El Correo de Burgos

FUTBOL / Tercera División

Sofocón de la Arandina

Tras una pésima primera mitad, el conjunto blanquiazul levanta un 0-2 en el tramo final del encuentro / La reacción de los de Zapatera les permite seguir el ritmo del grupo cabecero

Burgos

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ARANDINA    3

ATCO. TORDESILLAS    2

Arandina CF: Sebas, Cristian, Marcos (Francis, min. 68), David Marcos, José Angel (Zamora, min. 46), Lolo, Gallego (Ayrton, min. 46), Adri, Oskitz, Dela y Landáburu.

Atlético Tordesillas: Barajas, Villa, Nico, David, Javi, Gil, Medrano (Giralda, m.75), Sobas, Abraham, Jairo y Duque (Pirri, m.81).

Árbitro: Juan Bustos (Zamora). Amarillas a Marcos, José Angel, Lolo, Landáburu y Ayrton (2), expulsado en el minuto 84. Por el Tordesillas a Nico, David y Medrano.

Goles: 0-1, min. 34: Medrano; 0-2, min. 41: Medrano; 1-2, min. 71: Lolo; 2-2, min. 78: Ayrton; 3-2, min. 84: Ayrton.

ANDRÉS MARTÍN / Aranda

El fútbol no tiene lógica y ayer se volvió a demostrar en Aranda de Duero. El Tordesillas ganaba 0-2 al descanso y la Arandina no había disparado ni una sola vez con peligro a su portería. El conjunto local había jugado el peor primer tiempo que se le recuerda esta temporada en casa. Por contra, los vallisoletanos, que a domicilio únicamente habían marcado cuatro goles hasta la fecha, llevaban una ventaja muy clara ante un equipo roto, falto de creatividad, con muchos problemas defensivos producto de las ausencias de sus dos centrales titulares y y sin pólvora en ataque.

La Arandina era un mar de dudas y el Tordesillas estaba aprovechándose de ese río revuelto para doblegar a uno de los equipos favoritos al ascenso.

Y es que en esos 45 minutos iniciales sólo hubo tres ocasiones de peligro y las tres llevaron el sello vallisoletano. En el minuto 7 Duque avisaba con un disparo seco que repelió el poste del debutante Sebas. Era el primer toque de atención pero la Arandina no se desperezó. Siguió tambaleándose en la medular y perdiendo balones a diestro y siniestro.

El centro del campo estaba desaparecido y los delanteros apenas recibían balones con ventaja. El Tordesillas se dio cuenta de que apretando en la presión podría hincharse a robar bolas para desencadenar luego alguna contra peligrosa. Pero fue en un balón largo cuando adquirió ventaja el conjunto visitante.

La defensa de la Arandina no respondió a un pelotazo defensivo de su rival y dejó que Medrano controlase, se girase mirando al árbitro asistente porque dudaba de su posición reglamentaria, y además encarase sólo a Sebas para batirle por bajo. En pleno desbarajuste local llegó el 0-2. También en un fallo defensivo y colectivo claro, ya que Medrano acertó a peinar una falta botada desde el lateral que sorprendió al guardameta arandino en su salida. En esa primera parte la Arandina sólo se acercó una vez entre los tres palos y fue un disparo flojo de Gallego que Barajas, inédito hasta entonces, detuvo sin problemas. Fue en el minuto 20. El resto fue un encefalograma plano.

Estaba claro que si la Arandina quería cambiar el rumbo de los acontecimientos estaba abocada a variar todo el escenario. Zapatera, el técnico local, lo entendió rápidamente y apostó por renegar de su estilo de toque y fútbol elaborado para apelar al juego directo y la épica.

Introdujo a Ayrton y Zamora por Gallego y José Angel y les dijo a sus jugadores que había que echar el resto en el campo. A partir de ahí quedaba rezar para que la suerte que otros días había sido esquiva se aliase con los ribereños.

Y la táctica le salió a la perfección. Después de reclamar un par de penaltis en el área del Tordesillas llegó el primer gol en el minuto 71, obra de Lolo con un sensacional disparo desde la frontal. Ayrton, de cabeza y aprovechándose de una salida en falso de Barajas, logró el empate y, apenas cinco minutos después, se desató la locura en el Montecillo con otro balón en largo que rechazó la defensa vallisoletana, cayéndole a la pierna derecha del propio Ayrton.

La volea desde la frontal sorprendía a Barajas, que falló en el blocaje. Ahí estaba la remontada y los tres puntos. Sobró la expulsión de Ayrton que, en su euforia desatada, reventó el banderín del córner de una patada de kárate. A partir de ahí la Arandina se defendió como gato panza arriba e impidió que el Tordesillas, con un hombre más, crease alguna ocasión delante del arquero local Sebas.

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