El Correo de Burgos

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PASADO el meridiano del mandato municipal, los cuatro grupos del Ayuntamiento han mostrado la cara y cruz de su moneda, en qué pueden dar de sí y poco más de lo mismo. A partir de ahora, juego de enrocamiento para llegar al final de partida con las menos bajas posible. Si además tenemos en cuenta, que nunca más habrá mayorías en Plaza Mayor, es preciso diseñar la forma de mandar en ciudades importantes como Burgos, sin que el gobierno sea un trauma o resignación como ahora pasa, tanto para quien quiere y no puede como para quien puede y no quiere. Es así, una nueva dimensión de hacer política está llegando desde el fragor de la calle, las trincheras ciudadanas y garitos de copas. Un carnaval embadurnado de salsa agridulce y limón amargo. Por eso, quienes están instruidos en las viejas estrategias y enseñanzas aprendidas desde las bases, tienen que dejar paso a los pocos que saben gestionar como lo hace IBM sin corazón. La política es humana, llena de debilidades y franquicias, favores debidos y postulados de manual. No hay sitio para las viejas guardias y si algo traerán los diez años de crisis vividos, es un nuevo arte. El de la política experimental de vanguardias que aprenderá de sus errores y convergerá de nuevo en los mismos vicios de ahora. Tiempo al tiempo. Populares, Socialistas, Ciudadanos e Imaginarios saben bien que de aquí a dos años tienen la reválida y los burgaleses ya casi llevamos la papeleta en el bolso, esperando a que abran las urnas. Qué le espera a Ciudadanos en el papel de liberalismo no encontrado. Qué le espera a Imagina. Qué le espera al PSOE. Todos saben bien que la túrmix removerá de sitio ocho concejales. Con certeza, dos nuevos grupos entrarán al Ayuntamiento y uno desaparecerá, todo esto con Populares y Socialistas llegando a un número igual o parecido de concejales. En este escenario futuro que intuyo, ambos partidos mayoritarios han de tener la capacidad de no hablar en clave política, sino con el lenguaje de empresarios, comerciantes y tratantes. De lo contrario, aburrimiento, incertidumbre y hastío. Un nuevo alcalde con gancho que, a pesar de no tener mayoría en sus escaños, caiga bien y sea respetado por todos los concejales. Que se plante y en el Madrid de los Austrias, pida para nosotros lo que ningún otro se ha atrevido. La cuestión es, si quien muchos tenemos en mente querrá o dejarán las estructuras fácticas. Hagan apuestas, pase lo que pase, el Arlanzón bajará siempre sobre el mapa, de izquierda a derecha.

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