Aire fresco
MÁS variedad que en un mercado persa encontrarán los burgaleses a la hora de elegir su papeleta para los próximos comicios municipales del 24M. Hasta nueve formaciones políticas concurrirán a las elecciones en la capital (PP, PSOE, Progresa Burgos, UPyD, Imagina Burgos, Partido Castellano-Tierra Comunera, Ciudadanos, Vox y Solidaridad y Autogestión).
Nuevas formaciones. Y viejas formas de entender la política (las más de las veces al servicio de los intereses de ciertos particulares que se distinguen por su defensa a ultranza de la supervivencia de un modelo que les ha llenado los bolsillos). Marcas en pleno despegue nacional sin contenido local, regionalistas en busca de su espacio, nostálgicos de otros tiempos...
Candidaturas de unidad popular, partidos unipersonales, americanas de pana recién salidas del tinte, liberales en defensa de un sistema agotado solo sostenible por su control férreo de los instrumentos del poder...
La ciudad se juega su crédito, la posibilidad de engancharse al tren de la modernidad, la amplitud de miras, el crecimiento sostenible o la justicia social. Pero corre también el riesgo de permanecer estancada en los usos psedofeudales que la mantienen encadenada sociológicamente a un concepto marginal en las sociedades más avanzadas pero aquí defiende, con mal escondido orgullo, su último bastión: el de vasallaje.
No es cuestión baladí. El futuro está en juego. Ningún ciudadano responsable, menos aún aquellos a quienes se les llena la boca enarbolando la bandera del burgalesismo, debería desaprovechar la oportunidad de pasar revista a los diferentes programas políticos, así como a las trayectorias profesionales y capacidad de gestión de los que serán sus representantes los próximos cuatro años.
Aunque para algunos las promesas electorales tienen el mismo valor que el de sus trayectorias profesionales al margen de los cargos públicos, el análisis pormenorizado de las diferentes propuestas debería ser una obligación para todos los que acudan a la llamada de las urnas. Lo contrario será un ejercicio de traición.
Burgos no anda precisamente sobrado de espíritu crítico. El inmovilismo es, desafortunadamente, una de sus señas de identidad. Estoicamente encaja mil y una afrentas, desvergüenzas y corruptelas.
Hasta los más grandes imperios han sido arrasados. El viento en algún momento cambia de dirección. Habrá que tener las velas prestas para la travesía.