La frente y el aire
Por alguna razón somos capaces de imaginar a personas que se ponen de acuerdo y a otras no. Cuestión de empatía, aura o feromonas que en ocasiones, nos sentimos cómodos con unos y a disgusto con otros. Imagino que lo mismo sucede cuando alguien mira nuestros ojos o el lenguaje de las manos. Los gorriones que picoteamos por la calle no preguntamos a ningún otro ave si anida en palacio o en tejado de iglesia y de tú a tú, repartimos el triguillo o las migas de pan. Ojo con los halcones que sobrevuelan alto y que con ventaja ven nuestros movimientos y cazan ilusiones. La gente de a pie hacemos el día a día sin preguntar en nuestras oficinas y trabajos, de qué signo político es quien se cruza ni qué ideología desvela sus sueños. Simplemente, convivimos, nos mezclamos, interactuamos y llegamos a entendimientos a veces casi imposibles sin que la política se meta de por medio. Ese elixir filtrado en seda fina que cuando se mete en tus venas, retuerce los sentidos y te hace ser de un lugar acotado y definido por las ideas y postulados irrevocables. Tanto izquierdas como derechas de pata negra o descafeinadas, andan cada vez más perdidas en la búsqueda de ese lugar que como un redil, alberga el rebaño ideológico que no es otra cosa que el conjunto de nuestros representantes electos. Así es esto que, cada grupo político necesita un espacio casi físico donde significarse y distinguirse de los otros. Populares, Socialistas, Ciudadanos y Podemistas, amén de otros menores necesitan dibujar su marca de fuego con la intención de revalidar la confianza que hemos depositado en ellos. A toca costa y en ello se les va la vida, han de demostrar que son distintos a los demás y son lo que esperamos que sean. Dicho así, parece trivial y es en esto donde está la madre del cordero. Hoy por hoy, entre todos ellos hay un espacio común que comparten, cada vez más grande y que por no ser, no es de nadie. Espacio que habla de las necesidades y expectativas que los que volamos raso, no queremos que se corte en rodajas políticas. El espacio aéreo no tiene dueño ni el aire que respiramos y esta lección, han de aprenderla nuestros representantes políticos que cada vez menos, saben lo que sentimos y hasta donde somos capaces de ceder ante los demás con tal de sobrevivir. Tengo la convicción de que ellos andan muy perdidos y necesitan confesores que les abran los ojos y susurren a sus oídos las verdades de la mies, el sudor y la frente.