Tradición y folclore para honrar al patrón de Burgos
Un enero más cientos de burgaleses desafiaron al frío y a la amenaza de lluvia para festejar a San Lesmes / La venta de los tradicionales panecillos y el reparto de chorizo y morcilla volvieron a provocar largas colas

Una mujer compra los tradiciones panecillos de San Lesmes.
El santo intercedió y la lluvia dio una tregua aunque se mantuvo amenazante durante toda la jornada y acabó llegando por la tarde. Los burgaleses pudieron honrar a San Lesmes como cada mes de enero y junto a la iglesia que lleva su nombre. El fuerte viento hizo acto de presencia como ya avisaban las predicciones meteorológicas y el sol no asomó, pero ni falta que hizo porque un año más los burgaleses caldearon la plaza de San Juan con largas colas para recoger los tradicionales panecillos y arropando a los grupos de danzas que amenizaron la mañana a la espera del tradicional baile de los Gigantilos.
Burgos
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Virginia Martín
Como cada festividad, la jornada comenzó con un pasacalles madrugador de la mano de Dulzaineros de Capiscol. Fue a media mañana cuando la comitiva formada por miembros de la Corporación municipal y autoridades de la localidad francesa de Loudum- hermanada con la capital burgalesa- así como por Gigantillos, dulzaineros y danzantes, las peñas de la ciudad y sus reinas y los grupos folclóricos inició su camino hasta la iglesia de San Lesmes.
En el templo burgalés se celebró la misa solemne en honor a San Lesmes, que estuvo presidida por el arzobispo de Burgos, Mario Iceta. Un año más la celebración religiosa contó con la intervención de la Coral de Cámara San Esteban y de las Danzas Burgalesas Justo del Río.
A esas horas de la mañana, la plaza bullía de vida y ya cientos de burgaleses aprovechaban para cumplir con una de las tradiciones más arraigadas de la cita: el reparto de los panecillos del santo, previamente bendecidos por el arzobispo de Burgos. «Es una tradición que no nos solemos perder y si el tiempo acompaña siempre venimos a por unos panecillos para el postre de hoy y el desayuno de mañana». Así lo asegura Carlos, que sostiene con una mano a su hija y con la otra la cuerda con media docena de bollos.
El reparto de bollos arranca a las doce y media de la mañana, pero desde media hora antes los burgaleses empiezan a hacer cola para comprar los panecillos. En una de ellas se encuentra Marta junto a sus nietos. «Siempre que podemos venimos a por los panecillos y desde hace unos años vengo con mis nietos», comenta con una sonrisa. «A cada uno le gusta uno, así que para que no haya discusiones cogemos dulces y salados», señala.
Un poco más adelante, Pedro también hace fila con sus hijos. «Siempre he estado ligado a la tradición burgalesa porque de joven bailaba danzas y me gusta que mis hijos conozcan las tradiciones de nuestra tierra», explica al tiempo que recoge los panecillos.
En la otra punta de la plaza varias familias aprovechan para hacerse fotos con los personajes más entrañables de la cultura burgalesa: Los Gigantillos. «Venimos especialmente a ver bailar a los Gigantillos porque le encantan a mi hijo», explica Sonia señalando a un niño que se hace fotos con las tradicionales figuras de la mano de su abuelo. Y mientras unos disfrutan de una mañana de descanso y fiesta, otros se encargan de que todo vaya como la seda.
En una de las casetas, Lucía es una de las jóvenes que a lo largo de la mañana se encarga de la venta de panecillos. No es la primera vez. Se nota la experiencia en la soltura con la que se mueve en la caseta. «La mayoría de la gente prefiere los panecillos dulces», apunta, al tiempo que reconoce que ella también. Tampoco puede faltar el reparto de chorizo y morcilla y vino de la tierra. «En cualquier fiesta burgalesa no pueden faltar estos pinchos», comenta una de las voluntarias mientras entrega un plato.
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A la una de la tarde finalizaba la misa y poco después de la una y veinte los Gigantillos dejaban las puertas de la iglesia de San Lesmes y salían a escena haciendo las delicias de grandes y pequeños con su tradicional danza. Momentos antes, danzantes y los grupos folclóricos de la ciudad Diego Porcelos, Tierras del Cid, Gavilla, Mª Ángeles Saiz, Nuestra Señora de las Nieves, Los Zagales, Estampas Burgalesas, Trébede, Arbayal y San Pedro de la Fuente amenizaron la mañana con sus actuaciones. «Siempre es un placer venir a bailar a San Lesmes. Es una celebración muy importante para nosotros y no podemos faltar», apunta Beatriz, miembro de los grupos de danzas.
A partir de las dos de la tarde los que quisieron pudieron seguir disfrutando de la jornada con una comida solidaria de garbanzos con callos en la plaza Virgen del Manzano, que tuvo un coste de cinco euros por ración organizada dentro del evento Burgos Vive San Lesmes de la mano de la peña Los Calores.
Báculo de oro
Hasta el próximo domingo 9 de febrero el programa de fiestas lo completan música, magia y teatro. Ese mismo día tendrá lugar en el Monasterio de San Juan la entrega del Báculo de Oro. El domingo 2 de febrero se cierra el concurso de tapas en el que participan 26 establecimientos de la ciudad.