FIESTA DE LA CECINA
«Hace una semana no teníamos local para cocer la cecina»
El párroco de la Iglesia de San Pedro cedió un espacio en el último momento. Durante tres días trabajan en la preparación del manjar que viene menos cargado de chorizo y morcilla. «Con el dinero que nos dan, el mismo desde hace años, y con la subida de todo no podemos coger más, llegará hasta donde llegue».

El grupo de vecinos que pusieron ayer las ollas al fuego con la cecina que se repartira el proximo sabado en la Plaza de San Pedro de la Fuente.
A primera hora de la mañana, tres días antes del reparto de la cecina, que se celebrará en el Barrio de San Pedro de la Fuente y Fuentecillas a partir de las 13 horas de este sábado, una avanzadilla de las cocineras se afanaba en preparar las ollas. El día anterior ya habían estado disponiendo todos los elementos y los fuegos para colocar las ollas. Una semana antes , los vecinos pensaban que no tendrían dónde preparar la cecina.
El problema de falta de un local mínimamente acondicionado se repite cada año. En este 2025, cuando la Cátedra de San Pedro y el reparto de cecina luce el emblema de Fiesta de Interés Turístico Regional, todo fue a peor. «Nos cedían un local sin las condiciones mínimas, sin luz ni agua y teníamos que estar con linternas y de manera precaria, aunque podíamos hacerlo pero este año una semana antes de ponernos a preparar todo nos comentaron que no podían cederlo por temas de seguridad», explica Bobby que desde hace más de 20 años coordina todo lo necesario para que las cocineras de la cecina puedan mantener viva esta tradición que se remonta a los orígenes de la ciudad.
«De un día para otro nos vimos sin local, sin cecina y sin poder hacer fiesta porque aquí nadie quiere escuchar lo que realmente necesitamos, pero al final hablamos con el párroco y Don Gabriel nos cedió este espacio en la casa parroquial que adaptamos como podemos», explica desde la Asociación de Vecinos de San Pedro de la Fuente y Fuentecillas, Javier Albo.

Las ollas en el exterior y en el interior, han podido contar este año con una toma de agua y luz.
«Al final estamos mejor aquí que en el otro sitio, al menos tenemos agua, podemos colocar los fuegos al aire libre aprovechando que el tiempo nos lo permite», explica una de las cocineras. Algunas llevan más de 20 años cociendo la cecina un grupo de veteranas, donde este año apoyan desde la distancia Flori Pérez y Angelines Mediavilla. Desde hace unos años se han unido una nueva generación que, a pesar de la adversidad que cada año se encuentran, pelean por mantener viva la tradición. «Si esto se deja de hacer un año, se pierde», lamenta Ana.
«Siempre parece que no llegamos pero al final, tenemos las ollas a punto de hervir», comenta mientras con el cucharon da vuelta al cocido. Este año con menos chorizo y morcilla que años atrás. Y es que la subvención se mantiene inalterable, pero en los últimos cuatro años los precios se han disparado. La cecina este año está casi un euro más cara que el año pasado. Surten las carnicerías del barrio que ofrecen el resto de ingredientes de carne. «Si siempre te dan la misma cantidad, pero los precios han subido, pues al final tienes menos este año nada ocho chorizos hemos podido poner y los 80 kilos de cecina, no hay más, este año que el reparto es en sábado, llegará hasta dónde llegue», lamentan.
Milagros Barbero, Sonia, María Manzano, Nuria Maestro, Clara de la Fuente, Rosa Gallardo, Ana Alcalde, Ascensión Ibáñez, Ana Aragón y Julia Reizabal son las que se encargaron durante este primer día de actividad de colocar todos los ingredientes en las tres ollas. Claman cuando se les pregunta por el local cocina y extractores de humo que dice la concejal de Festejos, Carolina Álvarez, que solicitan. «No señor, no queremos nada de eso, con tener una toma de corriente y un punto de agua nos vale, lo demás nos apañamos porque en el local que lo hicimos hasta el año pasado no teníamos nada de eso», explica Bobby. «Ni siquiera pedimos agua caliente y mucho menos calefacción o una cocina, solo un espacio para poder tener agua sin tener que ir hasta la fuente de la plaza a por ella que nos ha pasado hasta este año», lamenta Ana.
«El reconocimiento es de propaganda, por lo demás estamos peor»
Las más mayores cuentan que durante mucho tiempo se hacía en el local anterior al CEAS que fue colegio y sede de una de las peñas del barrio, incluso alguno recuerda que en los planos del centro, que hace las veces de cívico, había previsto punto de agua y fregaderos en el patio para esto. Pero todo cayó en saco roto hasta hoy. Pierden la cuenta las veces que autoridades acuden a degustar la cecina pero «esté quien esté, que este problema no es de ahora, siempre lo mismo». Añade otra de las vecinas que «yo pensé que si era Fiesta de Interés Turístico Regional, traería algo más que el título, pero me equivoqué». «El reconocimiento es solo propaganda, un papel porque por lo demás estamos peor», lamentan.
Eso sí, quien no falla son los vecinos. Las cocineras de la cecina algunas ya están mayores, no pueden hacer el esfuerzo, otras siguen la estela pero también hay un grupo de jóvenes que quierne tomar el legado. «Aquí no hay un problema de voluntarios, aquí la gente se vuelca con la fiesta, no queremos que se pierda forma parte de nuestra historia como barrio, lo hemos vivido desde pequeños, cuando daban cecina de burro y no vamos a permitir que se pierda, por lo que corre de nuestra cuenta por lo menos», señala Julia, una de las más veteranas.
Una receta centenaria

