COLEGIOS PROFESIONALES / TRABAJO SOCIAL
El Trabajo Social alerta de que la digitalización avanza más rápido que la inclusión
El Colegio Oficial reivindica el valor del acompañamiento humano

Imagen del Trabajo Social que representa los cuidados.
El avance imparable de la digitalización está transformando todos los ámbitos de la sociedad, también el de la intervención social. En este contexto, el Colegio Oficial de Trabajo Social de Burgos lanza una reflexión de fondo: la tecnología puede ser una aliada, pero también un nuevo factor de desigualdad si no se gestiona con criterios de inclusión.
Desde la profesión, recuerdan que el Trabajo Social tiene como eje la defensa de los derechos humanos y la justicia social, una labor que se ve tensionada en un escenario en el que los cambios tecnológicos avanzan a un ritmo muy superior al de la adaptación social. «Nuevos panoramas de discriminación y desigualdad amenazan con generar un analfabetismo funcional sin precedentes», advierten las representantes de la junta directiva, encabezada por María Jesús González como presidenta.
La irrupción de herramientas como la inteligencia artificial, los algoritmos o las plataformas digitales ha traído consigo ventajas evidentes: mayor agilidad en la gestión, rapidez en la transmisión de la información y un alcance más amplio de las comunicaciones. Sin embargo, este progreso convive con una realidad menos visible pero cada vez más preocupante: la brecha digital.
El colegio profesional pone el foco en dos grandes fracturas. Por un lado, la que separa a los llamados nativos digitales del resto de la población. Por otro, la que afecta a las personas con menos recursos económicos, que encuentran mayores dificultades para acceder a dispositivos, conectividad o formación tecnológica.
A esta situación se suman factores como el envejecimiento de la población —con personas mayores que no siempre cuentan con los conocimientos necesarios para desenvolverse en entornos digitales— o las limitaciones del medio rural, donde la conectividad sigue siendo irregular. Todo ello, unido a la sobrecarga de redes y la proliferación de información de dudosa veracidad, configura un escenario complejo para quienes necesitan acceder a recursos básicos.
Pero la transformación digital no solo impacta en la ciudadanía. También lo hace en los propios profesionales del Trabajo Social. Las trabajadoras sociales, explican, se ven obligadas a adaptarse a nuevas herramientas y sistemas de gestión, a menudo sin la formación suficiente ni el tiempo necesario para asimilar estos cambios.
El uso de plataformas digitales para el registro de datos, en ocasiones duplicado, y la presión por cuantificar la intervención —más centrada en el número de atenciones que en su calidad— son algunos de los retos que señalan. «Existe la sensación de que importa más la cantidad que el resultado real de la intervención», apuntan.
Pese a ello, el posicionamiento del colectivo no es de rechazo, sino de equilibrio. El Trabajo Social reconoce los beneficios de las nuevas tecnologías siempre que se utilicen como complemento, y no como sustituto, de la atención directa. La clave, insisten, está en un uso racional que permita mejorar la intervención sin deshumanizarla.
En este sentido, el colegio hace un llamamiento a las administraciones públicas para que asuman su responsabilidad en este proceso de transición. Reclaman inversiones que garanticen el acceso universal a los medios digitales, pero también formación adecuada tanto para la ciudadanía como para los profesionales.
«El acceso a la tecnología no puede convertirse en un nuevo filtro de exclusión», sostienen, subrayando la necesidad de políticas que reduzcan la brecha digital y refuercen los servicios sociales en un momento de cambio estructural.
En última instancia, el mensaje del Trabajo Social es claro: la tecnología debe estar al servicio de las personas, y no al revés. Porque, por mucho que avance la digitalización, hay aspectos de la intervención social que siguen siendo insustituibles.
«Ninguna máquina podrá reemplazar la calidez de un abrazo, una conversación emocional o el acompañamiento en momentos difíciles», concluyen.