porque el arte, al fin y al cabo, debiera ser siempre un «lugar de relajación» en el que «cada obra es una historia».