Ebrovisión: la grandeza de un festival que mantiene su humildad intacta
El festival mirandés afronta su 26 edición con el objetivo de batir un nuevo récord de asistentes sin perder su condición de«sostenible». El presupuesto de este año ronda el millón de euros y quedan menos de 500 entradas a la venta

Ramiro Molinero, director del Ebrovisión, con la diputada provincial Raquel Contreras.
«Ni la pandemia pudo con nosotros». Más claro agua. La del Ebro a su paso por Miranda, para más señas. Porque Ebrovisión nunca fue un festival al uso. Nació, creció y resistió hasta convertirse en «uno de los festivales más reconocidos y queridos del panorama nacional». 26 años después, la Asociación Amigos de Rafael Izquierdo puede presumir, y con razón, de mantener a todo gas un evento de semejante magnitud desde abajo. Con apoyos externos, sí, pero con el timón a cargo del mismo «núcleo de amigos que se junta y trabaja durante todo el año para llevar a cabo uno de sus sueños».
Después de batir un nuevo récord de asistencia el año pasado con 23.000 espectadores, Ebrovisión aspira a superar dicha gesta con un plantel acorde a su filosofía y «toques internacionales que marcan la diferencia como los ingleses Getdown Service y los neoyorquinos Bodega». En lo más alto del cartel, Lori Meyers, Sanguijuelas del Guadiana, Carlos Ares y La Habitación Roja compartirán 'casa', del 3 al 6 de septiembre, con proyectos ya consolidados y promesas emergentes de la talla de Rufus T Firefly, Shego, Repion, Puño Dragón o Triángulo de Amor Bizarro.
Una treintena de bandas y 22 DJ que contarán con dos nuevos espacios dentro del recinto principal. Según detalla el director del festival, Ramiro Molinero, no existe solape alguno entre artistas porque «el público siempre quiere descubrir cosas nuevas». De lo que se trata, a fin de cuentas, es de brindar alternativas mientras «prima, por encima de todo, la calidad y la comodidad» de los asistentes.
Obviamente, configurar un cartel tan amplio que se reparte en nueve escenarios por distintos puntos de la ciudad requiere esfuerzo, tiempo y dinero. De cara a la presente edición, el festival dispone de un presupuesto cercano al millón de euros. Una cantidad «importante y reseñable», como bien apunta Molinero, en el que «todo apoyo es fundamental». Por ejemplo, el que brinda la Diputación Provincial con una ayuda económica de 30.000 euros. Solo así es posible dar trabajo a cerca de 500 personas.
El convenio con la Institución Provincial viene de atrás y continúa activo; entre otras cosas, porque «Ebrovisión es un referente que va creciendo cada año». Partiendo de esta premisa, la diputada responsable de Cultura, Raquel Contreras, se muestra plenamente convencida de que el acuerdo prevalecerá en el futuro. Además, constituye un auténtico «escaparate» para promocionar el turismo en toda la provincia gracias a la difusión del logo de la propia Diputación en el escenario principal y varios secundarios.
Más allá del plano musical, Ebrovisión aspira a seguir generando un retorno económico que «no solo se centra en Miranda sino en sus alrededores». De hecho, no queda ni una sola plaza de hotel en la ciudad. Tampoco en las casas rurales de la comarca. Buena señal, sin duda, que anima a Amigos de Rafael Izquierdo a trabajar en la misma línea sin pasar por alto que el festival no debe perder jamás su condición de «sostenible».
Alicientes no falta y la gastronomía es uno de ellos. El concepto ha ido «mutando» desde las primeras ediciones. De la paella popular o el plato de macarrones a una decena de restaurantes que «quieren estar con nosotros y sacar sus fogones a la calle». Como «punto diferenciador», además, se habilitará un comedor frente al escenario principal cuyos menús -con productos de kilómetro cero- correrán a cargo de dos mirandeses con Estrella Michelin y Sol Repsol. Nada más y nada menos que Alejandro Serrano y Alberto Molinero en compañía de Gerardo David Bracho y Antonio Arrabal, respectivamente.
De las actividades paralelas, que no son pocas, Molinero destaca el Ebropeque. Ver a los más pequeños disfrutar de la música en directo es «uno de los momentos más especiales de cada edición». Igual que observar a miles de personas de todas las edades, de aquí para allá, haciendo comunidad a orillas del Ebro. No es de extrañar, por lo tanto, que las entradas para los conciertos de pago en el polideportivo municipal de Anduva estén volando. De hecho, quedan menos de 500 y el lleno se da por sentado.