Oscuridad efímera, deleite sensorial y luz eterna después del eclipse
El ciclo Música Callada celebra su décima edición con una novedosa convocatoria para talentos emergentes y residencia artística reservada al contrabajista Leonardo Teruggi en Rubena

Presentación de la décima edición del ciclo Música Callada.
«Después del eclipse, la luz continúa y es eterna». Como la calma después de la tempestad, la melodía siempre se acaba imponiendo sobre el silencio. De cada instante se aprende, de lo efímero y lo trascendente, gracias al arte y su innegable influencia sobre el ser humano. Por eso el ciclo Música Callada ha logrado mantenerse en pie. Por pasión, empeño y la urgente necesidad de expandir la cultura por el medio rural. Con su décima edición ya en ciernes, se avecina un programa más completo que nunca repleto de novedades y momentos memorables.
«Hay proyectos que tienen una vida fugaz y otros que, con el tiempo, acaban teniendo vida propia», reflexionaba este lunes la responsable de Cultura de la Diputación Provincial, Inmaculada Sierra, durante la presentación de un ciclo ya consolidado cuyo título para este año es de todo menos casual: Lux Aeterna. La referencia al eclipse del próximo 12 de agosto, con Burgos como enclave de referencia para su visionado en España, era inevitable. Y qué mejor pretexto, además, para celebrar el 60 aniversario de la obra de György Ligeti que, dos años más tarde, formaría parte de la banda sonora de 2001: Una odisea del espacio por deseo expreso del gran Stanley Kubrick.
Todo perfectamente hilado. También a la hora de designar al violinista Jorge Jiménez como director artístico de Música Callada tras su exitosa residencia el año pasado en Rubena. Para el coordinador general del ciclo, Fernando Gómez, contar con su presencia supone un «empujón hacia adelante» que, sin duda, marcará «un antes y un después» en una programación que incluye una docena de conciertos -varios conmemorando el 150 aniversario del natalicio de Manuel de Falla-, un espacio específicamente reservado a mujeres compositoras y, cómo no, propuestas vinculadas al fenómeno del eclipse desde una perspectiva artística.
Destaca también la creación de una sección Fringe, bautizada como Nuevas Resonancias, que abre la puerta a «artistas y grupos emergentes» que quieran enriquecer la programación con sus propuestas. Concebido como una especie de concurso, el ganador y los dos finalistas tendrán la oportunidad de actuar en Música Callada. De cara a este año, según explicó Jiménez, solo se admitirán «solistas, dúos o tríos» por una cuestión logística, aunque es probable que el cupo se amplíe en ediciones venideras.
Mientras tanto, el contrabajista argentino Leonardo Teruggi se asentará en Rubena, del 3 al 11 de agosto, en calidad de residente artístico. Músico «excepcional», tal y como le definió Jiménez, vendrá acompañado de un gran bandoneonista cuyo nombre se anunciará en próximas fechas.
Queda claro, a tenor de las novedades con las que emerge esta décima entrega, que Música Callada tiene cuerda para rato. Gómez no dudó en aprovechar la presentación para agradecer que la Diputación creyese en el proyecto «desde el principio» a través de un «convenio permanente» de colaboración. Sin embargo, el objetivo es que la cita siga creciendo y para ello ya se ha iniciado el proceso de constitución de una Fundación Pública por parte de la Mancomunidad Encuentro de Caminos.
Fue el pasado 16 de marzo cuando se aprobaron los estatutos, ya remitidos al registro, y solo faltaría la firma ante notario. La Fundación, que asumirá las riendas de la cita a partir del año que viene, conferirá -a juicio de Gómez- «mayor estabilidad y la incorporación de mecenazgo privado, algo a lo que en España no estamos acostumbrados pero en el resto de Europa sí».