Campos que hablan de Parkinson
El proyecto piloto PEST-PD une a neurólogos, biotecnólogos y expertos en medio ambiente para investigar si la exposición a pesticidas podría aumentar el riesgo de desarrollar Parkinson, usando biomarcadores en sangre y mucosa nasal para detectar señales tempranas en agricultores mayores de 45 años

Esther Cubo y Laura Gómez posan junto a su equipo multidisciplinar en el HUBU
Hay iniciativas que nacen de la preocupación genuina por las personas. La que lideran Esther Cubo Delgado y Laura Gómez Cuadrado es una de ellas. Ambas investigadoras han unido conocimientos con todo un equipo multidisciplinar para explorar una cuestión que podría cambiar la forma en que entendemos una de las enfermedades más complejas de nuestro tiempo, como es el Parkinson. Detrás de esta investigación hay historias de agricultores, de vidas ligadas a la tierra y a sustancias que durante décadas se usaron sin conocer del todo sus efectos.
Cubo, con su experiencia en el estudio de los trastornos del movimiento, es Jefa de Servicio de Neurología, profesora asociada de la Universidad de Burgos, doctor en Medicina, coordinadora de la Unidad de Trastornos del Movimiento, y Unidad de Referencia para la enfermedad de Huntington en Castilla y León, y Gómez, biotecnóloga y doctora en Medicina Molecular y Clínica, responsable de la línea de investigación de Biomedicina y Toxicología Celular dentro del grupo ICCRAM-EST (UBU), se adentran en un territorio donde la salud humana y el medio ambiente se cruzan, buscando respuestas que todavía nadie ha encontrado con certeza.
La enfermedad de Parkinson es una patología silenciosa que altera poco a poco la forma en que una persona se mueve, se comunica o incluso se relaciona con el mundo. Los temblores, la rigidez o la lentitud son solo la parte visible de una lucha diaria que exige paciencia, adaptación y una enorme fortaleza emocional.
El proyecto PEST-PD, impulsado desde el Hospital Universitario y la Universidad de Burgos, es una llamada a mirar con más atención a lo invisible. A conectar los campos de Castilla y León con los laboratorios, los análisis genéticos con las historias personales, y la ciencia con la vida cotidiana. La innovación, en este caso, no consiste solo en aplicar nuevas tecnologías, sino en atreverse a preguntar y en trabajar juntos, desde disciplinas distintas, para encontrar un punto común como es la prevención y el bienestar de las personas.
La idea del estudio surgió a partir de una preocupación común entre los investigadores, como es la posible relación entre la exposición a ciertos tóxicos y el desarrollo de la enfermedad de Parkinson. Cubo explica que, aunque esta conexión se sospecha desde hace años, los recientes avances en biomarcadores diagnósticos han abierto una oportunidad única para ir más allá de la observación y adentrarse en la prevención. Así, el estudio busca identificar señales tempranas en personas expuestas a pesticidas, con el objetivo de anticiparse a la enfermedad antes de que aparezcan los primeros síntomas.
El estudio busca identificar señales tempranas en personas expuestas a pesticidas, con el objetivo de anticiparse a la enfermedad
Ya había pistas que apuntaban en esa dirección, explica Gómez. Existían estudios que sugerían un posible vínculo entre la exposición a ciertos pesticidas y un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad, especialmente en el caso de compuestos como paraquat o rotenona, actualmente prohibidos en la Unión Europea. Estas investigaciones han mostrado que la exposición a estas sustancias puede inducir procesos como el estrés oxidativo o la disfunción mitocondrial, mecanismos implicados en la degeneración de neuronas dopaminérgicas. Aunque estos compuestos ya no se emplean, este conocimiento científico resulta valioso para comprender mejor cómo actúan distintas moléculas en el organismo y garantizar que las alternativas disponibles sigan siendo seguras, sin que ello implique sustituir los pesticidas actualmente en uso.

Integrantes del proyecto piloto PEST-PD
Este proyecto piloto es un paso pionero en España porque busca su objetivo de forma muy concreta, analizando biomarcadores recientemente validados en muestras de sangre y mucosa nasal. En palabras sencillas, se comparan personas expuestas a estos compuestos con otras que no lo están, todas ellas sin diagnóstico de la enfermedad, para detectar posibles señales tempranas que permitan identificar quién podría estar en riesgo antes de que aparezcan los síntomas.
Se comparan personas expuestas a estos compuestos con otras que no lo están, todas ellas sin diagnóstico de la enfermedad, para detectar posibles señales tempranas
El estudio se centra en agricultores mayores de 45 años porque como asevera Cubo, son quienes han estado expuestos durante más tiempo a los pesticidas y, por tanto, constituyen el grupo de mayor riesgo. Para conocer su estado y detectar posibles señales tempranas del Parkinson, se realizan análisis de sangre, orina y mucosa nasal, además de un registro en vídeo de su forma de andar y la velocidad de sus movimientos. Estos datos permitirán identificar factores genéticos de riesgo y biomarcadores asociados a la enfermedad, ofreciendo una visión más completa sobre su posible desarrollo. La acogida por parte de los voluntarios, cuenta Gómez, está siendo muy positiva: agricultores, sindicatos agrarios e incluso empresas de fitosanitarios se han mostrado comprometidos y participativos desde el inicio. Su implicación, que es tan solo un par de horas de su tiempo, puede marcar una gran diferencia en el estudio de esta enfermedad.
La fuerza del proyecto PEST-PD reside en su carácter colaborativo. La alianza entre el Hospital Universitario de Burgos y la Universidad de Burgos, a través de grupos como ICCRAM, ADMIRABLE y Edafología, ha permitido reunir a perfiles muy distintos como neurólogos, otorrinos, especialistas en medicina nuclear, enfermer@s, atención primaria, biotecnólogos, biólogos, ingenieros de la salud y de telecomunicaciones, agrónomos, que trabajan codo con codo para desentrañar cómo los pesticidas pueden influir en el desarrollo del Parkinson. Esta combinación de miradas y conocimientos convierte al estudio en una iniciativa única, capaz de conectar lo que ocurre en los campos agrícolas con lo que sucede en el interior del cuerpo humano. Además, si se consigue la financiación europea y de la Junta de castilla y León que esperan, el equipo planea dar un paso más en todos los sentidos y ampliar el estudio, realizar pruebas de neurotoxicidad in vitro y desarrollar una plataforma digital que integre datos clínicos, genéticos y ambientales, entre otros.
Mientras tanto, el proyecto sigue avanzando. Se está finalizando la inclusión de participantes, y los investigadores animan a los agricultores a sumarse al estudio. Se puede participar llamando al 640 25 79 54 o escribiendo un email a pestpdburgos@gmail.com.
Tras recoger los datos, se realizará un análisis exhaustivo y una divulgación amplia de los resultados, además de buscar una mayor financiación que permita ampliar la muestra y profundizar en preguntas clave, como identificar los pesticidas de mayor riesgo y las personas más vulnerables a su efecto. Aunque ahora es un estudio piloto, la intención es que sus hallazgos puedan crecer y generar cambios reales en salud pública y seguridad laboral.