El Correo de Burgos

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Muchas cosas están cambiando en los últimos meses. Los ciudadanos han pasado del hastío a la movilización. De la indignación y la lucha. La tradicional apatía tan arraigada en el ADN de las gentes de estas tierras comienza a resquebrajarse por los cuatro costados.

La paciencia tiene un límite. Y como los ríos en tiempo de deshielo, lleva camino de desbordar su rabia. Incontenible. Febril. Regeneradora de una vida política que huele a podrido.

Por vez primera un amplio y plural movimiento ciudadano ha decidido tomar las riendas de su destino. Todavía está en fase de gestación de un programa con el que aspira a contar con una amplia representación en el Consistorio que les permita hacer oír su voz, hasta ahora silenciada.

Su corazón brioso late con fuerza alimentado por los deseos de cambio de centenares de burgaleses ahítos de una revolución en la forma de entender la gestión de la cosa pública. Un oficio, el de gobernante, que se ha convertido en la capital en un ejercicio de servilismo constante a oscuros intereses. Hasta el punto que una vez convertido esta actividad en su forma de sustento, no dudarán en utilizar cuantos medios dispongan a su alcance (y no son pocos los pesebreros que les prestan sus servicios implorando unas migajas) para garantizar la obtención de ingresos.

Mientras sigue creciendo el número de personas desalojadas de sus viviendas, el de ciudadanos que se tragan su orgullo para acudir a los comedores sociales, o el trabajadores en situación de precariedad con salarios miserables que apenas les permiten sobrevivir, el actual equipo de Gobierno municipal, ajeno a unas preocupaciones que parecen sonarles muy lejanas o irreales, se muestra más preocupado en favorecer los intereses de empresas privadas con la concesión de obras millonarias completamente inútiles y a todas luces inoportunas.

Un tiempo nuevo parece abrirse camino, aunque no serán pocos quienes intenten sembrarlo de obstáculos y apelar al miedo como estrategia de defensa. No hay vuelta atrás. ¿Lo imaginas? Nos encontramos ante una oportunidad única de variar el rumbo de la historia. Aprovechémosla.

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