Las tres ollas ya hierven con menos la cecina tradicional que desde hace decadas se sirve en las fiestas de San Pedro de la Fuente y Fuentecillas.
La receta es la tradicional de toda la vida. Antaño, esta es una fiesta centenaria, se preparaba el guiso con cecina de burro. Como aquel que, durante el medievo, pereció por el frío junto al Puente Malatos y su dueño aprovechó para repartir la carne entre los allegados y que se cree que es el origen de este tradicional reparto . Muchos lo recuerdan como «de niños era un día de fiesta, esa cecina de burro... era un orgullo para todos y mantenerlo lo sigue siendo».
Y la receta se la saben de memoria. El día anterior de empezar la cocción se pone la cecina a remojo. Tres días antes del reparto se unen los ingredientes. La cecina que se reparte lleva en el puchero el manjar que da nombre a la festividad pero también, aunque cada vez en menos cantidad, chorizo y morcilla. «Este año nada, ocho chorizos y morcilla, si llega el último día bien porque se puede añadir en la última cocción pero de momento no hay», explican.
Contar con el mismo presupuesto con el incremento de precios obliga a ajustar las cantidades. Lo principal es la cecina. 80 kilos. Además, se añade también tocino, huesos y gallina. De verdura a los garbanzos se suma, aunque en la tapa no se vea, acelga, puerro, espinaca y zanahoria. Todo se pone a calentar hasta hervir. A partir de ahí se deja cocer durante cuatro horas.
El trabajo duro, y con el que pelean un día antes del reparto de la cecina, es el de limpiar las piezas de carne para el día siguiente. A pelar y colocar. Bajar y subir ollas. Limpiar con agua, este año tienen suerte y hay agua corriente. Una preparación laboriosa en la que todos arriman el hombro. Las peñas aportan las cazuelas grandes, tres, para cocinar los 80 kilos de cecina. Los mozos ayudan en las tareas más pesadas puesto que entre todos no pueden con el peso.
Este año al hacer la cocción al aire libre, están pendientes del tiempo. Amenaza lluvia y mientras esperaban el primer hervor del cocido de cecina ya estaban pensando en la colocación de pérgolas o de un toldo por si llovía. Ubicando donde hay disponible... Los problemas se mantienen pero el tesón por mantener viva la tradición del barrio de San Pedro de la Fuente y Fuentecillas puede más. En el reparto, una vez más, se darán cita las autoridades y cientos de burgaleses. Es la cita del mes de febrero en la capital.