El Correo de Burgos

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A cualquiera que ose entrar en el mundo de la política y en él, representar las voluntades de los demás, habrá que hacerle un examen de conciencia y dolor de los pecados. Ya se sabe, pedirles idiomas y que superen el bachiller y más, terminar honestamente una carrera, es casi una excepción. Si bien esta última condición no ha de ser la principal para que un diputado o concejal hagan bien su tarea. Eso sí, la sensatez se alcanza tras pasar por etapas de la vida que les hacen pensar en ellos y en los demás. Digamos que el tiempo es el campo de batalla en el que todos aprendemos a serenar nuestras vergüenzas y curtir los lomos. Un Senador, un Alcalde, no ha de ser ni muy joven ni muy viejo, ni muy listo ni muy tonto. Ni impulsivo ni sereno. Ha de guardar dentro de sí, la experiencia de haber sacado adelante intereses de los demás habiéndoles sentido suyos y una vez terminada esa tarea, pasados los años y probada su eficacia, ofrecer los resultados para una causa más compleja como es la política de altos vuelos. Pasa que esto es al revés y la política sirve de juguete en manos de niños o viejos, que al final son casi lo mismo. Cuando en Puerta del Sol prendió la ilusión de un nuevo grupo que inyectase frescura, todos pensamos que por fin el pueblo llano tendría su minuto de gloria, participaría y hasta se le entendería. Fue la génesis truncada de una posibilidad serena, porque sirvió de refugio a la izquierda que se hundía en un mar de hastío como lo hacen hoy los demás. Podemos se ha politizado y radicalizado ahogando las voces frescas de gentes que pudimos creer en su origen espontaneo. Lo mejor de esta nueva formación es la gente que ha votado por una opción de difícil continuidad, su gran mayoría. Lo peor, sus líderes que ven la oportunidad de subirse al caballo desbocado del poder. Una lástima. Más de lo mismo. La derecha acomplejada del Partido Popular, ve como se desmonta piedra a piedra su castillo mal defendido, mientras el Partido Socialista que una vez fue español, deja en manos de un aprendiz de brujo, la alquimia. Así son las cosas del poder que está perfectamente definido y ordenado en estantes que clasifican a nuestros representantes que poco se parecen a los españoles de a pie. A estamos a mil años luz. Cortedad de miras y mediocridad moral e intelectual. España es de izquierdas, es bien sabido, con un perfil que ha cincelado la historia en los caminos de pillos, lazarillos, truhanes, poetas y hambre. Ser de izquierdas nos ha hecho correosos y supervivientes. Nuestros abuelos rojos también tenían el sentido de patria y de ello, el dolor cuando fueron vencidos por la otra media España. Ya no queda nada.

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