El Correo de Burgos

DANZA

El certamen hecho por bailarines para bailarines

El Certamen Internacional de Coreografía Burgos & Nueva York arranca en la Llana de Afuera con nuevos lenguajes y danza urbana. Es la fase final de un proyecto que arranca en septiembre y mueve a 40 profesionales en la organización

Cuando los grupos se suben al escenario para presentar su coreografía, ya hay meses de trabajo en el backstage.

Cuando los grupos se suben al escenario para presentar su coreografía, ya hay meses de trabajo en el backstage.

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En unas horas la 23 edición del Certamen Internacional de Coreografía Burgos Nueva York (Bu&Ny) iniciará su semana grande. Empiezan días frenéticos para un equipo de 40 personas que están detrás del escenario para que todo encaje como un reloj. «Estos días de mayor actividad empezamos a las 8 de la mañana para que todo esté a punto y terminar... Cuando toque. Son días de mucho trabajo pero también de disfrutar», señala una de las coordinadoras del certamen Burgos Nueva York, Leticia Bernardo.

Desde hace tiempo, septiembre, ella y Sara Saiz están haciendo malabares para que todo esté coordinador al milímetro en los 24 espectáculos de danza que llenarán la ciudad en el teatro, con el Teatro Principal como sede, y en espacios no convencionales como el centro histórico o iglesias y castillos repartidos en cuatro comunidades autónomas. Y el trabajo del equipo de 40 profesionales, 15 en labores de coordinación bajo la dirección de Alberto Estébanez, tiene dos protagonistas: el público y los artistas.

Sara Saiz y Leticia Bernardo coordinan un equipo de 40 personas para que todo funcione como un reloj.

Sara Saiz y Leticia Bernardo coordinan un equipo de 40 personas para que todo funcione como un reloj.OSCAR CORCUERA

 «Esto es un festival hecho por bailarines para bailarines somos bailarines en la producción, en el equipo técnico, en la organización y por eso los artistas que participan reconocen ese trabajo», explica Sara Saiz. Ambas forman parte del Ballet Contemporáneo de Burgos e imparten clases de danza en el centro Hélade que estos días organiza el Summer Dance Camp en diferentes categorías en el que muchos participantes en el certamen están al frente de las clases.

Poner en marcha un espacio de danza en 15 ubicaciones distintas de cinco comunidades autónomas diferentes, llenar la ciudad de espectáculos de danza desde el Certamen de coreografía propiamente dicho, ‘Danza en el Teatro’, el ciclo con el que recorren cientos de kilómetros ‘Danza en el camino’ o ‘Bailando con piedras’ con participantes de diferentes partes del mundo (desde Taiwan o Rusia a Francia) o el destinado a los más jóvenes, que empieza hoy, ‘Burgos T- Mueve’ y Moving Spaces. Son los retos que empiezan a preparar en septiembre del año anterior. «Hay mucho trabajo detrás y para nosotras el festival empieza cuando se acaba el anterior», reconoce Sáiz.

En septiembre es hora de analizar entre la organización y las empresas colaboradoras, que «después de 23 años ya somos como una gran familia», los fallos y los posibles cambios así como la tramitación burocrática de las colaboraciones con instituciones públicas y otros festivales. En enero ya se lanza la convocatoria a los profesionales y para junio ya se sabe quienes van a venir y cuando.

Ahora, la actividad se multiplica. Ya están los bailarines ubicados en la Residencia de Estudiantes de San Agustín, los invitados y el jurado, encabezado por el bailarín Antonio Canales, en el Hotel Silken Gran Teatro, y el Teatro Principal dispuesto. La jornada arranca con una reunión con el equipo técnico y los bailarines para planificar la jornada, los tiempos para emplazar y las necesidades en el escenario del Teatro o de los espacios no convencionales en los que la danza encaja como un guante. Y después la jornada termina en «el bar del Espolón donde el jurado, el público, los bailarines tienen un encuentro improvisado y genial en el que, además, los profesionales podemos hacer networking, establecer colaboraciones... Hay proyectos y colaboraciones que han surgido aquí», relata Leticia Bernardo.

La ejecución de cada jornada ya es casi mecánica. Llevan 23 años perfeccionándolo. El festival arrancó en el año 2002 con el certamen del teatro exclusivamente. «Entonces solo era el concurso del Teatro, tres días y nos parecía todo un mundo, acabábamos agotadas física y mentalmente, quién nos iba a decir que seguiríamos 22 años después con el triple de actividad y encantadas», sostienen.

1.500 kilómetros en danza

Con los años se ha incrementando la actividad y el radio de acción del certamen. Un ejemplo es el programa Danza en el Camino que arranco el 8 de julio y termina hoy en los Yacimientos de Atapuerca. Los tres espectáculos en danza y el equipo técnico han recorrido más de 1.500 kilómetros por el Camino de Santiago para llevar el baile contemporáneo a pequeños pueblos o entornos patrimoniales. «Por un lado van los bailarines en un autobús, el equipo técnico con el material vamos en una furgoneta y, literalmente, ha sido cada día en un sitio por toda la ruta Xacobea», explica el responsable técnico de Danza en el Camino, Fernando Careaga.

