El Correo de Burgos

Creado:

Actualizado:

NO TARDANDO Pedro Sánchez se enfrenta, de nuevo, al mayor reto de su incipiente carrera política por medio de la presentación a unas elecciones en las que todas las encuestas vaticinan una pérdida masiva de votos para su partido y una brutal acometida desde los partidos de su izquierda que amenazan con puentearle y hacerle un roto de considerables dimensiones. Vamos, lo que se viene llamando hoy en día un sorpasso.

Las cosas no le van saliendo muy bien, últimamente. De aquel pacto de carácter centrista que había hecho con Ciudadanos no ha quedado más que el marchamo de partido cercano al PP. De los escarceos con Podemos, todo lo contrario. Un tufillo a partido revolucionario que pretende ir contra la mayoría de las estructuras del Estado. Lo último ha sido que desde Podemos han intentado apropiarse de la proclama socialdemócrata para su partido colocándole al bueno de Karl Marx el sello de socialdemócrata. Qué pena que fuese comunista. Y además de todo el cuerpo. Pedro a instancia de los grandes poderes del partido ha debido contestar con rabia ¡oye que los social demócratas somos nosotros!, de toda la vida. ¿A ver desde cuando vosotros buscáis una política reformista de participación ciudadana, protección del medio ambiente o integración de minorías sociales?

Ahora se encuentra en el lío de su vida. Desde el partido le han avisado que no hay que pactar con Podemos y se debe evitar su hegemonía. ¿Cómo hacerlo? El PSOE ha perdido el izquierdazo del voto joven. Aquel que generalmente más se acercaba al partido. Aquellos que ahora votan emergente. La solución apareció por sí sola. Retomar aquel acuerdo con Podemos que, a buen seguro, todavía no está no olvidado ni guardado. Cualquier resultado es bueno si el que sale ganando soy yo. Para eso ha advertido a los barones del partido que cualquiera que sea el resultado, si hubiera que pactar, él directamente controlaría los pactos antes y después de las elecciones. Para investidura o para pactos de gobierno. Eso aunque tenga en contra a la mitad de ellos. Alguno esperando la llegada de la bandeja con su cabeza, en forma de escrutinio inferior a noventa escaños y aun así, ya veríamos.

Más de lo mismo. Lo único cierto es que ha rebajado el gasto en publicidad electoral, por el sencillo método de permitir que en aquellas banderolas que enseñan la cara del candidato pidiendo el voto para un determinado partido político, no estuviese su cara. Ayer mismo la calle Vitoria, Carretera de Logroño y resto de Gamonal eran un auténtico poema. Las únicas banderolas que se veían eran las de la cara de Alberto Garzón.

tracking