Nos cuenta desde Santiago de Compostela, ayer estaban en Bilbao y hoy se instalan en la Trinchera del Ferrocarril de los yacimientos de Atapuerca, que en cuatro horas transforman una plaza de un pequeño pueblo como San Medel o entornos patrimoniales como la Estación de Canfranc o el Atrio del Museo Guggenheim Bilbao en un entorno de danza profesional. Un requerimiento técnico «profesional y lo menos invasivo posible con el entorno», relata Careaga, que también es bailarín (forma parte de la compañía No bautizados y atesora 10 años de experiencia técnica y artística).

Un suelo de linóleo especial para danza y un equipo de sonido e iluminación inalámbrico permiten adaptar cualquier espacio para la creación artística.

Un suelo de linóleo especial para danza y un equipo de sonido e iluminación inalámbrico permiten adaptar cualquier espacio para la creación artística.

 «Llevar todo esto a un lugar donde no es un espacio escénico acondicionado es más fácil con el equipo que tiene el festival que es inalámbrico lo que lo hace menos contaminante e invasivo para los espacios naturales en los que nos movemos y que es muy fácil de camuflar», explica. Así el equipo de sonido no tiene alimentación, funciona a batería, ni cableado al igual que la iluminación que también es inalámbrica.

En cuanto al suelo se trabaja con seguridad para que las piedras y la rugosidad del firme no llegue a los pies de los bailarines. «Trabajamos con Harlequin floors, es una casa de suelos especializado en danza que nos acerca los mejores linóleos que hay en el mundo y es algo que los bailarines reconocen», explica Sara Sáiz.

Adaptarse a un entorno tan singular es, según Fernando Careaga, una oportunidad. «Si bien el festival mantiene una unidad de actuación, puesto que estamos ante un concurso, sí es cierto que el entorno te permite una labor de investigación previa que tete ayuda a adaptar tu trabajo al entorno y a cada público con lo que, yo que los estoy viendo todos, un mismo espectáculo es diferente en función del lugar en el que se desarrolla», explica.

¿Por qué se celebra Burgos un certamen con Nueva York?

El Certamen Internacional de Coreografía Burgos & Nueva York supone unir dos espacios lejanos entre sí. El Ballet Contemporáneo de Burgos con Nueva York. ¿Cómo surgió esa relación? El Purchase College de la Universidad de Nueva York puso en marcha unos cursos de verano en España. Eligió la ciudad de Burgos. El centro, ubicado en la avenida de la Paz (que posteriormente sería sede provisional del Cenieh y redacción de este periódico) mantenía un programa de estudios en el extranjero coordinado por Peter Schawab. Además de Español se desarrollaban también cursos de arte, patrimonio, música y danza. En este último apartado llegó la coreógrafa de origen japonés Kazuko Hirabayashi. Una de las grandes de la danza contemporánea internacional. Fueron los inicios de un festival que no ha hecho más que crecer y es una cita esperada por los bailarines.

El Certamen Internacional Burgos Nueva York presume de ser uno de los concursos que otorga un mayor volumen de premios en metálico. Un total de 61.000 euros. Aquí, como en el equipamiento y disposición técnica, se nota que es un ‘festival de bailarines para bailarines’. Fue uno de los primeros certámenes en contar con el apoyo del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (Inaem) y tienen claro que «la danza es un trabajo que hay que pagarlo», sentencia Bernardo. Por ello el volumen de premios económicos es de los más altos del país pero, además, hay otros premios en forma de becas, colaboraciones, residencias artísticas o actuaciones en Costa Rica, San Sebastián, la Gomera, Madrid o Heidelberg (Alemania).

«Muchos se toman el festival como una forma de presentarse al ámbito español o europeo», explican. Así el israelí Sharon Fridman, el italiano Giovanni Saudo o la taiwanesa Hung-Chung Lai lograron reconocimientos en el festival y ahora están despuntando en el panorama internacional de la danza contemporánea.

En el festival han visto como en estos 23 años la concepción de la danza ha ido cambiando. Desde la danza vertical en su momento a los eventos en la calle y en espacios alternativos. «No se baila ni mejor ni peor, es diferente, aunque sí destacaría que el nivel técnico y de interpretación es muy alto», señala Sara Sáiz. Para todos, y ellas como profesoras en Hélade, el festival es, ante todo, una oportunidad. «Es una suerte y un privilegio poder tener este abanico de artistas y producciones aquí en Burgos, el festival te permite tener una idea de como está el panorama de la danza en el mundo sin salir de tu ciudad», explica Leticia. Un reto que vive ahora su semana grande. Ya quedan horas para que se levante el telón del principal o se tienda el linóleo en la Llana de Afuera. 

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